*¡Uf, uf y recontra uf! Nada más darle al buscador de imágenes para ilustrar este post ya me traumé de nuevo.
Ok, no era así como quería comenzar hoy. En fín. Va de nuevo: en 5, 4, 3, 2…
Soy una persona sumamente impresionable. He de trabajar en superar esto y he logrado algunos pequeñsisisisimos avances.
Me encuentro practicamente en el 4° mes de embarazo de mi 3° bebé. Físicamente es toda una transformación; el bebé va haciéndose de su propio espacio, empujando y aplastando todo aquello que le “estorbe” en el camino, removiendo partes de mi cuerpo que desconocía que tenía o que al menos, había olvidado que poseía. Y en mi mente también hay un reacomodo. Entre los sueños y dudas acerca del futuro del bebé y de mi familia, surgen los traumas del pasado.
Me encuentro de nuevo con recuerdos que creí olvidados, miedos que habían sido “superados” y ofensas que daba por perdonadas.
¡Que mal, que mal que mal!
Hay escenas en mi story board que se niegan a desaparecer. Se ocultan por un tiempo y me retoman de sorpresa. (No Zary, no pienses que te estoy copiando el post, suena muy parecido, lo sé).
Siempre que quiero explicar un comportamiento me remito al pasado, en ocasiones muy pasado. Soy muy nerviosa, mi mamá lo es, mi mamá Gelo lo fué. No creo que sea herencia, más bien educación. Bueno, por ahí cuando yo vivía en la panza de mi madre, ella una jovencita con escasos 19 años, trabajaba para que su esposo estudiara, en una ciudad grande y desconocida para ella. Vivían precariamente, ocupaban un cuarto de azotea en un edificio de varios pisos. Así la cosa, ella tenía que subir muchas escaleras para ir del trabajo a su casa. Y cargar con las bolsas del mandado. Un mal día llegó al cuartito y lo encontró totalmente revuelto, habían entrado a robar. ¿A robarles qué? ¿Qué pertenencias podían tener unos jóvenes que vivían en un cuartito? ¡Diantres! Se asustó muchísimo mi mamá, salió corriendo de ahí pensando que todavía podía estar escondido el ladrón y se fue a refugiar con una señora que vivía más abajo. Tuvo algunos otros sustos y corajes más, como cuando un hombre la iba siguiendo con sospechosas intenciones y ella a punto de dar a luz apenas podía acelerar el paso. No sé, le pasaron muchas cosas cuando me esperaba.
Luego cuando nací, no bajaba, tuvo un trabajo de parto de casi 3 días, le tuvieron que administrar 3 anestesias, me sacaron con fórceps (mi mamá veía doble, creyó que eran gemelos). Lo bueno que no me pasó nada, no me pasó nada, no me pasó nada. O.o
El matrimonio de mis padres no funcionó, nació mi hermano y al poco se divorciaron. Ya lo he comentado anteriormente, fue un proceso doloroso y largo. Vivimos un tiempo con mi mamá, él ganó la patria potestad comprando a los abogados, le lavó el cerebro a mi mamá (desde que eran novios), le hizo cosas horribles (algunas de las cuales sólo mi mamá Gelo y ella conocían), por su causa mi madre enfermó de los nervios y ha tenido constantes recaídas durante todos estos años. Luego, él nos llevó a vivir a su lado. En su casa habitaban su mamá, quien recuerdo me regañaba mucho, yo tendría entre 3 y 4 años, y su hermana, a quien llamábamos mamá. Ella (la tía) nos trataba con mucho cariño. Pero de él no recuerdo nada. Ni una muestra de cariño, o que salieramos a pasear, nada. Muchos años después llegué a la conclusión que sólo quiso tenernos con él para causarle daño a mi mamá.
Víviamos en un total descuido, sucios y llenos de piojos nos encontraron una tarde mi papá A (abuelo), mi mamá O, y un abogado amigo de la familia. “Nos secuestraron” y nos sacaron en toalla (estábamos por meternos a bañar) en medio de gritos y sombrerazos de la Tía y de la abuela. Cuando llegamos a la casa de mi mamá, mi hermano lloraba y se consoló con algo que le dieron de comer, entonces lo bañaron. Yo, (me arrepiento tanto de ello) maldije -sí así con todas sus letras- a mi mamá Gelo, a mi papá A, a mi mamá O. “¡¡¡Ojalá se mueran, malditos sean, devuélvanos con mi papá y con mi mamá!!!”. No recuerdo haber llorado, posiblemente sí, lo que recuerdo muy bien era el coraje y odio que sentía hacia aquellas personas que me habían arrebatado de los brazos de quienes conocía como “mi familia”.
Me negaba a comer, no quería que me hablaran, estaba como un gato receloso y herido. Gritaba, pateaba, mordía. ¿Qué crees que hacía mi mamá? Lloraba ¿Qué crees que hacía mi mamá Gelo? Lloraba a escondidas, sonreía, me abrazaba, me ofrecía comida, me hablaba de modo dulce. Mi papá A se quedaba serio y callado viéndome nomás. Mi hermano, por ser más pequeño, fué sumamente dócil. Al día siguiente ya les decía papá y mamá, mientras que a mi mamá Gelo, le llamaba Gelo. Me causa asombro, que no podía evocar la imagen ni la presencia de mi mamá. La había olvidado, como si no la hubiera conocido. También yo tenía el cerebro lavado. Y con Pinol. Pasó el tiempo, de a poco me fuí encariñando con mi “nueva familia”.
Así las cosas estábamos ilegalmente con mis papás. Las constantes visitas de este hombre a la casa, aprovechando la ausencia de mi papá A y muchísimas amenazas de todo tipo, incluyendo que nos “robaría” y nos llevaría al extranjero, hacían que yo tuviera constantes pesadillas. Soñaba con el diablo, con vampiros, con extraterrestres, que venían y nos llevaban. Con el demonio soñaba que poseía a mis seres más queridos, inclusive ya adulta, seguía soñando que me enfrentaba a él, pero que me arrebataba a mis hijas, o a mi mamá Gelo.
Mis papás entraron en una fase de desesperación, visitaron a algunas “curanderas” que para que nos hicieran una “limpia”. Una de ellas nos llevó a mi hermano y a mí aparte y nos dijo (en un cuarto oscuro, lleno de fetiches, muñecos de aspecto diabólico y estampas de santos, incienso y velas) que nos cuidáramos mucho, que si éste hombre nos encontraba nos llevaría lejos, a una montaña y ahí nos dejaría morir, solos, lejos de mis papás.
Salíamos poco, era muy rara la ocasión en que nos llevaban a la Alameda o a algún parque, siempre teníamos el temor de que este hombre saliera detrás de algún arbusto y nos tomara “presos”. Yo no podía reír libremente si me encontraba en un sitio público, ¿qué tal si me veía? ¿si me reconocía? ¿si contrataba a alguien para hurtarnos? ¿si no volvía a ver a mis papás?
Él conocía perfectamente los domicilios de las tías, no desaprovechaba cuanta oportunidad se presentaba para asustarnos e intimidarnos, ya la navidad o el día de la madre, se presentaba a armar un escándalo, siempre acompañado de sus amigos, con palabras soeces y nosotros escondidos en algún cuarto. Nos ocultamos en muchos lugares, entre ranchos y casas de amigos de los amigos, pasábamos temporadas sin ir a la escuela, con el terror continuo de ser secuestrados al menor descuido.
Cierta tarde estábamos mi papá A y yo en el auto, esperando que mi mamá O saliera de un edificio. Él llegó y abrió la puerta de mi lado, metió el brazo para jalarme, mientras que la otra puerta era escoltada por un “amigo” de él que amagaba a mi papá A con una navaja. Mi papá decía que ya nos dejaran, yo le imploraba al amigo que no le hiciera nada a mi papá A, le gritaba a él que no quería volver, que que demonios quería de nosotros, que nos dejara en paz; le dijeron de groserías, pero gracias a Dios no le hicieron daño físicamente. Comencé a gritar pidiendo auxilio, pasaron algunas personas y no sé, algo lo hizo repentinamente cambiar de opinión, cerró de un portonazo el carro y se retiró hecho una furia. Yo tenía 9 años.
Al poco, interpuso una demanda contra mi papá A y logró retenerlo en la cárcel, con cargos falsos, toda una noche, hasta que pagaron la fianza entre mis tíos. Era la víspera de Navidad. Pasaron otras muchas cosas, lo que primero era temor se transformó en odio. Un rencor tremendo que crecía en mi corazón, hacía él, por todo lo que le había hecho a mi madre, por todo lo que nos había quitado, por tanto sufrimiento a cada miembro de mi familia.
Después me enteré que volvió a casarse y tuvo más hijos. Se fué a vivir a Estados Unidos y venía de cuando en cuando. De hecho una vez lo ví, acompañado de uno de sus hijos, en un centro comercial. Él no me vió y doy gracias a Dios.
El tiempo pasó, un día de tantos, estando en la Universidad en un curso de verano, lo ví. Estaba frente a mí, aquel hombre que decía ser mi padre (quién pocos minutos antes me confundió con mi mejor amiga, hablándole de manera cariñosa hasta que ella lo sacó de su error) y que “me estuvo buscando todos estos años” quería hablar conmigo. Famoso por su labia y su elocuente manera de envolver a la gente, acepté charlar con él, pero con la presencia de mi mejor amigo y de mi novio. Ahí me tenía, en el aula de dibujo técnico, yo entre 3 hombres. Él se sentía muy incómodo, pero no me importó. ¿Qué quería? Decirme que me quería mucho, que era lo mejor que le había pasado en la vida, que bla, bla, bla. Su boca decía algo mientras su mirada… ¡por Dios! su mirada era vacía, fría, un abismo negro sin emociones. Al final de cuentas lo único que quería era saber como podía ponerse en contacto con mi hermano. (Cuando pequeños le propuso a mi mamá O dejar de molestarla si le entregaba a cambio a mi hermano, ella podía quedarse conmigo).
Sentí muchas cosas y al final, sentí nada. Pude gritarle, cachetearlo y reclamarle todo lo que yo había cargado durante tanto tiempo, todo ese cúmulo de sensaciones se vertió en un sentimiento que no debería albergar: Lástima. Me dió lástima. Su cabello canoso, sus hombros caídos, su rostro acabado, él el hombre alto, orgulloso y hasta guapo, lucía enfermo y demacrado. No pidió perdón, no se arrepentía de nada. Sólo quería decirme un montón de mentiras sin pies ni cabeza, y hablar con mi hermano. Todavía tuvo la delicadeza de burlarse del nombre de mi entonces novio y de querer hacerme caer en su telaraña mental. No, gracias, paso.
Muchos años más tarde, ya adultos y casados, vino mi hermano a charlar conmigo. Me comentó que acababa de conocer a un joven de su misma edad y muy parecido a él. Se trataba de un medio hermano, que nació el mismo año que mi hermano. Su madre nunca se casó con éste hombre, y al parecer, se enteró de nuestra existencia tiempo después del divorcio. Es decir, no sé como lo hizo, llevaba una relación con ella (en otra ciudad) al mismo tiempo que estaba casado con mi madre (en la capital). El muchacho en cuestión quería acercarse a nosotros y hacernos preguntas, que tenía muchas dudas, porque su mamá no quiso revelarle quien era su padre. Mi hermano sí platicó con él, yo no quise saber más del asunto. Sinceramente no le veía, ni le veo, el caso de armar algo en donde no hay nada. Las respuestas las debería dar él, no nosotros.
Mi mamá Gelo le advirtió a mi mamá O la clase de hombre que era y la familia a la que pertenecía, pues los conocía desde que él era un niño. ¡No te cases! le suplicaba. Ella enamorada y con los ojos bien cerrados, hizo caso omiso a sus advertencias. Pasó lo que pasó, y mi mamá O se queja de que mi mamá Gelo nunca le perdonó el haberse casado y regresado a la casa así. Decía que lo mismo le habían advertido a ella, quien también sufrió de las que le hizo mi papá A (guardadas sus debidas proporciones) y jamás volvió a casa de sus padres (aunque ellos le imploraban lo hiciera). Cierto o no, siempre hubo nudos que nunca se deshicieron entre ellas dos. Y yo en medio, tratando de reconciliarlas.
Mi mamá O es la menor de 3 hermanos, la única mujer de la familia. Era la consentida, la pequeña de papá. En cuanto la cosa se puso difícil, mi papá A le dijo: Véngase pa su casa, ¿Qué está sufriendo al lado de ese hombre?. Mi mamá O tenía que salir a trabajar para mantenernos, pues el sueldo de mi papá A era insuficiente para alimentar 5 bocas donde sólo debía haber 2. Por tanto, nosotros pasábamos el tiempo al cuidado de mi mamá Gelo. Entonces mi mamá pasó de ser la nena de la casa a la proveedora del hogar. Luego siguió trabajando, pero algo le faltaba. No vivió esa etapa de transición de adolescente a jovencita. Eso es lo que yo deduzco, pues aunque era responsable de nosotros y cumplía en su trabajo, siempre se portó como la hermana mayor. O la hermana menor. Porque la mayor era yo ¿Me explico? Su comportamiento era el de una adolescente y a veces el de una niña. Jugaba con mi hermano y lo acusaba conmigo: “mira, me está haciendo esto”. No sé, la cosa estaba medio revuelta. Era raro que mi mamá O se metiera en la cocina o que lavara la ropa de nosotros. Eso era trabajo de mi mamá Gelo. En cuánto yo pude comencé a ayudar, en la medida de mis posibilidades. Acercaba una sillita a la estufa y le pedía a mi mamá Gelo me enseñase a preparar un huevo frito. Ya mayorcita lavaba mi ropa interior, los trastes de la comida, limpiaba la casa los fines de semana, también lavaba la ropa de toda la familia.
Crecí viendo a mi mamá Gelo como mi madre y a mi mamá O como mi hermana. Cuando quería tratarla como mi mamá, ella (tal vez inconscientemente) lo impedía. Era muy joven, estaba muy afectada psicológicamente por éste hombre. Quería rehacer su vida, tuvo tres propuestas de matrimonio, no las aceptó por nosotros. Una vez me puse muy celosa de uno de sus novios y lo corrí a escobazos. Quería romperle la cabeza. Yo tenía 6 años. Cuando era adolescente me salió lo comprensivo y le dije a mi mamá que se casara, que comenzara de nuevo. Mi hermano estuvo de acuerdo, más al final no se concretó.
Tendría yo cosa de 11 años, escribía en mi diario. Había un chico en la escuela que me gustaba mucho y yo a él. Mi mamá encontró el diario. Lo leyó de pe a pa. Lo volvió a colocar en su lugar. Cuando llegué de la escuela, a pesar de que todo estaba en orden, yo sentí que alguien había profanado mi intimidad. Por la tarde mi mamá O me bombardeó con preguntas ¿Quién es fulanito? ¿Quién es perenganita? ¿Ya tienes novio y no me has dicho nada? ¿Qué va a pasar tal día? Yo sentí como si me hubiera desnudado en un acto cívico a mitad del patio escolar. Quería ser mi amiga, se portaba como mi hermana menor, pero era mi mamá.
Debido a una mala decisión, mi madre se fue atrabajar a Estados Unidos de manera ilegal. Sufrimos mucho con su partida, temíamos por su seguridad. Allá estuvo por espacio de 2 años, volvió, se regresó y de nuevo volvió para quedarse. Nos mandaba dinero, pero nosotros lo que queríamos era su presencia. Justo se le ocurrió irse cuando recién cumplí los 15. Cuando regresó, quería recuperar el tiempo perdido. Yo la quería mucho, pero la sentía una extraña, porque hasta el modo de hablar y sus gustos habían cambiado. Precisamente en la época que considero más difícil: La adolescencia. ¿Cómo confiar en alguien que parecía ser otra persona?
De repente mi mamá O expresaba fervientemente sus celos hacia mi mamá Gelo. “Es que a ella le cuentas todo” “Nada más ustedes se entienden” “A mí nunca me dicen nada”. Bueno, ella me escuchaba sin interrumpir, me aconsejaba sin criticar, se reía de mis malos chistes, nunca me esculcaba los cajones, respetaba mis decisiones y mi modo de pensar. Por otra parte, mi mamá O siempre mostró predilección por mi hermano. A mí me regañaba por cosas que a él le celebraba. Hacían planes entre ellos y secreteaban. La cosa estaba pareja, creo yo.
Mi suegra. Es una persona muy mayor, 2 años más grande que mi mamá Gelo. Ella no quería que su hijo se casara conmigo. Prefería una chica de sociedad, elegante y de dinero para el futuro de su muchachito. Él, el benjamín de la casa, apuesto, atlético, inteligente, noble, responsable, trabajador… tan no deseaba este matrimonio que cuando le comunicó que me pediría en matrimonio ella le contestó: “hazle como quieras, no cuentes conmigo”. Así lo hicimos, como pudimos y como quisimos. Sobra decir que ella no se presentó a la Misa ni al Civil. A mi esposo lo entregó su hermana, a quien tampoco le agradaba yo, pero que frente a mí portaba tremenda sonrisa.
Mi suegra se enfadaba si mi esposo le mandaba menos dinero mensualmente, estando recién casado había muchos gastos que solventar. Le molestaba que saliéramos de vacaciones, o que le llamara a diario para ver como estaba. Cuando me embaracé, ella quería un niño y no tardó en mostrar su decepción al ver que era una niña. Se mofa cuando escucha que nos decimos “mi amor”.
Cuando tuve la oportunidad regresé a estudiar, para actualizarme después de tantos años de haber egresado. Me levantaba a las 5 am, salía de la casa a las 6 am, las clases eran de 7 am a 11 am. Volvía al hogar a las 11:30 a.m. más o menos, a seguirle con las tareas e investigaciones, luego a hacer la comida, por la tarde atender el negocio, a las niñas y a hacer los trabajos de la escuela. Dormía a partir de la 12 am o 1 am. Al día siguiente lo mismo. A ella no le gustaba para nada todo esto. Decía que para que me había metido a estudiar, de que me iba a servir, pura pérdida de tiempo y de dinero. La mujer debe estar en casa, el hombre es quien sale a ganar dinero. ¿Porqué lo dice? ¡No entiendo! Ella se salió de su casa muy jovencita a trabajar y salir adelante, mi cuñada actualmente trabaja y es quien mantiene el hogar ¿Entonces?
Conseguí un trabajo eventual y debía estar fuera de casa casi todo el día, caminando bajo el sol. Regresaba por la tarde, a bañar mi beba, dar de cenar y morir el resto de la noche. Mi suegra le dijo a mi esposo, que yo lo estaba haciendo pend…, que ganando dinero me iba a ir de la casa y que le iba a dejar a mis 2 niñas por irme con otro hombre. ¿Qué importancia tenía este comentario? Que lo dijo frente a mi hija mayor. Sentí mucho coraje, mucha rabia e impotencia. No puedo ponerme a discutir con ella, es mi suegra, es muy mayor, está enferma. Esto pasó hace 2 años, y es ahora que rebota en mi pensamiento. Es muy buena persona, hace mucho por nosotros, pero tiene esos DETALLES que… ¡ARGH!
No estoy centrada en estas memorias, simplemente salieron a flote de repente, como una avalancha que sin querer me aplasta. No estoy llorando, ni me siento mal, tengo la imperiosa necesidad de sacarlo nada más. Hay otros traumas infantiles y adolescentes escondidos debajo de un montón de buenos recuerdos, que si le seguimos escarbando, no termino. Es curioso, porque todo esto no tiene nada que ver con que esté embarazada. ¿O sí?
P.D. No siento rencor hacia ninguna de las personas que aquí mencioné. Sólo busco desahogarme.
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