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Amigo Secreto

RegaloAntes de asistir al colegio nunca había celebrado el día de San Valentín, mucho menos el “amigo secreto”. Para mí fue mucha novedad ver como la maestra Matilde había decorado, con mucho cuidado, una gran caja donde los compañeros depositaron sus cartitas. Lo peor, es que no recuerdo haber escrito alguna carta, si lo hice sería una a lo sumo. Yo recibí tres misivas (que aún conservo) y el consabido regalo del amigo secreto.

Ya agarrándole la movida sí me gustó eso de las cartitas. Recuerdo que en tercer grado de secundaria, entre la revolución hormonal y el despedirnos “para siempre”, recibí muchas notitas y le escribí a casi todo el salón. De hecho, el último día de clases le dí una carta a cada compañero de mi grupo. Tenía tiempo… mucho tiempo.

El amigo secreto era para mí algo así como una misión especial, había que enviar dulcitos y chacharitas como calcomanías, lápices de colores, dibujos, étc. sin que el amigo(a) en cuestión se enterara quién los enviaba, esto durante la semana previa al festejo. Pero ¿qué tal si el susodicho te caía gordo? ¡Pffff! A sudar la gota ídem para no regarla 😦

Bueno, a lo que iba, era que después de ese tiempo, me hacía mucha ilusión recibir cartitas cariñosas y notitas de afecto, lo malo es que luego se da cuenta uno, que mucho es por compromiso, otro por obligación y  unos más pos nomás, nomáaaaaaaaas *se encoge de hombros*.

Y no, no siempre son los mejores amigos quienes escriben, porque en la vida adulta, a mis amigos les llamo una o dos veces en un año, tengo amigos a los que veo cada cinco años y otros tantos a los que no volveré a ver. Con esto del internet, ahora tengo amistades a las que nunca veré en persona, sin embargo, varios de ellos me conocen mucho mejor que otra gente con la que he convivido por años.

Había olvidado ya lo que era ese alboroto, hasta el día de ayer, en que Mija estaba tristona porque pensaba que no recibiría una sola postal de amistad en su buzón. Sin ponernos de acuerdo, tanto miEspo, como MiBeba y yo, depositamos ellos, una carta cada quien, una paleta de chocolate yo, en aquella caja de cartón forrada con lustrina azul, cinta plateada y chispas de emoción.

Hoy regresó tan contenta de la escuela, porque le regalaron nueve cartitas en total. En sus ojillos pispiretos una luz brillaba. 🙂

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De Traumas y Otros Horrores

*¡Uf, uf y recontra uf! Nada más darle al buscador de imágenes para ilustrar este post ya me traumé de nuevo. 😦

Ok, no era así como quería comenzar hoy. En fín. Va de nuevo: en 5, 4, 3, 2…

Soy una persona sumamente impresionable. He de trabajar en superar esto y he logrado algunos pequeñsisisisimos avances.

Me encuentro practicamente en el 4° mes de embarazo de mi 3° bebé. Físicamente es toda una transformación; el bebé va haciéndose de su propio espacio, empujando y aplastando todo aquello que le “estorbe” en el camino, removiendo partes de mi cuerpo que desconocía que tenía o que al menos, había olvidado que poseía. Y en mi mente también hay un reacomodo. Entre los sueños y dudas acerca del futuro del bebé y de mi familia, surgen los traumas del pasado.

Me encuentro de nuevo  con recuerdos que creí olvidados, miedos que habían sido “superados” y ofensas que daba por perdonadas. 😦 ¡Que mal, que mal que mal!

Hay escenas en mi story board que se niegan a desaparecer. Se ocultan por un tiempo y me retoman de sorpresa. (No Zary, no pienses que te estoy copiando el post, suena muy parecido, lo sé).

Siempre que quiero explicar un comportamiento me remito al pasado, en ocasiones muy pasado. Soy muy nerviosa, mi mamá lo es, mi mamá Gelo lo fué. No creo que sea herencia, más bien educación. Bueno, por ahí cuando yo vivía en la panza de mi madre, ella una jovencita con escasos 19 años, trabajaba para que su esposo estudiara, en una ciudad grande y desconocida para ella. Vivían precariamente, ocupaban un cuarto de azotea en un edificio de varios pisos. Así la cosa, ella tenía que subir muchas escaleras para ir del trabajo a su casa.   Y cargar con las bolsas del mandado. Un mal día llegó al cuartito y lo encontró totalmente revuelto, habían entrado a robar. ¿A robarles qué? ¿Qué pertenencias podían tener unos jóvenes que vivían en un cuartito? ¡Diantres! Se asustó muchísimo mi mamá, salió corriendo de ahí pensando que todavía podía estar escondido el ladrón y se fue a refugiar con una señora que vivía más abajo. Tuvo algunos otros sustos y corajes más, como cuando un hombre la iba siguiendo con sospechosas intenciones y ella a punto de dar a luz apenas podía acelerar el paso. No sé, le pasaron muchas cosas cuando me esperaba.

Luego cuando nací, no bajaba, tuvo un trabajo de parto de casi 3 días, le tuvieron que administrar 3 anestesias, me sacaron con fórceps (mi mamá veía doble, creyó que eran gemelos). Lo bueno que no me pasó nada, no me pasó nada, no me pasó nada.  O.o

El matrimonio de mis padres no funcionó, nació mi hermano y al poco se divorciaron. Ya lo he comentado anteriormente, fue un proceso doloroso y largo. Vivimos un tiempo con mi mamá, él ganó la patria potestad comprando a los abogados, le lavó el cerebro a mi mamá (desde que eran novios), le hizo cosas horribles (algunas de las cuales sólo mi mamá Gelo y ella conocían), por su causa mi madre enfermó de los nervios y ha tenido constantes recaídas durante todos estos años. Luego, él nos llevó a vivir a su lado. En su casa habitaban su mamá, quien recuerdo me regañaba mucho, yo tendría entre 3 y 4 años, y su hermana, a quien llamábamos mamá. Ella (la tía) nos trataba con mucho cariño. Pero de él no recuerdo nada. Ni una muestra de cariño, o que salieramos a pasear, nada. Muchos años después llegué a la conclusión que sólo quiso tenernos con él para causarle daño a mi mamá.

Víviamos en un total descuido, sucios y llenos de piojos nos encontraron una tarde mi papá A (abuelo), mi mamá O, y un abogado amigo de la familia. “Nos secuestraron” y nos sacaron en toalla (estábamos por meternos a bañar) en medio de gritos y sombrerazos de la Tía y de la abuela. Cuando llegamos a la casa de mi mamá, mi hermano lloraba y se consoló con algo que le dieron de comer, entonces lo bañaron. Yo, (me arrepiento tanto de ello) maldije -sí así con todas sus letras- a mi mamá Gelo, a mi papá A, a mi mamá O. “¡¡¡Ojalá se mueran, malditos sean, devuélvanos con mi papá y con mi mamá!!!”. No recuerdo haber llorado, posiblemente sí, lo que recuerdo muy bien era el coraje y odio que sentía hacia aquellas personas que me habían arrebatado de los brazos de quienes conocía como “mi familia”.

Me negaba a comer, no quería que me hablaran, estaba como un gato receloso y herido. Gritaba, pateaba, mordía. ¿Qué crees que hacía mi mamá? Lloraba ¿Qué crees que hacía mi mamá Gelo? Lloraba a escondidas, sonreía, me abrazaba, me ofrecía comida, me hablaba de modo dulce. Mi papá A se quedaba serio y callado viéndome nomás. Mi hermano, por ser más pequeño, fué sumamente dócil. Al día siguiente ya les decía papá y mamá, mientras que a mi mamá Gelo, le llamaba Gelo. Me causa asombro, que no podía evocar la imagen ni la presencia de mi mamá. La había olvidado, como si no la hubiera conocido. También yo tenía el cerebro lavado. Y con Pinol. Pasó el tiempo, de a poco me fuí encariñando con mi “nueva familia”.

Así las cosas estábamos ilegalmente con mis papás. Las constantes visitas de este hombre a la casa, aprovechando la ausencia de mi papá A y muchísimas amenazas de todo tipo, incluyendo que nos “robaría” y nos llevaría al extranjero, hacían que yo tuviera constantes pesadillas. Soñaba con el diablo, con vampiros, con extraterrestres, que venían y nos llevaban. Con el demonio soñaba que poseía a mis seres más queridos, inclusive ya adulta, seguía soñando que me enfrentaba a él, pero que me arrebataba a mis hijas, o a mi mamá Gelo.

Mis papás entraron en una fase de desesperación, visitaron a algunas “curanderas” que para que nos hicieran una “limpia”. Una de ellas nos llevó a mi hermano y a mí aparte y nos dijo (en un cuarto oscuro, lleno de fetiches, muñecos de aspecto diabólico y estampas de santos, incienso y velas) que nos cuidáramos mucho, que si éste hombre nos encontraba nos llevaría lejos, a una montaña y ahí nos dejaría morir, solos, lejos de mis papás.

Salíamos poco, era muy rara la ocasión en que nos llevaban a la Alameda o a algún parque, siempre teníamos el temor de que este hombre saliera detrás de algún arbusto y nos tomara “presos”. Yo no podía reír libremente si me encontraba en un sitio público, ¿qué tal si me veía? ¿si me reconocía? ¿si contrataba a alguien para hurtarnos? ¿si no volvía a ver a mis papás?

Él conocía perfectamente los domicilios de las tías, no desaprovechaba cuanta oportunidad se presentaba para asustarnos e intimidarnos, ya la navidad o el día de la madre, se presentaba a armar un escándalo, siempre acompañado de sus amigos, con palabras soeces y nosotros escondidos en algún cuarto. Nos ocultamos en muchos lugares, entre ranchos y casas de amigos de los amigos, pasábamos temporadas sin ir a la escuela, con el terror continuo de ser secuestrados al menor descuido.

Cierta tarde estábamos mi papá A y yo en el auto, esperando que mi mamá O saliera de un edificio. Él llegó y abrió la puerta de mi lado, metió el brazo para jalarme, mientras que la otra puerta era escoltada por un “amigo” de él que amagaba a mi papá A con una navaja. Mi papá decía que ya nos dejaran, yo le imploraba al amigo que no le hiciera nada a mi papá A, le gritaba a él que no quería volver, que que demonios quería de nosotros, que nos dejara en paz; le dijeron de groserías, pero gracias a Dios no le hicieron daño físicamente. Comencé a gritar pidiendo auxilio, pasaron algunas personas y no sé, algo lo hizo repentinamente cambiar de opinión, cerró de un portonazo el carro y se retiró hecho una furia. Yo tenía 9 años.

Al poco, interpuso una demanda contra mi papá A y logró retenerlo en la cárcel, con cargos falsos, toda una noche, hasta que pagaron la fianza entre mis tíos. Era la víspera de Navidad. Pasaron otras muchas cosas, lo que primero era temor se transformó en odio. Un rencor tremendo que crecía en mi corazón, hacía él, por todo lo que le  había hecho a mi madre, por todo lo que nos había quitado, por tanto sufrimiento a cada miembro de mi familia.

Después me enteré que volvió a casarse y tuvo más hijos. Se fué a vivir a Estados Unidos y venía de cuando en cuando. De hecho una vez lo ví, acompañado de uno de sus hijos, en un centro comercial. Él no me vió y doy gracias a Dios. 😦

El tiempo pasó, un día de tantos, estando en la Universidad en un curso de verano, lo ví. Estaba frente a mí, aquel hombre que decía ser mi padre (quién pocos minutos antes me confundió con mi mejor amiga, hablándole de manera cariñosa hasta que ella lo sacó de su error) y que “me estuvo buscando todos estos años” quería hablar conmigo. Famoso por su labia y su elocuente manera de envolver a la gente, acepté charlar con él, pero con la presencia de mi mejor amigo y de mi novio. Ahí me tenía, en el aula de dibujo técnico, yo entre 3 hombres. Él se sentía muy incómodo, pero no me importó. ¿Qué quería? Decirme que me quería mucho, que era lo mejor que le había pasado en la vida, que bla, bla, bla. Su boca decía algo mientras su mirada… ¡por Dios! su mirada era vacía, fría, un abismo negro sin emociones. Al final de cuentas lo único que quería era saber como podía ponerse en contacto con mi hermano. (Cuando pequeños le propuso a mi mamá O dejar de molestarla si le entregaba a cambio a mi hermano, ella podía quedarse conmigo).

Sentí muchas cosas y al final, sentí nada. Pude gritarle, cachetearlo y reclamarle todo lo que yo había cargado durante tanto tiempo, todo ese cúmulo de sensaciones se vertió en un sentimiento que no debería albergar: Lástima. Me dió lástima. Su cabello canoso, sus hombros caídos, su rostro acabado, él el hombre alto, orgulloso y hasta guapo, lucía enfermo y demacrado. No pidió perdón, no se arrepentía de nada. Sólo quería decirme un montón de mentiras sin pies ni cabeza, y hablar con mi hermano. Todavía tuvo la delicadeza de burlarse del nombre de mi entonces novio y de querer hacerme caer en su telaraña mental. No, gracias, paso.

Muchos años más tarde, ya adultos y casados, vino mi hermano a charlar conmigo. Me comentó que acababa de conocer a un joven de su misma edad y muy parecido a él. Se trataba de un medio hermano, que nació el mismo año que mi hermano. Su madre nunca se casó con éste hombre, y al parecer, se enteró de nuestra existencia tiempo después del divorcio. Es decir, no sé como lo hizo, llevaba una relación con ella (en otra ciudad) al mismo tiempo que estaba casado con mi madre (en la capital). El muchacho en cuestión quería acercarse a nosotros y hacernos preguntas, que tenía muchas dudas, porque su mamá no quiso revelarle quien era su padre. Mi hermano sí platicó con él, yo no quise saber más del asunto. Sinceramente no le veía, ni le veo, el caso de armar algo en donde no hay nada. Las respuestas las debería dar él, no nosotros.

Mi mamá Gelo le advirtió a mi mamá O la clase de hombre que era y la familia a la que pertenecía, pues los conocía desde que él era un niño. ¡No te cases! le suplicaba. Ella enamorada y con los ojos bien cerrados, hizo caso omiso a sus advertencias. Pasó lo que pasó, y mi mamá O se queja de que mi mamá Gelo nunca le perdonó el haberse casado y regresado a la casa así. Decía que lo mismo le habían advertido a ella, quien también sufrió de las que le hizo mi papá A (guardadas sus debidas proporciones) y jamás volvió a casa de sus padres (aunque ellos le imploraban lo hiciera). Cierto o no, siempre hubo nudos que nunca se deshicieron entre ellas dos. Y yo en medio, tratando de reconciliarlas.

Mi mamá O es la menor de 3 hermanos, la única mujer de la familia. Era la consentida, la pequeña de papá. En cuanto la cosa se puso difícil, mi papá A le dijo: Véngase pa su casa, ¿Qué está sufriendo al lado de ese hombre?. Mi mamá O tenía que salir a trabajar para mantenernos, pues el sueldo de mi papá A era insuficiente para alimentar 5 bocas donde sólo debía haber 2. Por tanto, nosotros pasábamos el tiempo al cuidado de mi mamá Gelo. Entonces mi mamá pasó de ser la nena de la casa a la proveedora del hogar. Luego siguió trabajando, pero algo le faltaba. No vivió esa etapa de transición de adolescente a jovencita. Eso es lo que yo deduzco, pues aunque era responsable de nosotros y cumplía en su trabajo, siempre se portó como la hermana mayor. O la hermana menor. Porque la mayor era yo ¿Me explico? Su comportamiento era el de una adolescente y a veces el de una niña. Jugaba con mi hermano y lo acusaba conmigo: “mira, me está haciendo esto”. No sé, la cosa estaba medio revuelta. Era raro que mi mamá O se metiera en la cocina o que lavara la ropa de nosotros. Eso era trabajo de mi mamá Gelo. En cuánto yo pude comencé a ayudar, en la medida de mis posibilidades. Acercaba una sillita a la estufa y le pedía a mi mamá Gelo me enseñase a preparar un huevo frito. Ya mayorcita lavaba mi ropa interior, los trastes de la comida, limpiaba la casa los fines de semana, también lavaba la ropa de toda la familia.

Crecí viendo a mi mamá Gelo como mi madre y a mi mamá O como mi hermana. Cuando quería tratarla como mi mamá, ella (tal vez inconscientemente) lo impedía. Era muy joven, estaba muy afectada psicológicamente por éste hombre. Quería rehacer su vida, tuvo tres propuestas de matrimonio, no las aceptó por nosotros. Una vez me puse muy celosa de uno de sus novios y lo corrí a escobazos. Quería romperle la cabeza. Yo tenía 6 años. Cuando era adolescente me salió lo comprensivo y le dije a mi mamá que se casara, que comenzara de nuevo. Mi hermano estuvo de acuerdo, más al final no se concretó.

Tendría yo cosa de 11 años, escribía en mi diario. Había un chico en la escuela que me gustaba mucho y yo a él. Mi mamá encontró el diario. Lo leyó de pe a pa. Lo volvió a colocar en su lugar. Cuando llegué de la escuela, a pesar de que todo estaba en orden, yo sentí que alguien había profanado mi intimidad. Por la tarde mi mamá O me bombardeó con preguntas ¿Quién es fulanito? ¿Quién es perenganita? ¿Ya tienes novio y no me has dicho nada? ¿Qué va a pasar tal día? Yo sentí como si me hubiera desnudado en un acto cívico a mitad del patio escolar. Quería ser mi amiga, se portaba como mi hermana menor, pero era mi mamá.

Debido a una mala decisión, mi madre se fue atrabajar a Estados Unidos de manera ilegal. Sufrimos mucho con su partida, temíamos por su seguridad. Allá estuvo por espacio de 2 años, volvió, se regresó y de nuevo volvió para quedarse. Nos mandaba dinero, pero nosotros lo que queríamos era su presencia. Justo se le ocurrió irse cuando recién cumplí los 15. Cuando regresó, quería recuperar el tiempo perdido. Yo la quería mucho, pero la sentía una extraña, porque hasta el modo de hablar y sus gustos habían cambiado. Precisamente en la época que considero más difícil: La adolescencia. ¿Cómo confiar en alguien que parecía ser otra persona?

De repente mi mamá O expresaba fervientemente sus celos hacia mi mamá Gelo. “Es que a ella le cuentas todo” “Nada más ustedes se entienden” “A mí nunca me dicen nada”. Bueno, ella me escuchaba sin interrumpir, me aconsejaba sin criticar, se reía de mis malos chistes, nunca me esculcaba los cajones, respetaba mis decisiones y mi modo de pensar. Por otra parte, mi mamá O siempre mostró predilección por mi hermano. A mí me regañaba por cosas que a él le celebraba. Hacían planes entre ellos y secreteaban. La cosa estaba pareja, creo yo. 😦

Mi suegra. Es una persona muy mayor, 2 años más grande que mi mamá Gelo. Ella no quería que su hijo se casara conmigo. Prefería una chica de sociedad, elegante y de dinero para el futuro de su muchachito. Él, el benjamín de la casa, apuesto, atlético, inteligente, noble, responsable, trabajador… tan no deseaba este matrimonio que cuando le comunicó que me pediría en matrimonio ella le contestó: “hazle como quieras, no cuentes conmigo”. Así lo hicimos, como pudimos y como quisimos. Sobra decir que ella no se presentó a la Misa ni al Civil. A mi esposo lo entregó su hermana, a quien tampoco le agradaba yo, pero que frente a mí portaba tremenda sonrisa.

Mi suegra se enfadaba si mi esposo le mandaba menos dinero mensualmente, estando recién casado había muchos gastos que solventar. Le molestaba que saliéramos de vacaciones, o que le llamara a diario para ver como estaba. Cuando me embaracé, ella quería un niño y no tardó en mostrar su decepción al ver que era una niña. Se mofa cuando escucha que nos decimos “mi amor”.

Cuando tuve la oportunidad regresé a estudiar, para actualizarme después de tantos años de haber egresado. Me levantaba a las 5 am, salía de la casa a las 6 am, las clases eran de 7 am a 11 am. Volvía al hogar a las 11:30 a.m. más o menos, a seguirle con las tareas e investigaciones, luego a hacer la comida, por la tarde atender el negocio, a las niñas y a hacer los trabajos de la escuela. Dormía a partir de la 12 am o 1 am. Al día siguiente lo mismo.  A ella no le gustaba para nada todo esto. Decía que para que me había metido a estudiar, de que me iba a servir, pura pérdida de tiempo y de dinero. La mujer debe estar en casa, el hombre es quien sale a ganar dinero. ¿Porqué lo dice? ¡No entiendo! Ella se salió de su casa muy jovencita a trabajar y salir adelante, mi cuñada actualmente trabaja y es quien mantiene el hogar ¿Entonces?

Conseguí un trabajo eventual y debía estar fuera de casa casi todo el día, caminando bajo el sol. Regresaba por la tarde, a bañar mi beba, dar de cenar y morir el resto de la noche. Mi suegra le dijo a mi esposo, que yo lo estaba haciendo pend…, que ganando dinero me iba a ir de la casa y que le iba a dejar a mis 2 niñas por irme con otro hombre. ¿Qué importancia tenía este comentario? Que lo dijo frente a mi hija mayor. Sentí mucho coraje, mucha rabia e impotencia. No puedo ponerme a discutir con ella, es mi suegra, es muy mayor, está enferma. Esto pasó hace 2 años, y es ahora que rebota en mi pensamiento. Es muy buena persona, hace mucho por nosotros, pero tiene esos DETALLES que… ¡ARGH!

No estoy centrada en estas memorias, simplemente salieron a flote de repente, como una avalancha que sin querer me aplasta. No estoy llorando, ni me siento mal, tengo la imperiosa necesidad de sacarlo nada más. Hay otros traumas infantiles y adolescentes escondidos debajo de un montón de buenos recuerdos, que si le seguimos escarbando, no termino. Es curioso, porque todo esto no tiene nada que ver con que esté embarazada. ¿O sí?

P.D. No siento rencor hacia ninguna de las personas que aquí mencioné. Sólo busco desahogarme.

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Premio Todas Hacemos Historia

«Todas las madres hacemos historia. Sin quererlo y, tal vez, sin saberlo de manera consciente, nosotras construimos sociedad. Nosotras tenemos en nuestras manos el poder de cambiar el mundo, a través de nuestros hijos. La manera en que los criamos y amamos es muy poderosa. Cuando criamos no solo moldeamos a los hombres y mujeres del futuro, sino también la clase de mundo que ellos vivirán y disfrutaran. Por eso, ser madre es una gran responsabilidad.»

Así comienza su entrada mi estimadísima Zary de la mamá de Sara. Me ha parecido tan precisa y preciosa, que me tomé la libertad de copiarla tal cual. De nueva cuenta mi bella genio me regala un premio fabuloso, para recogerlo el único requisito es contar 2 hermosos recuerdos de la infancia. ¡Zaz! Me hubiera pedido traumas infantiles y le contesto en unos 20 posts. Mmmmh, bueno aquí voy, a ver que sale del baúl de los recuerdos.*Ella cierra con tres candados y remacha la puerta negra del almacén de recuerdos desagradables y se guarda la llave para una futura referencia. Uno nunca sabe que le vayan a pedir contar para recoger otro premio 😉 *

  • El primer recuerdo que viene a mi mente es de la época en que vivíamos en una granja porcina donde trabajaba mi Papá (Abuelo). Había muchos árboles frutales y de ornato. Al que más me gustaba trepar era al chabacano. Mi mamá Gelo había plantado varias flores, que le daban más color a aquel paraíso. Mi hermano y yo jugábamos todos los días.  No había vecinos, no había más niños para convivir, así que sólo él y yo jugábamos a todo: correr, al columpio de llanta, la hamaca, carreras de bicicletas, a los carritos en la arena, a la casita de las muñecas, etc. En especial recuerdo el aroma de los árboles, las mariposas volando sobre nuestras cabezas, el triste canto de las tórtolas. Había una pileta que irrigaba la granja, a la cual por cierto jamás me atreví a entrar. Sólo me limité a sentarme en la orilla para después pararme en la “cascadita” que se formaba al caer el agua. Solíamos dejar caer un huarache (de esos de hule) por “la cascada” y le perseguíamos durante todo su recorrido por la acequia, hasta “rescatarla” al otro extremo, atrás de la casa. ¡Uh! Tantas historias que contar de ese lugar.
  • El otro recuerdo agradable que tengo son las fiestas en casa de mi tía Tencha: Navidades y Día de la madre, Fines de año y Santorales. Las pachangas se armaban en grande, debido a que ahí vivía mi abuelita (Bisabuelita) Angelita. Se juntaban todos sus hijos, nietos, bisnietos y allegados. Me gustaba mucho que esos días veía a toda la primada, a mis tíos a quienes a veces, pasaba todo un año sin ver. Música, comida, regalos, juegos, recuerdos y más recuerdos. ¡Ajá! y lo que más, más me gustaba, era que mi prima Angélica montaba “coreografías” en tres patadas y las bailábamos para nuestros tíos. Y aplaudían. Por gusto o compromiso, no sé, pero se divertían tanto o más que nosotras.

Y el premio va para:

Angela de Logos y Filias

Carla de Apasionada’s Blog

Bere de Por la vida

Aubanel de Las Curiosidades de Jaz

Fati de Mi Mundo de Cristal

P.D. Recordar es volver a vivir, dicen por ahí. Yo que soy muy afecta a los viajes al pasado, deberé tocar tres veces los talones para regresar a casa. A mi otra casa. 😉

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Premio Nice Blog

Zary de La Mamá de Sara me hace llegar este simpático premio “Nice Blog”, lo cual me llena de emoción y me anima a seguir escribiendo mis ocurrencias y aventuras. Para recogerlo es necesario contestar:

a) Mis tres canciones favoritas. ¿Nada más tres? ¡Tengo un montonal de canciones favoritas! De esas que escucho 5 vueltas del cassette. ¡Cof, Cof! Quise decir, cinco repeticiones del Playlist. Sí. Eso dije. Bueno, nomás quieren 3. Ton’s ahí les dejo.

1) Unchained Melody,  Righteous Brothers.– Es romántica, tierna, pegajosa. Me recuerda a la película Ghost, y el amor que traspasa los límites de la muerte. Ha sido la única pieza que bailamos solos cuando estudiábamos Danza Moderna. Fue la primer canción que bailamos el día de Nuestra Boda. La escucho y me vuelvo a enamorar. Suficiente.

2) Woman In Love, Barbra Streisand.- Es Barbra Streisand cantando Woman in Love. No requiere mayor explicación.

3) My Sharona, The Knack.- ¡Ohhhh! Puedo estar al borde del abismo, bañada en llanto, deprimida a más no poder. Escuchar esta canción, me pone de buenas, me inyecta energía, me vuelve a la vida. ¡Síiiiii!

¡Ah! ¡Oh! ¡Hasta me puse chinita! ¿Qué seguía? ¡Ah, Sí!

b) Un sueño. Igual tengo varios sueños por realizar. Uno de ellos, es que me gustaría poder llevar a mis hijas a conocer México. Que disfruten y aprecien los majestuosos paisajes, la deliciosa comida y la riqueza cultural que este país ofrece. Desde Cabo San Lucas hasta el Cañón del Sumidero, bosques, valles, nieve, playas, pueblos, ciudades, ruinas… ¡Hay tanto por conocer y tan poco tiempo! ¡Es tan fácil enamorarse de mi México!

 

 

c) Pásala, pásala, ¡papa caliente!

Y el premio Nice Blog va para:

Logos y Filias de Ángela
Apasionada de Carla
Mi Mundo de Cristal de Fati

P.D. ¡De nuevo gracias mi querida Zary, me has hecho recordar y volver a soñar!

 

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Apego

Llegó el día que tanto temía, que tanto evadía. Tenía que ser ahora, si no ya no lo haría. Respiro hondo, cierro los ojos, me arremango, abro mis ojos, manos a la obra:

-¿Esto lo va a querer?- Pregunté.
-¡Eso se lo regalé en navidad!- Contestó mi mamá.

Las pertenencias de mi mamá Gelo, pasaron una a una por mis manos. Ciento veintiocho días transcurrieron desde su partida. Mi mamá no había tenido el… ¿valor? de regsitrar su clóset, sus cajones, sus cajas, su vida. Pudimos haber dejado todo tal y como está. Ese es su espacio y nada estorba. Sin embargo… la ropa y los zapatos pueden servirle a alguien. Pensando en esto, separamos una porción para el asilo de ancianos, otra para amistades que sean de talla similar, algunas prendas se quedaron en el armario para que las use mi mamá y unas pocas blusas me las traje a casa, las vestiremos mi hija (Sí, ya le quedan blusas de su bisi) y yo.

Sentimientos encontrados se hicieron de nuevo presentes en esta tarde. Por una parte, quería dejar sus posesiones en estado criogénico, nada se mueva de su lugar. Por otra, creo que me da más tristeza ver sus cosas y saber que ella ya no las necesitará. Mi mamá me preguntaba constantemente: -¿Es que no quieres nada de ella? – debido a mi negativa a hacerme con su ropa, tan sólo me limité a tomar un par de blusas, un trío de suéteres y sus medias de compresión. No es que no quiera quedarme con algo, por el contrario, me quedaría con TODO. Más no se trata de eso… se supone que debíamos liberar… liberar espacio en el armario y liberar el dolor en nuestros corazones. Tampoco es que por quitar su ropa deje de recordarla, o mucho menos. Yo la recuerdo a cada instante de mi vida, aunque no tenga una sola de sus fotografías, ni una sola de sus prendas.

De entre las blusas que seleccioné, está una color café (a ella le gustaba mucho ese color, por lo que la mayoría de su ropa luce en ese tono) que fué con la que la ví entrar al cielo y bailar con mi papá. Todavía permanece su aroma en la tela. Un olor cálido y suave, tierno y fuerte, así como ella es. No pienso ponerme esa prenda, la guardé para sentirla aún más cerca de mi corazón.

El resto de sus efectos, fue revisado y vuelto a colocar en su lugar. Guarda su vestido de novia completo, el cual por cierto, me quedaba cuando yo tenía 11 años, pues ella era muy menudita. La cauda está amarillenta, el satín arrugado, el encaje parece papel a punto de romperse, pero ahí está, lo único que falta es el velo. También nos topamos con la factura original del famoso tren metálico que en la Navidad del ’54 le regalaron a mi tío Roge.

Recortes de periódico de los nacimientos, bautizos, piñatas, bodas y defunciones de cada miembro de la familia, cuidadosamente ordenados en una cajita de madera. Cartas de sus papás, hermanas, hijos que fueron recibidas en cada separación, en cada nueva aventura.  Por ahí guarda una carta que le escribí cuando tenía 6 ó 7 años, le decía lo mucho que la quería y que ella era dos veces mi mamá.

Fotografías, cientos de ellas, de cuando era una bebé, de cuando estaba adolescente, cuando se casó, sus hijos, sus hermanos, sus nietos, sus bisnietos, sus compadres, viajes, fiestas, en blanco y negro, a color, amarillentas, sepias, magentas, veladas…

Sus collares de fantasía, sus aretes, un par de relojes, radiografías, vestidos de fiesta, mascadas, adornos, perfumes, cremas, talcos, películas mudas de 35 mm con la sonrisa de mi madre cuando tenía 2 años o aquella navidad que bailaban al calor de la cena… Estas películas me gustaba ponerlas en el proyector (que todavía funciona) después de hacerle sus respectivas palomitas y pasarlas cuando teníamos visitas, acercándole como siempre, su caja de klennex a mi mamá, pues obligadamente terminaba llorando al revivir los tiempos idos.

Y eso que ya no me pasé a la cocina, donde tiene cajas y libros, cuadernos repletos de recetas, que siempre decía que iba a preparar después cuando consiguiera x ingrediente. Muchas de ellas sí las disfrutamos, pues cocinaba como pocas y todo le salía bien, hasta aquellos platillos que ella misma decía le habían quedado desabridos, a mí me sabían a gloria.

Mi hermano le dice a mi mamá que se deshaga de todos esos papeles, que aparte de hacer “pachonero” no le permiten fluir. Que tire todo lo que le impida soltar el pasado. Si mi mamá Gelo tenía apego por los recuerdos, mi mamá guarda el doble de todo y más, inclusive de los malos recuerdos. Yo que soy tercera generación, tengo muchísimo más apego por los recuerdos. Y Mija nos dice: “Quiténse que ahí les voy.”

Lo sé, no es sano, estar aferrada al pasado. Y creo que lo voy soltando poco a poco. Pero tampoco puedo deshacerme de todo de un momento a otro. Así como mi mamá fue guardando cariñosamente cada trocito de su existencia, igual yo he ido acumulando mis boletitos de viaje al pasado. Total, basta con subirme al De Lorean para volver.

P.D. ¡Te extraño Mamá Gelo! ¡Más de lo que imaginé!

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Premio: Tu Blog Me Alegra y Emociona El Corazón

Un nuevo premio llega al Blog, renovando la ilusión de escribir en él. Fati de Mi Mundo de Cristal, me lo regala y, para que no siga llorando por las preguntas a las que me había acostumbrado, me hace llegar otro cuestionario ¡Oh, Fati!

*Que Chulo de bonito está el dibujo ¿A poco no?
 
¿Por qué comenzaste a escribir tu blog?
Desahogo principalmente. Después me dí cuenta que me servía de análisis y para darle otro enfoque a mis pensamientos. También lo hice porque me gusta escribir, y porque encuentro fácil el expresarme a través de este medio. Y déjeme ver que más contestó Fati para ver si me fusilo sus respuestas. 😛
 
¿Qué sería lo que más te causaría alegría y emoción en la vida?
La felicidad de las personas que amo. Eso es lo que más alegría me causa. Antes era sólo mi familia cercana y un par de amigos. Ahora mi círculo se incrementa en forma exponencial. Así que hoy tengo más razones para ser feliz.
 
¿Con qué sensación quedas, cuando escribes tus comentarios en otros blogs?
Con una sensación  sumamente agradable, como si le escribiera una nota ( a veces carta) a un buen amigo(a). Me gusta leer y comentar en los demás blogs, porque siento que hay comunicación y aprendizaje. Seeeeeeh. ¡Pronto Robin, a comentar!
 
¿Con qué sensación quedas cuando lees, los comentarios que otras mamis o papis, dejan en tu blog y por qué?
HEHE!  De nuevo me ganaron el post… que quiero escribir acerca de esa sensación de entrar al blog, ver la lista de comentarios, leerlos uno a uno, saborearlos, degustarlos, desmenuzarlos, digerirlos, hacerlos míos, interiorizarlos, gozarlos… ¡ahhhhhhh! ¿De qué estamos hablando?
¿Porqué? ¿Tiene que haber una razón? ¡Momento! Eso respondo a mija… Porqué… de nuevo hay comunicación en ambos sentidos, tanto de quien escribe, como de quien lee, y eso , creo yo, es el principal atractivo de un blog. No pienso que uno se ponga a clamar en el desierto sin pretender recibir respuesta alguna. Afortunadamente, siempre hay respuesta.
 
Relata una anécdota divertida y alegre con tus hijos…
Todos los días me hacen reír estas niñas mías… ¿Cuál estará bueno contar? Déjeme pensar un momento. *Ella hace un esfuerzo sobrehumano por lograr tal cometido* Precisamente ayer estuvimos jugando en el parque a los piratas. El Kiosco era el barco, estaba la isla de las sirenas aeróbicas, la tierra de los pigmeos artilleros, los bucaneros basquetbolistas, el tesoro escondido… Mi beba desde que comenzamos a jugar cerró un ojo, porque traía su “pache pidata” e iba conduciendo el timón, yo caminaba apoyando mi “pala de pato” y mija esgrimía su mano emulando una espada, la cual se nos cayó en un momento dado. Entonces le digo: –“Espadas automáticas marca ACME”– y al unísono hicimos el movimiento como de “recarga” con su respectivo ruido. Luego nos agarramos de un tubo horizontal para discapacitados, que era el “acantilado”, mi beba hizo como que se caía y la rescatamos con unas sogas imaginarias. En eso estábamos, cuando me dice mija: -“Hey, Pirata, estás en el área del acantilado”- ¡Ah! y yo como el coyote, corriendo “en el aire” para alcanzar las rocas. Terminamos en una banca disfrutando nuestro botín: Una rica nieve de raspa. Sinceramente, nos divertimos mucho.
 
Relata una anécdota que te emocionó hasta las lágrimas con tus hijos…
Cuando al fín me bajó la leche, mija salió corriendo a avísarles a mi esposo y mis mamás que estaban en otro cuarto: -¡Ya le salió el calostro a mi mami! ¡Ya puede alimentar a mi hermanita!- Agitaba vigorosamente sus manos, brincaba por toda la casa y las lágrimas corrían por sus mejillas. Sí, también por las mías. ♥
Listo. Contestadas las preguntas, prosigo a entregarlo a otros 3 blogs:
  1. Por la Vida
  2. La Mamá de Sara
  3. Cositas Hermosas
Felicidades a todas y de nuevo mi agradecimiento a mi querida Fati.
 
P.D. Al momento de publicar este post, recibo por segunda ocasión el premio, ahora de parte de Bren de Amo Ser Mamá. ¡Mil Gracias Bren, por tomarme en cuenta!