Publicado en Familia

¡M que la…!

“M’ que la.- Locución usada con frecuencia para expresar decepción, desesperación, frustración y otros sentimientos afines. Normalmente va acompañada de palabras con terminación “ada”, v.g. freg, tost, ching…, etc. En algunos casos, se complementa con la palabra canción, con la finalidad de ser aprobada por la audiencia infantil o de oídos sensibles.”

A continuación dos ejemplos representativos de M’ que la dez.

  • Mamá cuida hija.

MiBeba nació en un hospital del Seguro Social. MiEspo no tenía permitido el quedarse a cuidar de nosotras en la noche, por lo que miMamá accedió a hacerme compañía. Llegó la tarde, una señorita entró a la habitación con la charola de la cena, más yo no quise probar bocado. Había escuchado tantas historias de muerte y complicaciones por ingerir alimentos después de aliviarse, que la verdad, no me quise animar. Lo que no tomé en cuenta, era que eso aplicaba a aquellas mamis que habían tenido cesárea, mientras que yo me había aliviado por parto. ¡Chicles! No tenía nada más en mi barriga que el desayuno de la mañana. Imaginará que estaba algo débil después del parto. Deshidratada, hambreada, cansada, también.

Total, que dice MiMamá que ella sí tiene mucha hambre, que si le paso la charola. ¡Claro mamá! Tómela, le digo. Yo semirecostada, adolorida, con las hormonas en plena revolución, cuidando de MiBeba que yacía en una cunita. MiMamá sentada en la cama de al lado, se terminó la cena: pollo deshebrado, gelatina, atole y galletas. Empecé a sentir el sopor propio de tanto esfuerzo, los párpados se me cerraban pesadamente, era una masa de huesos y carne lacia, sin fuerza ya. Zzzzzz…

MiMamá se quiere desvanecer, se convulsiona, casi se cae de la cama. Me levanto de un brinco, les grito a las enfermeras (las cuales no se habían aparecido en el cuarto ni para maltratarme saludarme), rápidamente aparecen no una, ni dos, sino ¡cuatro! cuatro enfermeras atendiendo a MiMamá, una tomándole la presión, otra llevándole medicamento para el asco, otra con un recipiente para el vómito y la cuarta preguntándole si quería suero. Y a mí que me parta un rayo, casi de pie queriendo ayudar a MiMamá.

Por levantarme de sopetón ¡fuash! se me vino mucha sangre. En tanto, mi pobre amá con vomito y diarrea. 😦 De plano le tuve que marcar a MiEspo, pásale por MiMamá, llévala a la casa a descansar. ¡M que la canción!.

  • Hija cuida mamá.

MiMamá estaba internada en el IMSS. Yo la cuidaba durante el día. Salí a comer unas gorditas a un restaurancito de enfrente. Esa tarde mi madre quiso tomar un baño. Metí una silla previendo que se fuera a marear, pues pasaba la mayor parte del tiempo acostada. Dicho y hecho, comenzó a marearse, al mismo tiempo que a mi me daban náuseas… para seguir con mareo, debilidad, vómito, dolor de cabeza. Las gorditas me cayeron de peso, estaba a punto de desmayarme en el baño contíguo al de miMamá. Pronto, ella se olvidó de su debilidad y desvanecimiento, para atenderme… llamó a la enfermera, me dieron medicamento, me ayudó (mamá) a caminar hasta la cama, me obligó a recostarme, en tanto ella, sentada en una silla, esperaba mi mejoría. ¡M que la fregada!

P.D. Después de esto, creo que nadie nos hablará para cuidar enfermos en hospital.

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No Tan Mala Madre

Madre Animal

Para compensar un poco el post de Más Mala Madre, decidí preguntar a mis hijos lo que menos y lo que más les gustaba de mí. Esperando recibir una lista de 20 disgustos, para mi sorpresa, estas fueron sus respuestas:

Mija

  • Lo que menos:
    • que me regañes
    • que no me dejes usar la compu si no hice mi tarea
  • Lo que más:
    • que nos quieras
    • que nos hagas desayunos ricos
    • que te preocupas por nosotros
    • que nos cuides
    • que seas tan linda
    • que nos hagas reír

MiBeba

  • Lo que menos:
    • Que no nos dejes hacer lo que nos dé la gana
  • Lo que más:
    • Cuando preguntas: ¿Sabes que te amo? y me abrazas y me besas
    • Que juegues conmigo
    • Que me hagas cosquillas

MiNene

  • Lo que menos:
    • ¿Dah?
  • Lo que más:
    • Babámabha aggg Dadá abr abr dtdtdtdt ¿Qué? ¡Amamamá!

P.D. Más claro, ¡ni el agua de horchata!

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Dos Vueltas

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Hoy se cumplen 2 años de tu partida Mamá Gelo.

¿Qué es un año? Una vuelta de nuestro planeta al rededor del sol.

Recuerdo aquella frase que le decía su mamá a Claudia (“Soy Claudia y me quieren volver loca”):

“Te quiero de aquí a la luna dos vueltas y de regreso”

Te extrañamos madre de mi corazón. Pronto estaremos juntas de nuevo. Gracias por todo.

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Depresión Decembrina

depresion

Mi Mamá.
Mi Mamá está enferma. Padece desde hace unos 5 años de los intestinos y desde hace toda-mi-vida de los nervios. No puede hacer esfuerzos, ni cargar cosas pesadas, ni estirarse. Debe llevar una dieta estricta. Se deprime, se desespera, le da insomnio, duerme un promedio de 4 hrs. diarias. Continuamente se atraganta, le baja la presión, se marea con facilidad. Cualquier opresión en el abdomen le lastima en demasía. Le duele la cabeza, el cuerpo y el alma.

Pasa algunos días en mi casa y luego vuelve a la suya. Su casa está desordenada igual que su mente. Entonces no quiere estar en ella. En mi casa tiene alguna ropa, pero no la suficiente. Mis hijos son muy gritones y ella necesita tranquilidad. Ella tiene sus rutinas nosotros las nuestras, chocamos. Entonces no quiere estar en esta casa.

Se estanca en un pasado doloroso, a pesar de que desea salir de ahí, todo el tiempo está recordando y reviviendo momentos que la hicieron sufrir o enfurecer. En sus momentos de lucidez pide disculpas porque sabe que se torna muy agresiva y dice y hace cosas que lastiman. Luego, como si de un trastorno bipolar se tratase, grita, ofende, agarra vuelo y se encierra o se va a la calle y nadie se atreva a preguntarle a dónde-cómo-ni con quién, ella sabe su business. Y ahí estoy yo como madre de adolescente, pensando en si estará bien, si no tendrá crisis, si no se caerá en la calle, si traerá dinero, a qué hora regresará, si le guardo la comida en el refrigerador o la dejo sobre la estufa esperando su llegada.

Como ya alguna vez lo mencioné, tengo complejo de herramienta. En este tenor, desde pequeña me angustio demasiado por ella y tiendo a querer solucionar cualquier problema que tenga. Ella acostumbra también a preguntar mi opinión, mi parecer o mi posible respuesta a casi todo lo que le pasa. Si le respondo se enoja, si no también. Cualquier tema, cualquiera, es motivo de discusión.

En ocasiones me siento totalmente sobrepasada, pues entre que MiNene llora, MiBeba me pide algo a gritos, Mija quiere ser apapachada como bebé, MiEspo que necesita atención y MiMamáO que me urge a que le resuelva, o le ayude o se me pone mala… no sé a quién atender primero. Todos los días, todo el día me estoy haciendo la misma pregunta. Y claro, me estreso, me enojo, me preocupo, me desespero.

Del desconsuelo paso a la culpabilidad, que mala hija soy, no comprendo que mi mamá está pasando por una situación terrible y se me agotan los recursos. La quiero cuidar pero no se deja. En un momento soy su hija querida y al siguiente me habla por mi nombre de pila y soy una lerda, quien no la entiende y “shut up your mouth and forget it”.

Debo tener  paciencia, le debo respeto, pues es mi madre, es mayor, está enferma, hay que considerarla. Y no va a cambiar su modo de ser, soy yo quien debo manejar mi reacción ante sus críticas.

“Conciliar me tocó a mí en esta vidaaaaaa…” tengo que justificar a mis hijas frente a mi madre y a mi madre frente a MiEspo y a MiEspo frente a mis hijas. Tengo que chutarme el mal humor de todo el mundo y ser comprensiva, cariñosa, tierna y callada; más cuando se trata de mí ¿Quién?

Desde siempre ha sido de carácter nervioso, no es eso lo que la define, a decir verdad tiene muchas cualidades positivas… es en Diciembre, en pleno invierno cuando le recrudecen los síntomas de la melancolía.

Sólo espero que llegue pronto el calor, porque esta depresión decembrina que le da a MiMamáO ya se prolongó demasiado. 😦

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Sin Sueño

3:10 a.m. Se me fue el sueño. Mi esposo tiene escasos 10 minutos de acompañarme en la cama. Está en un curso on line, que comienza a las 7:00 p.m. y termina a las 3:00 a.m. Decidió descansar ante la imposibilidad de mantener sus ojos abiertos por más tiempo. Lo admiro de veras, ¿cómo puede irse a trabajar, comer a veces y otras no, regresar, besarnos y preguntarnos como nos fue -escuela, casa-, comer algo y seguir de frente al trabajo? Continúa en casa trabajando, juega un rato con las niñas, va a ver a su mamá que está enferma.

Cualquier día de estos nos da otro susto. Mi suegra, como tantas personas mayores, sabe que está mal, pero no quiere ir al médico. No hay poder humano que le convenza. Hasta que se le ponen las uñas moradas vamos corriendo a urgencias. Ha estado al borde de la muerte en varias ocasiones, se asusta, se toma sus medicinas unos días, al rato se fastidia. Ya no quiere comer. Antier fui por su medicamento al IMSS. ¡Parecía una farmacia ambulante! ¿Cuales de esos fármacos realmente ayudan y cuáles le dañan? Se toma un par de pastillas, las otras… sólo hace gesto y se da media vuelta. En 2 semanas cumple 90 años, según mis cuentas. Me preocupa. Está cansada, ya quiere irse. Lo único que la detiene es mi cuñada.

Mi cuñada, es soltera, sin hijos. Trabaja en una maquila. Su día comienza a las 4:20 a.m. Se levanta, se baña, toma algo ligero, se alista y sale a tomar el autobús que la llevará a su centro de trabajo. Tiene que estar unos 20 minutos antes, ya que el camión varía la hora en que la recoge. Si se le pasa tendrá que pagar su propio pasaje, llegar tarde y no recibir el bono de puntualidad semanal. Está enferma de la columna, le hicieron estudios y no podrán operarla, a menos que ella así lo solicite. Ella es quien cuida de mi suegra y quien la mantiene. Nosotros le damos una pequeña ayuda con los servicios, pero no es suficiente. Ni tampoco completa con lo que ella gana. Seguido está incapacitada, el mismo empleo le ha venido averiando sus discos cervicales, se luxa, se tuerce, se lastima constantemente brazos, columna, cintura. Si la llegan a operar ¿quién cuidará de ella y de mi suegra? Si no la operan, seguirá desgastándose sin remedio. La empresa no la quiere incapacitar permanentemente por no pagarle, ni la despide, ni la cambia de zona para que, al menos, el daño no sea tan grande. Se pelea con mi suegra. Luego se contentan.

Al lado de ellas viven sus sobrinas. Bueno, “viven” porque van y vienen. Pero son muy despegadas. Mi suegra dice que no cuenta con ellas para nada. Que mejor se apoyan en nosotros. A veces me siento muy cansada, como cuando tengo (tenemos) que ir por el medicamento, o dejar una incapacidad, o simplemente ir por las tortillas a varias cuadras. Luego pienso, están solas, enfermas, mayores. Son la mamá y la hermana de mi esposo. No puedo, ni debo quejarme. De todos modos, me quejo.

No pensamos igual, de ningún modo. De mi cuñada me separan más de 15 años de edad. Tenemos mentalidades diametralmente opuestas. No me gusta que critique mi modo de vestir, o cuando decidí volver a estudiar. No me agrada que venga y me diga como debo hacer tal o cual cosa en mi casa, con mis hijas y con mi vida. La escucho, trato de no rezongarle, quiero llevar la fiesta en paz. Mi suegra también tiene sus detalles. Pocas veces le he contestado, por respeto y porque no quiero alargar más una discusión. Sin embargo, ella misma lo dice, soy de las pocas que le llevan la contra. Creo que tenemos el carácter muy parecido y por eso chocamos. Hay cosillas atoradas, que me hacen nudo en la madrugada.

No son malas personas, al contrario, le agradezco tanto a la señora la educación que le dió a mi esposo, por ella, es él quien es, un hombre de valores, respetuoso, responsable, amoroso, valiente, trabajador. Su hermana le enseñó muchas cosas, le acompañó haciendo las veces de “madre-hermana”, se preocupa por él. Cuando hemos estado necesitados, me manda despensa. Quiere mucho a mis hijas, les hace regalitos a pesar de su precaria situación económica. Y ni modo, aunque no coincidamos en muchos aspectos, somos familia y así nos queremos.

Mi madre estuvo por aquí la semana pasada, apenas ayer regresó a su casa. Mi mamá. Una relación amor-amistad-desconcierto que a veces… a veces no sé manejar. Amo a mi mamá, me dió la vida, hizo lo posible por darme una buena educación, quiso ser mi amiga apartándose un poco de su papel de mamá convencional. Es una buena persona, es cariñosa, entregada, ocurrente, trabajadora, responsable, bailadora, amiguera, platicona. También es nerviosa, criticona, pesimista, impaciente, indiscreta. Tenemos roces. De repente no me aguanto, en momentos debo morderme la lengua para no contestar. Me saca de quicio que tenga que saber el más mínimo detalle de cualquier evento en nuestra existencia. ¿Qué te dijo? ¿Porqué te lo dijo? ¿A que horas te lo dijo? ¿Dónde estabas cuando te lo dijo? ¿Qué gestos hizo cuando te lo dijo? ¿Qué ropa traía puesta cuando te lo dijo? ¿Qué clima hacía cuando te lo dijo? ¿Y tú que le dijiste? ¡Ah! Le dijiste que esto y lo otro. ¿no? ¡Le hubieras dicho que esto y que lo otro! ¿Porqué no le dijiste? ¿Qué estabas pensando? ¿Cuándo se lo vas a decir? ¿Y si mejor yo se lo digo? … y así sucesivamente…

Ella gusta de saber todo de todo (así como Sid el niño científico). Hace varios años la encontré esculcando los cajones de los libreros, cómodas y trinchador de mi casa.

-¿Qué busca?- le pregunté.
-Nada, quería saber que tenías aquí.- ¡Plop! (quería saber que había en los cajones del clóset, y en la alacena, y en el baño, y en mi diario, y en el celular, y en mi mente, y… y… y… *ella se da un par de cachetadas guajoloteras y contínua*)

Se hace muchas ideas mi mami. MUCHAS IDEAS. Que si aquel la está persiguiendo, que si aquella la vió feo, que si el otro le contestó mal porqué se enojó porque la tarde del 25 de junio de 1982 mientras volaba la mosca, mi mamá bostezó y el otro pensó que se estaba burlando…

Ayer vino el surtidor del agua. Compré un garrafón, le entregué el envase vacío, me dió la nota. Mi mamá estaba aquí.

-¿No tiene otro garrafón que me preste? El viernes se lo regreso.
-Sí-
le digo. Ya me lo ha pedido otras ocasiones, y se lo he prestado. Ignoro porque hace eso, pero bueh…
-¿No le habías dado otro garrafón ya? ¡Ya le diste un garrafón! ¿Para que le das 2 garrafones? ¿Si te fijaste que le entregaste 2 garrafones? ¡No te das cuenta!
-Le presté el otro garrafón.
-¿Y para qué? ¿Porqué te pide otro?
-¡Yo que sé!
-Tal vez está haciendo chanchullo, a lo mejor es una tranza, a lo mejor lo vende aparte y las ganancias son para él, a lo mejor rompió un garrafón, ¿Porqué nomás a tí te pide? ¿Sabrá su jefe que hace eso?
-No sé ni me interesa. Ni me beneficia, ni me perjudica.

Silencio…

Ahora que lo escribo, estoy siguiendo el mismo modelo de mi mamá con Mija. 😦 Apenas le pregunto algo, ya la estoy interrumpiendo, sacando conclusiones y exigiendo una aclaración al porqué de su comportamiento.

-¡Espérame mamá! Todavía no termino de explicarte– ¡Chicles y chocolates!

La riego con Mija. La quiero mucho, la amo, daría mi vida por ella. Es la realización de mis sueños de infancia, la unión de nuestras células, la herencia de mi Padre, la señal palpable  de que hay amor entre mi esposo y yo. ¡Pero como la regaño! La juzgo, la critico, la sermoneo. Parezco un militar de alto rango pisando los talones del nuevo cabo. 😦 Ella tan hermosa, sensible, inteligente, ocurrente, curiosa, imaginativa, creativa. Pareciera que mi misión en la vida fuera cortarle las alas. Siempre yo con mi cara de fuchi, siempre ella preguntando ¿estás enojada?

El Monstruo aparece. Me enojo, me desespero, me reviento. Porque no me obedece, porque no recoge, porque no me contesta, porque se hace atenida, porque se la pasa acostada, porque quiere estarse el día entero frente a la PC o la TV. Ante el impedimento de salir a jugar con su pierna enyesada, le sugiero: lee un libro, repasa lo del exámen, escribe en tu agenda Amix, escribe en tu diario, arma rompecabezas, ayúdame a forrar las mariposas para el festival, practica la guitarra, dobla la ropa, juega con la plastilina, juega con los imanes, con el pequeño laboratorio, juega con tu hermana, ven para enseñarte tal o cual, juguemos a las adivinanzas, o a las canciones, o…

-¡NO! ¿Porqué eres así conmigo? 😦

La pre-adolescencia, su “no quiero crecer”, el yeso, el estar encerrada a piedra y lodo (no ha ido a la escuela, taller, coro, catecismo), el nuevo trabajo de papá, la panza de mamá… todo se le junta a Mija. Y en vez de comprenderla, arrullarla y besarla, la riño, la castigo y la dejo sola.

5:15 a.m. El sueño no regresa. Mi esposo se acaba de levantar a preguntarme que ha pasado. Vuelvo a la cama. A ver si estando allá el sueño me alcanza.

Publicado en Familia, Personal

Mi Mamá Gelo

Mi Mamá Gelo era la quinta de 10 hermanos. Era muy unida a todos ellos, especialmente a su hermana Fanny. Las vestían igual y asistían a la escuela al mismo grado. Pero mi mamá Gelo era más pequeña, por lo tanto tuvo que adaptarse a niños un poco más grandes que ella. Solía contarme que jugaban mucho en el rancho, con niños y niñas y que en ese entonces eran muy inocentes. Estudio comercio, ayudaba a sus padres en la tienda. A pesar de que le gustaba bailar, era algo seria, reservada, no muy expresiva, podría decirse que hasta un poco seca. Conoció a mi papá Amadeo, quien era varios años mayor que ella. Él tenía fama de mujeriego y parrandero, sus padres se oponían a esta unión. Ella dijo: pues así lo amo y así me voy a aguantar. Y así lo hizo.

Se casaron y ella no quería tener hijos. Decía que no le gustaban los niños. Papá Amadeo insistía hasta el cansancio. Llegó el primer hijo, mi tío Roge. Al mes de nacido enfermo gravemente, no podía alimentarse. Estaba en los puros huesos, a punto de morir. En pocos meses mi papá también enfermó de Tifoidea, le dieron un mal tratamiento y estuvo al borde de la muerte. Mi mamá Gelo, que era chaparrita y muy delgada, tuvo que donar sangre para mi papá. El médico la regañó: -Usted está para que le donen, no para andar regalando su sangre. Finalmente, gracias a los amorosos cuidados de ella, y a navegar entre no se cuántos doctores, los dos sobrevivieron.

Llegó un segundo hijo, se le enredó el cordón me parece, nació y vivió unos cuantos minutos. Le sepultaron. Mi mamá se había aliviado en casa, con partera, como la primera vez. Cómo el niño falleció, mi papá quiso que la siguiente ocasión se atendiera en un hospital. Y así fue. Nació mi tío Chato.

Mi mamá Gelo ya no quería más hijos, había sufrido mucho con la enfermedad del primero y la muerte del segundo. Dios le bendijo de nuevo, esta vez con una niña. Mi mamá O.

Mi papá era administrador en una granja porcina, ahí vivieron durante varios años. Los niños crecieron y se convirtieron en jóvenes. Mi tío Roge se fue a estudiar al DF y en esas andaba cuando la matanza de Tlatelolco. A partir de entonces comenzó el insomnio nervioso de mi mamá Gelo.

Mi mamá O conoció a un hombre que le llevaba varios años. Se enamoró. Discutía muchísimo con mi mamá Gelo a causa de él. Él la convenció, cuando ella recién cumplió los 18 años se casaron a escondidas de mis papás. Se fueron a vivir a la capital. Mi mamá O trabajaba, él estudiaba. Vivieron en una situación muy precaria, apenas si sobrevivían con el sueldo de ella. Nací yo, menos de 2 años después nació mi  hermano. Se regresaron, se divorciaron.

Él se quedó con la patria potestad, a base de sobornos y mentiras. Una tarde mi papá Amadeo, junto con mi mamá O y otra persona, fueron a casa de él y nos “secuestraron”. Mi mamá Gelo nos acogió con un cariño que me sobrepasaba. Yo tenía otra versión de la historia, les hice sufrir mucho los primeros meses. Paso a pasito, mi mamá nos fue enamorando, a mi hermano y a mí.

Mi mamá O trabajaba para poder mantenernos, pasábamos la mayor parte del tiempo con mi mamá Gelo. Como ya había comentado, en la granja no había vecinos, el rancho más cercano estaba a 2 km por carretera. Crecimos solos, acompañados de mis 2 mamás, mi papá, los árboles, los pájaros, las flores y el hoink hoink de fondo. Mis papás sufrieron mucho por nuestra causa, el proceso de divorcio duró varios dolorosos años.

Su madre enfermó, ella se rolaba con sus hermanos para cuidarla en el hospital. Le dió el último adiós. Su corazón volvió a partirse en dos.

La situación económica empeoró cuando mi papá tuvo que dejar la granja porcina por la poca venta de cerdos. Nos fuimos a otra ciudad, mi mamá O ya no completaba. Se fue de ilegal a Estados Unidos, con tal de mandarnos unos cuantos dólares. Eramos adolescentes y quedamos al total cuidado de mis padres. Era cuando más la necesitaba.

Mi papá enfermó de cáncer en el páncreas y se fue rápidamente. Mi mamá Gelo mostró una entereza que nadie sospechaba que tenía. Siguió adelante, a pesar de las ganas de seguir a  la tumba al compañero de toda su vida. Estaban por cumplir 50 años de casados.

Mi mamá Gelo fue madre y abuela a la vez. Le tenía mucha confianza, le platicaba mis cosas, ella me contaba sus recuerdos, pesadillas y preocupaciones. Me encantaba ver una y otra vez su álbum de fotografías. Le gustaba ver las viejas películas de 8 mm en el proyector, que por cierto, todavía funciona.

Cocinaba de maravilla, yo nunca he podido igualar su sazón. Sabía recetas sencillas, las preparaba con mucho amor. Zurcía la ropa y le quedaba como a un profesional. Tenía paciencia infinita para un montón de cosas más. Me daba muchos consejos, me escuchaba. Se dejaba que le hiciera cosquillas, que la peinara y que le diera muchos besitos.

Le detectaron cáncer en una pierna. La operaron y le extirparon el ganglio afectado. Se sometió a quimioterapias. Perdió su cabello. El amigo de un amigo le comentó de un indio yerbero de Sonora. Mandó pedir el remedio, para combatir y prevenir el cáncer. Sabía a rayos. Olía a drenaje. Debía tomarse el menjurge en ayunas y sin respirar. Lo hizo. Se lo terminó y cuando el Doctor volvió a analizarle, dijo: ¡Es un milagro! ¡El cáncer desapareció! La única secuela que quedó fue la inflamación constante de su pierna.

Despidió a casi todos sus hermanos, unos por enfermedad, otros por accidente, partieron al cielo. Sobrevivían tan sólo 4 contándola a ella.

Cuando me iba a casar, me preguntó si lo había pensado bien. Me recordó que la vida matrimonial es muy distinta al noviazgo, me advirtió que las cosas podrían cambiar. Me pidió que no me embarazara luego luego, sino que esperara un tiempo razonable para asentarnos.

Ella estuvo presente en mis graduaciones escolares, en mis presentaciones de Danza, en mis sacramentos, cuando nació mi primer hija. Me hizo salir de la depresión pos-parto, me motivó a valerme por mi misma y darme cuenta de que sí podía ser mamá y que podría educar a mi beba. Ella que no gustaba de los niños, tuvo en sus brazos a sus hijos, a sus nietos y a sus bisnietos. 🙂

Le llamaba casi diario, a saludarla para saber como había amanecido. Lo hacía para preguntarle como se guisaba el picadillo, como se bajaba la fiebre, como debía regar la Galatea. Le marcaba para platicarle que la niña me hacía berrinche, que la vecina me hizo mala cara, que había tenido una pesadilla, que tenía un presentimiento. Ella sabía, sin que yo le dijera nada, cuando estaba yo contenta, triste, sentida, molesta. Podía yo enojarme con todo el mundo, con todas mis amigas, con el novio, con la familia, menos con mi mamá Gelo. Siempre despertó en mí infinita ternura.

En ocasiones me preguntaba yo que haría el día que la perdiera. Cuando ese día llegó, una parte de mí se fue con ella.

P.D. Hoy la recuerdo con todo mi cariño, es su cumpleaños número 87. Yo sé que en alguna parte del cielo, los ángeles están de fiesta.

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Lluvia Interior

Son las 3:50 a.m. y no he podido dormir. Leo y leo mi blog, los otros blogs, navego y comento y regreso al mío. Entro y salgo del Twitter con la esperanza de … no sé… recobrar el sueño tal vez… quiero hablar y al mismo tiempo sólo me quedo callada…

El silencio de la noche me acompaña, mis hijas profundamente dormidas, como angelitos en sus nubes, me dan razón para vivir. Esta noche no me espera nadie en la cama… será por eso que me niego a visitarla.

Leía y releía sobre el miedo que tenía de que mi mamá Gelo muriese en la operación de la cadera. Finalmente murió, no a raíz de la operación, sino por otras complicaciones y después de otra cirugía.

¿Cómo me siento? Todos los días alguien me formula esa pregunta. Todos los días me siento bien, más tranquila, de nuevo triste, melancolía…

Leer es volver a vivir. Recordar es borrar la línea del tiempo y sentir el preciso momento en que todo ocurre de nuevo. ¡Chicles! Ya estoy escribiendo en verso otra vez. No sé que tengo, no me controlo y empiezo con mis estrofas de primaria.

Creí que estaba seca, ya derramé varias lágrimas, ahora no las conté. Que tengo aritmomanía, me dijo @riverofix. Tiendo a contar lo que se me ponga en frente. No me había percatado.

Sigo y sigo y sigo llorando. No hay unos brazos que me rodeen, ni unos labios que humedezcan mi piel. Dios, yo sé que estás conmigo y que ella está a tu lado, más no puedo dejar de sentir esta tristeza. Me pesa.

Doblaba su ropa hace un par de horas, revisaba sus pastillas. ¿Qué voy a hacer con sus pertenencias? Las medicinas las pienso repartir entre conocidos, que si las dono a Cáritas primero se caducan antes que las entreguen. La ropa, a regalarla también entre amistades y la que no les quede, esa sí va al asilo. Ignoro si se la proporcionen a las ancianitas del lugar o la pondrán en venta, lo que sea, tendrá un uso. Sus pomadas, cremas y demás quedarán con mi mamá.

¿Y que hay de lo demás? No lo sé… no quiero decidir. Creo que mi mamá tampoco. Me siento muy extraña al respecto. Vaciar su cómoda, su ropero, lleno de ella, como si quisiera deshacerme de su presencia. No es así. No lo es.

No puedo evitarlo, veo sus fotografías y el llanto vuelve a mí. Por dentro me ahogo, por fuera… apenas sonrío.

Las lágrimas nublaron mi vista, no me fue posible seguir leyendo. De algún modo esta lluvia interior llegó a mis manos iniciando otro post.

La extraño. Y mucho.
La sueño. A diario.
La quiero. Conmigo.
¡Que egoísta soy!
Ella ya me dijo que está bien, yo lo sé.
Tan sólo… gotas de agua salada que querían conocer el mundo exterior.