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¡M que la…!

“M’ que la.- Locución usada con frecuencia para expresar decepción, desesperación, frustración y otros sentimientos afines. Normalmente va acompañada de palabras con terminación “ada”, v.g. freg, tost, ching…, etc. En algunos casos, se complementa con la palabra canción, con la finalidad de ser aprobada por la audiencia infantil o de oídos sensibles.”

A continuación dos ejemplos representativos de M’ que la dez.

  • Mamá cuida hija.

MiBeba nació en un hospital del Seguro Social. MiEspo no tenía permitido el quedarse a cuidar de nosotras en la noche, por lo que miMamá accedió a hacerme compañía. Llegó la tarde, una señorita entró a la habitación con la charola de la cena, más yo no quise probar bocado. Había escuchado tantas historias de muerte y complicaciones por ingerir alimentos después de aliviarse, que la verdad, no me quise animar. Lo que no tomé en cuenta, era que eso aplicaba a aquellas mamis que habían tenido cesárea, mientras que yo me había aliviado por parto. ¡Chicles! No tenía nada más en mi barriga que el desayuno de la mañana. Imaginará que estaba algo débil después del parto. Deshidratada, hambreada, cansada, también.

Total, que dice MiMamá que ella sí tiene mucha hambre, que si le paso la charola. ¡Claro mamá! Tómela, le digo. Yo semirecostada, adolorida, con las hormonas en plena revolución, cuidando de MiBeba que yacía en una cunita. MiMamá sentada en la cama de al lado, se terminó la cena: pollo deshebrado, gelatina, atole y galletas. Empecé a sentir el sopor propio de tanto esfuerzo, los párpados se me cerraban pesadamente, era una masa de huesos y carne lacia, sin fuerza ya. Zzzzzz…

MiMamá se quiere desvanecer, se convulsiona, casi se cae de la cama. Me levanto de un brinco, les grito a las enfermeras (las cuales no se habían aparecido en el cuarto ni para maltratarme saludarme), rápidamente aparecen no una, ni dos, sino ¡cuatro! cuatro enfermeras atendiendo a MiMamá, una tomándole la presión, otra llevándole medicamento para el asco, otra con un recipiente para el vómito y la cuarta preguntándole si quería suero. Y a mí que me parta un rayo, casi de pie queriendo ayudar a MiMamá.

Por levantarme de sopetón ¡fuash! se me vino mucha sangre. En tanto, mi pobre amá con vomito y diarrea. 😦 De plano le tuve que marcar a MiEspo, pásale por MiMamá, llévala a la casa a descansar. ¡M que la canción!.

  • Hija cuida mamá.

MiMamá estaba internada en el IMSS. Yo la cuidaba durante el día. Salí a comer unas gorditas a un restaurancito de enfrente. Esa tarde mi madre quiso tomar un baño. Metí una silla previendo que se fuera a marear, pues pasaba la mayor parte del tiempo acostada. Dicho y hecho, comenzó a marearse, al mismo tiempo que a mi me daban náuseas… para seguir con mareo, debilidad, vómito, dolor de cabeza. Las gorditas me cayeron de peso, estaba a punto de desmayarme en el baño contíguo al de miMamá. Pronto, ella se olvidó de su debilidad y desvanecimiento, para atenderme… llamó a la enfermera, me dieron medicamento, me ayudó (mamá) a caminar hasta la cama, me obligó a recostarme, en tanto ella, sentada en una silla, esperaba mi mejoría. ¡M que la fregada!

P.D. Después de esto, creo que nadie nos hablará para cuidar enfermos en hospital.

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¡No quiero volver a pasar por esto!

Con eso de que me faltan días para dar a luz, me dí a la tarea de enumerar aquellas cosas por las que no quiero pasar de nuevo (en el hospital).

Lo que deseo fervientemente evitar:

  • Desprendimiento de Membranas. Se me indujo el parto con las 2 niñas, por la calcificación de la placenta. Con la primera me preguntaron y estuve de acuerdo. Con la segunda ni agua va me dijeron, sólo me metieron mano. Quisiera tener un parto donde todo transcurra natural, que rompa fuentes y salga el tapón rosa y toda la onda ¿Es mucho pedir?
  • Exceso de tactos. Ya sé que es el procedimiento y que es necesario. La primera vez, sólo me practicaron uno y estaba tan dilatada que ni sentí. La segunda vez dejé de contar después del tacto no. 10, ¡oiga! ya déjela mejor adentro ¡Chihuahua! D: Que nomás me faltó que el señor de la limpieza también diera su opinión.
  • Maniobra de Kristeller. Sí, esa donde una o dos personas te presionan con el antebrazo la parte alta del abdomen “para ayudar a bajar al niño”. Es agresiva, dolorosa y peligrosa.
  • Episotomía. En ambos partos me la practicaron. El dolor de la cicatrización sinceramente no me deja a veces ni ir al baño, ni sentarme, ni nada. El parto pasa y el sufrimiento acaba. La episotomía tarda, tal vez unos días, pero en el cuerpo se sienten meses. Se supone que lo hacen con el fin de evitar un desgarre, pero si éste fuera el caso, la recuperación es muchísimo más rápida que el de un corte.
  • Raquia. Me inyectaron en el 1° parto, era innecesárea. Yo llegué con 7 de dilatación al hospital y dilaté muy rápido, no me dejaban pujar porque estaban esperando a que llegara el anestesiólogo… sólo para cobrar dicho procedimiento. Eso, y el miedo a que me dañaran la espina dorsal y quedar paralítica y, y, y…
  • Suero. Posiblemente de este no me salve. En el 1° parto ni eso alcanzaron a ponerme, pero en el 2° me lastimaron mucho la vena, la enfermera me andaba poniendo el tubito enredado con la camilla, me retorcían la aguja, me lo tuvieron que cambiar, me dejaron amoratado el brazo con varios piquetes. ¿Para qué? 😦
  • Susto. Ya por acá le conté que no le limpiaron los conductos nasales a MiBeba y que tuvimos que llevarla la noche siguiente de su nacimiento de urgencia al pediatra, que atravesamos la ciudad para que la atendieran y le volvieran a la vida. Todo por aplicar una política del IMSS sin discernir si era el caso o no.
  • Malas compañías. No quiero tener la compañía de la vez pasada, una chamaquita que se esforzó en hacerme sentir vieja, irresponsable por embarazarme a los 35 y seca por no dar leche desde el primer momento. Con esas compañías, mejor estar sola. ¡Bah!
  • Regaños. No quiero nada ¿eh?. Es prácticamente IMPOSIBLE que no le regañen a uno por todo. En el particular me tocó una enfermera muy regañona, desde “desvístase que se le viene el bebé” pasando por “no respire así ¿qué no sabe respirar? ¡SE VA A CANSAR!” y finalizando con “¿Porqué se hizo en la cama?” ¡LA ACABO DE CAMBIAR!” ¡Qué pésima atención de esta mujer! Con la anestesia esa de la raquia, no sentía las piernas y no controlaba esfínteres. Se me salió la orina sin querer, le avisé a la enfermera, se tardó un buen en llegar, me regañó, me dejó otro rato empapada, luego vino y de muy mal modo cambió las sábanas. Esa misma enfermera, cuando apenas me estaba durmiendo (me alivié en la madrugada y eran como las 8:00 a.m.), llega me despierta y me jalonea, que me meta a bañar. Voy, me levanto de la cama como puedo, no me pone una silla en el baño, yo tambaleándome y ella se limita a pararse en la puerta a verme, sin ayudarme EN NADA. Al terminar me sermonea con que me puse mal la toalla sanitaria. Yo aún creo que se molestó porque mientras estábamos en quirófano mi ginecóloga le llamó varias veces la atención, porque se distraía y no le pasaba el material correcto. ¡Ah! Encima de todo me jaloneó y me puso a Mija en el pecho mientras me llamaba la atención por no colocarla correctamente “¿Pues que usted no sabe amamantar?” Pues no, no sabía, era la primera.
  • Inconsciencia. Y ¿qué le cuento del hospital público? No, no, que finura de niñas. Primero: cuando ingresé ni una sola de las enfermeras se acercó para decirme como estaba la onda. MiEsposo tuvo que andar navegando para conseguir una silla de ruedas. Cuando ya me tenían en el cuarto de doctores se la pasaban echando relajo, con la música del mp3 a todo lo que daba, brincando en la cama donde yo estaba, contándose los chismes del día. La niña que me puso el suero, como le comento, andaba medio nerviosa y primero lo enredo en las rejillas de la camilla, le tuve que explicar como lo desenredara y que me lo volviera a colocar. Me tronaron las venas, me lastimaron las manos y el antebrazo. Todo eso es nada, la mmmhqueladez mayor fue que estando yo en trabajo de parto, tendida en la camilla esperando pasar a quirófano, mientras me hacían el cuestionario de rutina… nombre completo, edad, fecha última regla, a que se dedica… salió al tema que atendemos un ciber ¿qué cree que me dice esta niña?:

-¡Ah señora! ¿tiene usted un ciber? Fíjese que tengo una computadora que me está fallando mucho, ya es viejita pero funciona. De repente ya no quiere conectarse a internet y luego el Word no abre y me pierde archivos ¿qué será? ¿tendrá virus? ¿estará muy llena la memoria? ¿le puedo cambiar el disco duro? ¿En que horario atiende? ¿Trabaja los sábados y domingos? ¿Dónde dijo que vivía? ¿Ahí mismo tiene su local? ¿En cuánto me saldría? 

-Sí permítame busco una tarjeta de presentación y se la doy, este es el número de MiEsposo para que le llame y le haga un presupuesto, ahora discúlpeme que viene una contracción fuerte y necesito mentarle la madre a alguien.

¿Acaso ahí quedó el asunto? No. Las contracciones cada vez más fuertes, el dolor en aumento, la presión, las ganas de pujar y de gritar, sudoración, palpitación. Y que comienzan 3 de ellas:

-¡Ay que padre estar embarazada! ¿verdad?
-¡Anda sí mensa! Pero tú estás bien joven y ni novio tienes.
-¿Y qué?¿No puedo tener mi bebé así sin novio?
-¡Claro que puedes buey! Con un amigo que te haga el favor.
-¡Pero son bien bonitos los bebés! ¿A poco no señora? ¿Cuántos tiene? ¿Es su primer parto?
-Sí, una, no, ¡puj, puj, puj! *¡ARGHHHH!*
-Ande señora pero también se siente bien feo las contracciones ¿ya la viste como está?
(O sea, estan casi encima de mí las tres fulanas platicando y hablan como si yo no estuviera presente)
-Sí pobrecita buey, ya déjala, mírala que apenas puede.
-Pues sí, son lindos los bebés. Pero más rico hacerlos. Ande señora, yo tenía un amigo… con derechos ¿Si me entiende?
-Sí, si entiendo, no estoy tarada, estoy pujando.
-Bueno, pues ese amigo y yo, cada que teníamos ganas estábamos ¡Y viera que rico lo hacía!
-¡OMFG! ¡A mí qué #”$#%”$&#%& me interesa si se lo hacía rico o no! ¡Estoy pariendo! ¡Llévense a estas jijas de aquí!

Mientras tanto, Gloria Trevi sonaba a todo lo alto en el reproductor de una de ellas y una cumbia en los altavoces del hospital, gritos a lo lejos, risas y barullos del personal. El de la limpieza pasaba, veía, sonreía sarcásticamente, seguía limpiando y yo pujando.

-Lo hacía bien rico- *ella, la enfermera pone los ojos en blanco* -pero al final lo tuve que dejar, porque me cayó gordo. Y porque no quería salir embarazada. ¿A poco no señora? ¿No es bien rico hacer bebés?

Ya no contesté, me limité a mirarla con aquellos ojos de Reagan a punto de expulsar el líquido verde de su boca.

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Semana 38

Ayer me tocó consulta con mi Ginecólogo particular. Estamos en la semana 38 ya. MiNene aún no encaja, pero ya está abocado. Resulta que el líquido amniótico es cada vez menos, suficiente pero ya muy poco. La placenta muestra signos de maduración, dice que no le preocupa tanto (en mis embarazos anteriores se me calcificó) como el nivel de agua.

Mis síntomas: fuerte dolor lumbar (como si me partieran en dos), palpitaciones en el bajo vientre y dolor vaginal (MiNene abriéndose camino). Tengo contracciones de Braxton Hicks, de momento me paralizan y luego sigo como si nada. Hinchazón generalizada, sigo con la retención de líquidos. Mi presión está bien, no tengo cefalea, ni sangrado. Veo gente muerta… digo, no, no, veo manchitas oscuras. Me dice el doctor que esté atenta por si veo manchitas brillantes. Pues hace 8 días sí ví, una única ocasión. 😦

Espero el martes los resultados de los últimos análisis que me practiqué, ese mismo día toca revisión con el Ginecólogo del IMSS (el de las cáscaras de nuez).

Bien, volviendo a mi Gine particular, me dice que el corazón y ritmo cardíaco de MiNene están en perfectas condiciones, que tiene buena movilidad y buenos reflejos. Que si no me he aliviado durante la semana me verá el próximo viernes, para evaluar los niveles de líquido y maduración placentaria… (aquí me suena a que tal vez, me vuelvan a provocar el parto). Es decir que estoy en días de conocer el rostro de MiNene.

Que repose, que no haga esfuerzos, que traigo un poco de anemia -normal en las últimas semanas-. La panza, muy, muy abajo. De hecho, ando con faja estos días.

Una buena noticia fue que le renovaron el contrato y está laborando en la misma clínica del IMSS donde yo me atiendo, sería cuestión de “coincidir” y que me tocara aliviarme dentro de su turno, lo cual sería una bendición, aunque me dice también que, sólo son 2 ginecólogos atendiendo a más de 40 internadas, urgencias, partos, cesáreas y consulta.

A decir verdad, los doctores que me han tocado en mis partos han sido buenos, las pésimas son las enfermeras. 😦

Entonces en eso quedamos. Estoy en días. No sé si serán 14, 10 ó 3. Falta poco.

P.D. MiBeba le dice a MiNene: ¡Ya encájate hermanito, para que nazcas! 🙂

Acá más información:

Semana 38 ¿Qué está pasando?

Semana 38: El Milagro de 9 meses

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Su Pie Izquierdo

Lunes 7 Mayo ’12

10:00 a.m. Mija ensaya el baile folcklórico para el día de las Madres. Hay un salto a mitad de la canción, su pie izquierdo se tuerce hacia dentro, todo su peso cae sobre él, termina en el suelo cuan larga es. Evita llorar porque no quiere que sus compañeros de salón se burlen de ella, a pesar que el dolor es intenso, se aguanta. La maestra la revisa, le quitan el zapato y la calceta. Dice que le duele cuando le tocan o cuando intenta apoyar el pie. No le dan nada, no le untan nada, ni pastilla para el dolor. No pueden volver a colocarle el zapato de lo inflamado que quedó su pie.

1:30 p.m. El servicio de transporte escolar me trae a Mija a casa, el chofer le ayuda a bajarse y le carga la mochila. Veo a mi niña brincando en un pie, con su uniforme blanco todo lleno de tierra y los cabellos fuera de su lugar. Le preguntó espantada qué fue lo que pasó. “Se torció el pie mientras ensayaba, yo creo traía muy flojo el zapato” me contesta el profesor. Mi esposo le ayuda a entrar a la casa y le pedimos nos explique lo sucedido.

¿Porqué nadie nos llamó a casa? Ni la maestra, ni el Director, ni siquiera ella. Dice que no le duele tanto, que sólo si le tocan la zona afectada. Que la lleve al Seguro Social me pide mi marido. Recién el viernes nos reactivaron el servicio, apenas mañana martes pensaba ir a verificar la vigencia. ¿Y si voy y todavía no estamos activos? ¿Se habrá fracturado? No creo, estaría en un grito. Pero… ¿Si es un esguince? ¿O fisura? ¿Y si me dicen de nuevo, exagerada? La tendré que llevar a urgencias ¿Si me salen con que un pie torcido no es una emergencia, como alguien desangrándose o con ataque epiléptico? ¿Y si no es para tanto y sólo necesita reposo y una pomada para desinflamar?

3:00 p.m. Ya les dí de comer, lave trastes y esperé a ver como reaccionaba. Apenas completamos con “feriecita” entre papá y yo el coste de un taxi, y si se va de prisa posiblemente logre pagar el taxi de regreso ¿si no? Veré que hago. No definitivamente, no me puedo quedar aquí, pensando en ponerle una bolsa con hielo y untarle pomada. Llevo a Mibeba con mi suegra, llamo a un sitio, nos vamos y que Dios nos ayude.

3:20 p.m. Ingresamos por la puerta de urgencias, siento a Mija. Hay pocas personas antes que nosotros espero pasemos rápido. Voy a recepción, que les de la cartilla y la tarjeta ADIMSS, la de ella y la mía. Me siento y me hablan de nuevo. Doy los datos de la niña, me siento de nuevo. De rato le hablan  para revisarla. Pasamos ambas con el Doctor en turno, le manda hacer una radiografía, me tengo que ir a Rayos X, dejando a Mija solita sentada en una silla de ruedas que me ordenaron conseguir. Por suerte esta vez sí había disponibles. Dos señoras a punto de parir me miran con condescendencia. Pienso para mis adentros, que pronto estaré yo en su lugar.

El encargado de la papelería andará loncheando o en el baño o checando, que sé yo, pero tarda un buen. Cuando llega, velozmente atiende a la señora formada delante de mí y toma mi orden. “Tres puertas más allá al rato le hablan” me indica. Voy corriendo por Mija que estaba al principio del laberinto, ella insiste en darle sola a la silla de ruedas, está bien, porque la niña ya pesa mucho y yo con mi panza, no puedo esforzarme mucho. Me vuelvo a sentar a esperar. Y esperar. Y esperar.

Al fín le hablan a mi pequeña, debe pasar únicamente ella, yo no puedo estar en la sala de rayos X, le afecta al bebé. Al tiempo, sale Mija con la placa entre las manos, córrele de nuevo con el Doctor. Otro que salió al pipisroom, o al cigarrito o que sé yo. Se van acumulando los pacientes. Y esperar, esperar, esperar.

Según yo, todo estaba normal con la radiografía, tendría inflamada la zona y ya. Según el Doc, parecía una pequeña fisura. ¡oh, oh y recontra oh! Me da otros 2 papeles, que vaya al archivo para que me den vigencia y de ahí a Dirección, pase a la clínica de especialidades, a urgencias ¡De inmediato!

Vamos corriendo (es un decir, con la panza  y Mija en silla de ruedas no hay mucho que hacer) al mentado archivo. Me sellan, nos vamos a coordinación. Toco la puerta, varias veces nadie contesta. Y esperar, esperar, esperar.

Le pregunto a una de las asistentes si habrá persona alguna dentro del cubículo, me informa que ya se fueron, pero que puedo ir a Dirección (¡Chicles! Error mío, hice lo que la vez anterior, cuando se trataba de la posible operación del pie de Mija, me confundí de oficina).

De regreso al laberinto que son los apartados del IMSS, a buscar la Dirección, al otro lado del edificio. Pronto que me atendieron, me firmaron y sellaron. Ahora… ¿Cómo diantres me voy a la otra clínica con tan sólo $10.00 en el monedero? 😦

Le llamo a mi esposo, anda al otro extremo de la ciudad, apenas trae para los camiones.
Le marco a mi hermano, se encuentra trabajando en ciudad vecina.
¡diantres, diantres, diantres!
Le llamo a mi mejor amigo, quien además vive cerca de la clínica, no me contesta, insisto, no está en casa.
Le marco a otra amiga que vive por el rumbo, nada. No recibo respuesta.
¿A quién le llamaré? ¿Al Chapulín Colorado? O.o
Pienso en algunos tíos y primos, todos trabajan, no se localizan fácilmente, y me imagino que un tío sí pudiera, pero creo que se va a molestar.
Le timbro a mi mejor amiga, me contesta que está trabajando, pero que viene por mí, que la espere.
La panza, la tengo dura, dura como balón de futbol. En el área donde estábamos no había sillas, así que me estoy un buen ratote de pie, con las piernas súper inflamadas y cansada. Tanto que me dice Mija que sea yo quien se siente en la silla de ruedas y ella se recarga en el portabrazos. No, ¿qué tal si se le rompe más?
Me llama mi amiga, que tiene una junta, que saliendo pasa por mí. No me queda más que esperar, esperar, esperar.

Cerca había unas sillas medio escondidas, vamos para allá, yo otra vez, con dolor de cabeza, me siento y me empiezo a quedar dormida. Suena el celular, mi esposo me dice que ya va para la casa, que verá con quien consigue el dinero y que nos alcanza en el hospital. Y esperar, esperar, esperar.

Lo que son las cosas, se encuentra “por casualidad” con un cliente que le debe, éste trae dinero y le abona. “Ya voy para allá” escucho su voz en el teléfono. Mija cansada, aburrida y un poco adolorida, pero mu emocionada porque le iban a poner su “primer yeso”. 🙂

Le aviso a mi amiga que ya viene mi príncipe en camino, cabalgando en su fiel corcel a salvarnos de las fauces del Dragón. 😀

6:30 p.m. Ya estamos en la otra clínica, mi marido lleva a la niña cargada en brazos, lo pasan inmediatamente a urgencias en pediatría, mientras yo me formo en una fila de como 20 gentes. Acá parece que regalan algo, hay demasiadas personas ¿o algo pasó? dicen que balacera por la mañana y que muchos heridos. :S

Cinco minutos después y sin haber avanzado nada en la fila, aparece mi esposo, se lleva los papeles, me voy detrás de él. ¡De volada revisaron a Mija! Sí efectivamente, es una fractura ¿Fractura? ¿No era fisura? No, es fractura y necesita férula. Me toman los datos de la niña, que van a venir los “enyesadores” en cuanto se desocupen. Y esperar, esperar, esperar.

En esa espera, observo alrededor, bebés de meses con suero, una niña dormida en una camilla, su mami a sus pies, un pequeñito que casi se rebana el dedo con un ventilador, trae chorreado el pañal de sangre, su madre le trae en brazos, sumamente angustiada. Otra chiquita, con ataque de asma desde la mañana, apenas será nebulizada, es alérgica al Salbutamol, les indica su mamá… no pos Mija ta en la gloria, no ha necesitado medicamento, inyecciones, ni sedación. Platica con los doctores y con las enfermeras, lamenta no participar en el festival maternal y se preocupa porque mañana martes tiene su Concurso de Lectura.

Sin darme cuenta me quedo dormida cabeza con cabeza con Mija. Me dice papá que me vaya a casa a descansar, le digo que no voy a estar tranquila, pero tengo otra pequeña que atender y Minene reclama alimento, mi cabeza va a estallar, me duele todo el cuerpo…

8:00 p.m. Vuelvo a casa de mi suegra por Mibeba, ya había cenado y me voy a casa a bañarla y a tomarme algún analgésico. Me dice mi cuñada que le van a lastimar su pie, que la van a hacer llorar, que que bueno que yo no me quedé a ver eso. Logra angustiarme más de lo que ya estaba. Llamo a mi mamá que está muy intranquila, le explico todo lo que aquí escribí.

9:30 p.m. Mis dos amores regresan del hospital, Mija trae su férula, que no la lastimaron nadita me dice, a cenar y a dormir. La tendrá puesta las próximas 6 semanas, debe guardar reposo, no mojar el yeso y tomar medicamento si el dolor es muy fuerte. Las niñas se duermen, mi esposo también.

11:00 p.m. Lavo el uniforme blanco que había quedado negro con la caída y todo el paseo entre los hospitales. Lo usará mañana en el Concurso.

12:58 p.m. Termino de editar esta entrada, me despido dando gracias a Dios por todas sus bendiciones y por tantas Dioscidencias.

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Burocracia

Día 1: Jueves
6:45 a.m. Llevo a mi beba al IMSS para que la doctora la revise. Como no tenía cita tuve que llegar “temprano” para solicitar una. En realidad iba tarde, hay pacientes que están formados desde las 5:30 a.m.

9:30 a.m. Me informa la asistente que hay demasiados pacientes, le explico el motivo de mi visita, dice que hará lo posible por acomodarme el día de hoy.

10:00 a.m. Salimos por un jugo y un par de gorditas, yo no había desayunado aún.

10:20 a.m. Que la asistente me andaba buscando “por todas partes” (estaba sentada frente a ella) para decirme que venga mañana, que hoy ya no alcanzo cita. 😦

Día 2: Viernes
9:45 a.m. Hora exacta de la cita, debí presentarme 15 min. antes para confirmar, no lo hice. No me llaman la atención, en cuánto salga el paciente en turno me pasan.

10:20 a.m. Entramos, le explico, la revisa, teclea algo en la computadora, me da las siguientes instrucciones:

“Vaya a vigencia con estas hojas, solicite que se la sellen, luego pasa a dirección para que le firmen. Se regresa y por la primer puerta a la vuelta pide el pase a pediatría. De aquí se regresa a Laboratorio donde le darán cita para los análisis. Depende de lo que le diga el Pediatra puede ser que vuelva conmigo o que él mismo le dé tratamiento.”

Ok. Sí ‘ta bien. Entendí. Ya voy. Y sin anotar en mi libretita. 😦

10:30 a.m. Diez minutos le tomó a la doctora revisar a mi beba. Me formo en Archivo. Malas caras. Me piden las hojas, las perforan, hacen su búsqueda en el sistema, me sellan (a mí no, a las hojas), me entregan el expediente con el número de mi beba y su nombre. Siguiente parada: La dirección.

10:40 a.m. Una señora pasó caminando velozmente a mi lado y llegó primero que yo con la Directora. ¡Ouch! Arregla su trámite, se va. Le entrego las hojas, las revisa, las saca del broche Baco, las firma, las GRAPA, las vuelve a meter -menos 2- y me regaña:

-Esas hojas son las órdenes de laboratorio ¡No deje que se las archiven, va a perder la cita y luego ya no se las van a querer dar!

Me dice en un tono de voz alto y viéndome por encima de sus anteojos. Ajá, sale ¿y luego? No tengo ganas de discutir. Que tenga usted buenos días, me retiro.

10:50 a.m. La primer puerta a la derecha dice Pediatría. No  hay nadie ahí. Acá con la asistente están formadas unas 7 personas.

-¿Aquí se sacan las citas para pediatría?
-Yo creo que sí
-Me queo id a mi casita
-Yo también hija, yo también.

11:20 a.m. La señorita asistente andaba almorzando *Suena de fondo aquella pieza musical en voz de Chayanne que dice más o menos así: ¿Y qué culpa tengo yo? No, no, no, no… Dí ¿qué culpa tengo yo?* Tengo media hora de pie, y no me quejo nomás porque detrás de mí sigue una señora muy muy embarazada, a la cual nadie absolutamente nadie le ha cedido el asiento. Algunas personas están desde las 6 esperando sacar cita en especialidad, así que yo estoy en la gloria. Le doy las hojas, le doy el carnet de citas, me las devuelve de mal modo. Ahora hay unas 10 gentes formadas detrás de la señora muy embarazada. 😦

11:35 a.m. Ya me dieron cita para el miércoles ¡Qué pronto! A laboratorio. A formarse.

¿Porqué le dan la cita tan pronto? ¿Qué le dijo la doctora? ¿Usted se la pidió tan cerca? ¡No tengo lugar! ¡No tengo! ¿Es urgente? ¿Es ordinario? ¡Hay mucha gente! ¡Se la voy a dar para el lunes! Pero no van a estar los resultados, desde ahorita le digo que no van a estar ¿Qué se piensan esos de especialidades? ¿Qué tengo todo el tiempo del mundo? ¡Tardan 3 días!

Me siento un rato en la silla, meditando si no van a estar los resultados a tiempo ¿Me querrá ver a la niña de todos modos? ¿Y si los saco por fuera? ¡Pero no tengo el dinero! Si para eso era, no venía al IMSS, me hubiera ido directo al pediatra particular. De pronto me fijo en la hoja de cita que me dio: Fulana de tal 42 años ¡Achís! y me regreso…

-Oiga señorita, me dió una cita equivocada, por favor corríjala, fíjese bien en el número de afiliación.
-¿En serio me equivoqué? (No, yo con mis poderes mágicos la cambié, es que me fascina charlar con usted )
-Si vengo el lunes ¿Para cuándo estarán los resultados?
-El miércoles, yo creo el jueves
-¿Usted cree?
-A lo mejor (tal vez, puede ser, quién sabe -Capulina-)

11:50 a.m. Regreso con la asistente de Pediatría. Le explico lo que me dijo la de laboratorio.

-¡Pues entonces dígale a la del  Laboratorio que ella le diga para cuándo quiere la cita! ¡Que ella le diga! ¿Yo como voy  a saber? ¡Ella es la que debe de decirrrrr!
-Por eso, señorita, ya me dió la cita para el lunes, dice que los resultados están el miércoles a más tardar el jueves.
-¡¡¡Es que yo no le voy a estar cambiando la cita cuando ella quiera, aquí hay mucho trabajo!!!
-Entonces ¿Me la podría cambiar para el viernes?
-¿Sí me permite? ¡Estoy muy ocupada! ¿Qué no ve? (Sí, sí veo, como también ví los más de 20 minutos que estuve esperándola mientras usted almorzaba)
-Señorita:*ella aprieta los puños, se muerde la lengua y continúa*  ¿Sería tan amable de cambiarme la cita para el viernes?
-Permítame, tengo mucho trabajo.

Me entrega rayoneada la libretita con la cita modificada, casi me la avienta en la cara, para colmo, el ordenador la sacó del sistema de citas.

-¡Muchas gracias!

No contesta. Esta mentando mentas a la computadora.

Con lo cual nuestro diagrama burocrático queda así:

12:00 p.m. Todo en orden menos mis niveles de líquido biliar, vámonos a casa.

Día 3: Lunes

6:00 a.m. Levantamos a la bebé ¡A la nica!

-Ándale hija haz popó
-¡No, no queo! Hice pipí. Puda pipí.

6:30 a.m. El reloj avanza

-¡Siéntate a hacer, por favor! ¡Necesito esa popó!
-¿Pada que la quiees?
-¡Para que la estudie el doctor!
-¡No, poque la van a tidad al escusado!

6:45 a.m.  Ya daba por perdida la cita

-¡Mamá! ¡Ya teminé! ¡Hice popó
-¡Gracias hija!

7:15 a.m. En la fila de laboratorio, donde tengo que entregar las hojas, para que me den unas calcomanías que debo pegar en el frasco.

7:30 a.m. En la fila de las muestras, entregando el mentado frasco.

8:00 a.m. En casa.

P.D. Y todavía no la ha visto el pediatra.

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Danza en paz

Día 12
Me toca hacer guardia nocturna en el hospital. Mis hijas están con mi marido, así que vengo tranquila (relativamente hablando). Espero ansiosamente que den las diez de la noche, en el lapso de media hora es cuando el Doctor en turno sale a dar el informe del estado de mi mamá Gelo. Será una noche larga. Sé que no la veré, me conformo con saber cómo se encuentra.

Los minutos corren, al médico le hablan de urgencias, se va él y todos los demás doctores. Ignoro si terminaron turno o se van todos a emergencias, normalmente las noches de fin de semana hay mucha actividad. Voy y me asomo al cuarto: Monitores, Cables, Reportes sobre la mesa, ruiditos… no hay una sola enfermera ni un sólo médico a quien preguntarle. Me quedo viendo un ratito las hojas con datos clínicos así como el monitor desde donde se observa la actividad cardiaca de mamá.

Allá está ella, respirando ritmicamente, luce como si no estuviera. Veo su cuerpo, más su rostro no refleja emoción alguna. Es muy extraño. No me acero, no quiero alterarla, sólo verla. En casa me levantaba por las noches a verificar su aliento. Igual, pero diferente… no sé cómo decirlo.

Pasa mucho rato, regresan las enfermeras, les pregunto por mi mamá, me regañan, que no debo entrar, que el doctor me hablará y me dirá que pasa. ¡La dejaron sola por mucho tiempo! 😦 Quiero suponer es porque está estable. Grave, pero nivelada.

Me siento como contorsionista, olvidé traer algún cobertor, la refrigeración está muy alta y yo ya no sé de que manera enroscarme-estirarme en las sillas del área de espera. Dormí a ratos en las sillas azules.

Día 13
Ya amaneció, cambiaron de turno, llegó mi tía a suplirme y el Doctor ni sus luces. Le dejo la tarjeta de teléfono: –Llámame por cualquier cosa, cuando te den el informe- le suplico. Decido ir a casa de mi mamá, en vez de regresar a la mía, hay mucho trabajo por hacer y me queda más cerca por si quiero dormir. Quiero dormir, pero no tengo sueño. Traigo mucha inquietud. Me siento muy muy extraña. ¿Será el desvelo?

Mi mamá ya me mandó a dormir varias veces, no obedezco… ella se empieza a sentir mal: la cabeza, el estómago… sólo espero en Dios, confío en que no tenga una crisis.

La casa está limpia, la ropa lavada, ya me duché, desayuné, comí, las plantas regadas… Suena el teléfono, una vez más el corazón se me estruja… es la voz de mi tía: -¡¡¡Ya, ya, vente rápido, traete a tu mamá, ya!!! – me dice sollozando. ¿Ya qué? ¿Ya se murió? ¿Ya se puso más grave? ¿Ya se la dieron? ¿?

Tiemblo, no me puedo controlar, el corazón me quiere estallar… ¿Qué hago? ¿Qué hago? Le llamo a mi hermano, le llamo a mi tío, pido un taxi… Me llama mi hermano que viene por nosotras, cancelo el taxi… Vamos a toda prisa al hospital –Cálmate mamá, tal vez el Doctor sólamente quiere hablar con nosotros– le dice mi hermano a mi mamá. Seguramente cuando lleguemos, nos van a salir con lo mismo: Está grave, pero estable.

Llegamos, bajamos mamá y yo, nadie nos impide la entrada, el corazón se me sale por la boca, el elevador no abre sus puertas, subo corriendo las 4 escaleras… veo a mi tía con un gesto de dolor… me toma por los hombros, me sienta en la silla mientras me dice… ya falleció… ya falleció la están desconectando…

Sale mi mamá del elevador, ve su cara, ve la mía… lo mismo… ahí las 2 sentadas, nos paramos, nos volvemos a sentar, mi mamá está llorando abrazada a mi tía… cuando volteo de nuevo ya están mi hermano y mi tío al lado de nosotros. Algo nos explica mi tía, que sus pulmones estaban muy dañados y le pusieron sangre (¿otra vez?) porque la hemoglobina estaba bajando… que el doctor había salido informando: Hice todo lo que pude…

La trabajadora social nos da las indicaciones pertinentes, nos lanzamos mi hermano y yo a casa por algunos papeles y la ropa para mi mamá Gelo. Mi mamá siempre fue muy organizada, sabíamos donde guardaba el contrato de la funeraria y su acta de nacimiento. Al tiempo que mi hermano hacía unas llamadas, yo abría un cajón de la cómoda y los ví…

Ví a mi papá Amadeo, sonriendo feliz, sus mejillas chapeteadas, era él. Escuché su voz llamándola: -¡Chapa, mi Chapa!* Su mano derecha tomó la mano izquierda de mi Mamá Gelo. Mi mamá lucía más joven, su rostro resplandecía, sonreía dichosa… la tomó, la abrazó, comenzaron a bailar dando vueltas, entre nubes blancas y azules. Atrás de ellos las columnas que ya había visto antes.

 

*Mi papá le decía Chapa, Chaparra de cariño
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El Hospital III

Día 0
Mi mamá Gelo se disponía a disfrutar del partido del Santos en TV, le encendí el aparato, había una cliente en el cyber, yo estaba por meter a mi beba a bañar, mi mamá a su lado. De repente, me grita mi mamá con un tono de angustia que hace años no escuchaba: -Ven pronto!!!

Mi mamá Gelo comenzó a temblar… a convulsionarse… su cabeza se vino abajo… su mirada se perdió en el vacío… no podía hablar… apretaba los dientes… su piel blanca como el papel… no tenía pulso… los labios verdes…

Le hablamos, le gritamos, le dimos a oler alcohol, corrí por una vecina que sabe algo de primeros auxilios, poco a poco volvió a la “normalidad”. Dijo que la llevásemos con un médico, que le había bajado la presión.

Le llamé a mi tío que vive al otro lado de la ciudad, yo sin auto, prácticamente sin dinero, ella tiene su servicio médico en otra ciudad, así que lo único que se nos ocurrió fue llevarla con un doctor cuyo consultorio está cerca de mi casa.

– Efectivamente, le bajó la presión, le bajó el azúcar y está anémica. Dele una Coca.
– ¿Qué quéeee?
– Esto se debió a que pasó casi 2 horas en ayunas desde que le dió la pastilla para el dolor hasta que almorzó.

Luego, se sintió débil, inapetente, refería que le dolía la pierna que no estaba operada y las cosas volvieron a su lugar, excepto por algo… evacuó de color negro. ¿Sería la Coca? ¿La ciruela? ¿Reacción al medicamento?

Día 1
Levantándose le comenzó el asco, otra vez toda lacia. A oler alcohol y de rato ya estaba desayunando. Por la tarde fuimos a la rehabilitación. Terminó exhausta y adolorida. Su pierna y su cadera izquierdas, no la dejaban descansar. Se consiguió que le adelantasen la cita con su médico tratante.

Día 2
Casi sin apetito, mucho dolor. La baño y no muestra ánimo alguno. Ya no quiso ir a la terapia. Ya no volvió a levantarse de la cama. Sumamente decaída. Nada le calma ese sufrimiento. Pide a mi Padre que ya se la lleve.

Día 3
Le toca la cita, atravesamos las 2 ciudades que nos separan de la clínica que le corresponde… mi mamá Gelo se puso muy mala en el camino, ya no la pude bajar del auto. Le pedí ayuda a un guardia de seguridad, entre él y mi tío lograron sentarla en la silla de ruedas. Entré corriendo a urgencias, mientras empujaba la silla:  alguien atienda a mi mamá!!! les gritaba. En menos de 5 minutos, le habían puesto suero, sacado sangre para análisis (parecía agua apenas pintada de rojo), le hicieron la prueba de la glucosa… 2 minutos después mi mamá ya estaba acostada en una cama de la sala de emergencias, (¿a que horas le pusieron la bata?) con la mascarilla de oxígeno, con los electródos conectados, mientras 2 doctores y 4 enfermeras le rodeaban atendiéndola con tal premura y cuidado que no pude articular palabra alguna. En un momento, las piernas vendadas. ¡Dios! Eso es eficiencia.

Todo pasó muy rápido, un doctor me interrogaba a mí, otro a mi mamá, mi tío esperando afuera por noticias. El galeno le dijo a mi mamá que le llamara a todos sus hijos, hermanos y familiares, mi mamá Gelo venía muy grave, estaba a punto de morir.

¿Qué tenía? Presentaba sangrado y no sabían de donde provenía. “Coma diabético” dijo el médico. Lo negro que vimos aquel día, era sangre digerida y no sabíamos. ¿Porqué coma diabético si mi mamá no tiene diabetes? Ella padece únicamente de presión alta. En aquel momento, tenía 2 de hemoglobina, el azúcar se le disparó a 489, su presión bajó a lo mínimo, la urea presentaba sedimentos… agonizaba.

¿Porque no la llevaron a  urgencias? ¿Desde cuando sangraba? ¿Presentaba fiebre? ¿Le dolía el cuerpo? ¿Vomitaba? Me preguntaba el hombre de bata blanca mientras hacía anotaciones. Entonces, no la cuidé bien… entonces no me dí cuenta… entonces no debí llevarla a aquel médico… entonces yo tengo la culpa…

incompetente
incapaz
impotente
ignorante
imbécil

– Usted tiene que ir a comer, si no al rato la van a internar también– me indica el guardia que nos recibió. ¿De cuándo acá un perfecto desconocido se apura por mí? O.o

Para la tarde, ya estaba en Terapia Intensiva. Necesitamos donadores. De 8 a 10 donadores. ¿De dónde los voy a sacar?

Día 4
-Que vengas- dice mi mamá al teléfono – ya nos dieron permiso de despedirnos de ella.

Ningún taxista quiere llevarme hasta allá. Que amenazados, golpeados y robados. Que las balaceras. Mi mamita Gelo se muere. No voy a llegar. No voy a alcanzarla.

-Dios es muy grande, tal vez está sufriendo mucho, ya cumplió su misión, déjeme acercarla lo más al límite estatal- El taxista dándome palabras de apoyo hasta conseguir otro taxi al que transbordé.

Mi hermano, quien hizo guardia durante la noche, me recibe con los ojos hinchados de tanto llorar. Nos abrazamos.

Necesitan hacerle una endoscopia, pero no saben si la resistirá. Está por demás agotada. Sobrevivió.

Que hay demasiada sangre, no les permite ver cual es el órgano dañado, es necesaria la operación. Por su edad, la anestesia, la reciente operación anterior, no saben si la tolerará. Sobrevivió.

Muchos pacientes salen bien de la cirugía para morir en la sala de recuperación. En este caso, mamá fue llevada de regreso a Terapia Intensiva… donde sobrevivió.

Le retiraron parte del estómago y de intestinos ulcerados ¿Porqué? ¿Cómo? Nadie atina a decirnos la causa. Creemos es por tanto medicamento, tal vez el estrés, o la depresión, o… o…

Donadores… quieren donadores… si no pude conseguir 2 donadores para mi mamá , ¿Cómo obtendré más sangre para mi abue?

Llamadas a amigos, familia, vecinosTwitter, FaceBook, Messenger… Se busca sangre…

Día 5
Sigue perdiendo sangre… así como la transfunden así la desecha… Grave… llegaron donadores, 5 alumnos del Tecnológico de Lerdo, sólo aprobaron a 2. Ahora quieren de 10 a 15, que porque ya desfalcamos al banco de sangre. El Lunes hay puente. El fin de semana más largo de mi historia. El Sacerdote la visita. Familiares y amigos en cadena de oración. No sé como agradecer a cada uno.

Día 6
¿Porqué no la llevaron a urgencias? Todos los días alguien me hace esa pregunta. Todos los días me la hago yo también. Al grado que me he sentido culpable y responsable por todo lo que le ha pasado. Llorar no sirve de nada, lamentarse tampoco. “Si hubiera… si hubiera…” Hasta que algunas personas me hicieron abrir los ojos: hice lo que pensé en su momento era correcto. Es muy fácil para cualquiera venir y decirnos a mí y a mi mamá lo que debimos hacer. Ellos no estaban ahí. Ellos no la vieron.

Salgo otra vez afligida de mi casa rumbo al hospital. Mejor dormiré en casa de mi mamá. Mejor dormiré en cama de mi mamá. Así sentiré su calorcito, oleré su aroma y escucharé el teléfono si alguien llama.

A media noche marca mi tío, que súper urge donadores de plaquetas para el día siguiente. ¿Habrá alguna especie de súper 24×7 para solicitar préstamos del preciado líquido rojo? 😦

Día 7
Dono mi sangre para las plaquetas, junto con la cuñada de mi prima y su sobrino. Me siento llena de vida. Es la primera vez que lo hago. Todo bien, salvo que hice bizcos mientras charlaba por el celular de mi marido. Me aceptaron mi sangre. Estoy feliz. 🙂

Otro guardia ya mayor, comparte conmigo su almuerzo: tacos de chicharrón en salsa verde con frijoles. Mientras espero por mi plato de Corn Flakes y un mini plátano que el hospital amablemente me proporciona, le hinco el diente a los taquitos con doble tortilla. 😀

Que no cuentan con el aparato que separa las plaquetas de la sangre, que lo van a hacer manual y se tardan varios días. Ya no estoy tan feliz. 😦

Día 8
Mis tío busca opciones particulares, para el mentado aparatito ese, costos elevadísimos, pero que con un donador lo hacen rendir por 10 paquetes de plaquetas.

Llamo a diferentes estaciones de radio, en la televisión no me contestan, sigo mandando mails, haciendo llamadas, tuiteando, suplicando ayuda. Muchos quieren apoyar, no pueden. Toda la familia movilizada, corriendo, llamando, buscando, orando, cuidando…

Ella está luchando por su vida, pone de su parte, no quiere irse aún… sin embargo sufre… aun sedada siente.

Muy noche me marca mi tío: ya se consiguieron las plaquetas, no fue necesario pagar, se las ponen mañana.

Día 9
Sufre paro cardiorespiratorio. Su corazón dejó de latir. El mío también. Le estabilizan y una vez más: (lo vuelvo a escribir) Sobrevivió.

Quiero ir con ella, cada vez que me dispongo a partir, llegan clientes, me mareo, me llaman… parece que alguien no quiere que salga de casa. ¿Y si voy, que haría? ¿De que serviría?

Estoy en stand by. Ni lloro, ni río, ni imagino nada. Sólo espero. Espero una llamada.

Día 10
Corren los primeros 60 minutos de este día. Escribo esta entrada para mantenerme despierta, aguardando escuchar noticias al otro lado de la línea. En manos de mi Señor está.