Personal

Ana y la Danza

La conocí hace muchos años. Ella era maestra de Danza Moderna en la Casa de la Cultura, a donde yo asistía a practicar aerobics. Me F-A-S-C-I-N-A-B-A ver sus presentaciones y muestras de fin de cursos. Quería pertenecer a su grupo, pero siempre me creí incapaz de seguirle los pasos (literalmente). Un buen día me decidí a tomar una clase, entre otras cosas porque ya no aguantaba más la necesidad de bailar. Ya no quise seguir brincando, quería bailar como ella. O al menos como sus alumnos.

Yo bailaba, claro, en mi casa. Veía Fiebre del 2 con Fito Girón. No me perdía Calenturita con Juan Ángel Vázquez en la TV local. Soñaba con salir en el show de VitaUva. Antes de esto, nunca había tomado clases de Danza. Siempre quise pisar el escenario de un teatro. Saber como se sentiría el aplauso, las luces y ver las butacas ocupadas.

Entré a principiantes en el curso regular, seguí con intermedios para el verano y el año siguiente ya estaba en avanzados. Dentro de este nivel había compañeros realmente muy aplicados, yo deseaba algún día llegar a bailar como ellos.

Ese tiempo me sirvió para conocerla mejor. Siempre fue muy responsable, era raro que faltara, llegaba temprano y daba clases toda la tarde. Ella además estaba finalizando sus estudios de Licenciatura en Derecho y sinceramente, mi admiración por su persona crecía cada día más. Por otra parte, ella continuaba preparándose en Danza Clásica y Moderna, seguía tomando cursos. En esos cursos lo conoció, se hicieron amigos y luego fueron novios.

En cierta ocasión nos encargó que montaramos unos 3 minutos o menos de cualquier canción. Algunos hicimos la tarea, otros no. Y se notó. Ella se decepcionó, lo noté en su mirada. Nos dijo que siempre teníamos que buscar ser los mejores, en todos los aspectos de nuestra vida, hacer las cosas bien, se tratara de estudios, trabajo o diversión. Debíamos ser responsables, hacerlo con pasión. Y nos daba la muestra con su ejemplo.

Por este tiempo hubo un concurso estatal de Jazz, al cual por supuesto nos inscribimos.  Horas y horas de ensayo rindieron fruto: ganamos el segundo lugar con sabor a primero. Debido a esto pasábamos muchísimo tiempo juntas, tanto en la Casa de la Cultura, como en su casa, cuyo patio fue testigo de muchos resbalones y litros de sudor, carcajadas y toda una fiesta que armábamos los integrantes del grupo cada que ensayábamos. También en esa temporada, conocí al que ahora es mi esposo. De hecho se enamoró después de verme bailar en una presentación.

-Sonrían- nos decía, -El público no sabe la coreografía, si ustedes se equivocan no pongan cara de “la regué“, sonrían y sigan bailando. A mí me daba miedo presentarme ante tanta gente: -Escoge un punto en el vacío y ahí mira mientras dura la canción. Imagina que estás bailando sola. Funcionó. 🙂

Llegó la graduación de su carrera y… ¡nos invitó! ¡A nosotros sus alumnos de danza! Nos hizo el gran honor de compartir sus logros. Recuerdo que esa noche bailamos como locos, me sentía tan feliz que pareciera que era yo quien se graduaba.

Al año siguiente mi maestra de danza y los chicos ganaron el primer lugar en dicho concurso. Yo participé como público, y aún así, siento mío ese triunfo. Y lo presumo. 🙂

Pasaron los años, ellos se casaron, nos convidaron a su boda. Una vez fui a visitarla a su trabajo, me confió que estaba esperando bebé. Fuí de las primeras personas en enterarme de aquello y de nuevo compartimos alegrías y temores. Asistí a su baby shower y también llevé a mi mamá y a mi mamá Gelo. Aún me acuerdo como nos reímos esa tarde.

Cuando nos invitaron al bautizo de su bebé nosotros los invitamos a nuestra boda. Había un día de diferencia, ya no tuvimos oportunidad de estar presentes, debido a que nos encontrábamos en la mini-luna de miel.

Nos avisó cuando su padre falleció, lamentablemente no pudimos asistir a su funeral. Me sentí culpable, de no haber estado a su lado en ese momento tan difícil. Elevé mis oraciones al cielo y le pedí perdón por mi falta.

Viviendo yo en otra ciudad, era una de esas amistades a las que les escribía constantemente por correo electrónico. Me decía que le gustaban mis cartas porque parecía que estaba platicando conmigo y le describía muy vívidamente los lugares que íbamos conociendo. Una de esas cartas la incluyó en un periódico que ella publicaba, haciéndome sentir realmente muy importante, ahora no sólo ella me leía sino el resto de las personas que tomaban el boletín en sus manos.

Dios les bendijo además con una pequeña, con trabajo y con una familia hermosa y unida que han formado a base de mucho amor y sacrificio. Ella aún siguió estudiando maestría, atendiendo su casa y dando clases, ya no de danza, pero sigue siendo maestra.

Los cumpleaños de nuestros hijos nos dan motivo para reencontrarnos un par de veces por año. Ellos se conocen y se llevan bien. Juegan bastante, ríen, corren y en ocasiones… bailan.

Ellos cumplieron XV años de matrimonio y nos hicieron partícipes de su dicha. Nos presentamos a la misa de acción de Gracias por tal motivo y yo,  interiormente, reviví aquella ceremonia donde ellos intercambiaron votos y sortijas.

De ahí nos trasladamos a una quinta donde hubo taquiza y albercada, sólo su familia más cercana y unos pocos amigos, entre los que afortunadamente nos contamos nosotros. Mis hijas disfrutaron mucho el jugar en el agua, mi mamá bailó y de haber estado físicamente mi Mamá Gelo, sé que se habría divertido mucho. Mi esposo y yo bailamos como si no hubiera mañana, rememorando como nos conocimos y como nos enamoramos. La fiesta era de ellos, la alegría de todos. Como en los viejos tiempos, danzamos toda la tarde. Hace tanto tiempo que no me reía así. Hace tanto tiempo que no bailaba así.

P.D. Gracias a Ana, cumplí mi sueño: bailé en el teatro, al lado de mi maestra, al lado de mi amiga.

8 comentarios sobre “Ana y la Danza

  1. Creo que cualquier persona se sentiría dichosa de ser llamada amiga por alguien como tu, las personas que tenemos el gusto de compartir contigo sabemos eso, imagina si eso se siente compartiendo letras lo que se ha de sentir conviviendo en el día a día en persona y compartiendo palabras, bailes y más. Felicidades por esas amistades hermosas que han forjado y que son parte importante de tu vida. Besos.

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