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Corazón Partío

TeddyBearHeadAche

MiNene agarra mucho vuelo para dar el primer paso. Su espalda se curva un poco hacia atrás, levanta los pies como quien no quiere ensuciarse las suelas de lodo, la cabeza se va de lado (¿No será de Pénjamo?), la sonrisa también.

Sus zapatos como que le pesan, eso o aun no coordina bien sus movimientos al caminar. Se resbaló, era poca la distancia entre su cara y la esquina de la pared, ni siquiera tuvo oportunidad de meter las manos, el filo le abrió la frente… le recogí de espaldas, al voltearlo la sangre brotaba profusamente, escurría por sus ojos, nariz, le cubría la boca.

Casi le aviento mi criatura a MiEspo, salí disparada a buscar un pañuelo, mientras él lo limpiaba con papel higiénico, ¿se tumbó los dientes? ¿se rompió la nariz? ¿aún son dos ojos? ¿a dónde lo llevamos? ¿Al IMSS, a la Cruz Roja, al Hospital Infantil?

A falta de hielos en el congelador, tomé un boli de uva, lo envolví en el pañuelo, a presionar la herida.

Llamamos a un taxi, nos llevó rápidamente al Hospital Infantil, aun siendo derechohabientes del IMSS no quisimos ir a pelearnos por los trámites burocráticos y que nos dejen esperando cuatro horas para atender una herida aparentemente leve pero escandalosa. La Cruz Roja es una opción más económica, sin embargo, cuando llevamos a MiBeba morada por la falta de oxígeno tardaron un buen en socorrerla.

Inmediatamente entrar, lo revisaron y entre cuatro personas lo sujetaron. MiNene no estaba asustado, estaba súper enojado, no quería que lo tocaran, ¡¡¡dzl dzl dzl !!! gritaba con fuerza, apretaba los dientes, me hablaba: ¡Mamá, Mamá!, en tanto yo iba a pagar la consulta y de rato las radiografías y gasas.

No se encontraba la señorita encargada de hacer las tomas, después de mucho se apareció, sólo para volver a desaparecer, que estaba ocupada. Cuando al fin se desocupó la susodicha (lo cual agradezco, porque tuve oportunidad de amamantar a MiNene y calmar un poco su dolor -y el mío-) se entretuvo otro rato en encender el aparato y alistar lo necesario. Dos tomas, una espera, hay que repetir una de ellas, la mamá de la criatura no lo sostuvo bien y salió movida. 😦

“No tiene fractura ni nada grave señora. Cuide que no se le mojen las vendoletas, se le caerán entre cuatro y diez días. No le unte nada, no le ponga nada, no le exprima nada. Puede que le supure la herida, en cuyo caso tendrá que regresar. Paracetamol, un gotero cada seis horas en caso de dolor.” 

MiNene observaba muy atento al Doctor, con sus ojos abiertos como platos, serio, serio. Al finalizar sus explicaciones, mi niñito le extendió la mano al galeno y les dijo adiós a la enfermera y al practicante.

P.D. Estoy pensando muy seriamente en comprarle un casco, rodilleras y coderas; nomás para andar en casa.

P.D.2 Cuando pasan este tipo de cosas, suelo pensar:

  • Como de un momento a otro ocurren los accidentes. Ésta vez no fue grave, pero pudo haberlo sido, si presentase síntomas como convulsiones o pérdida de razón, ¿O qué tal si le hubiera reventado un ojo? ¡Qué se yo! Tengo la mala costumbre de imaginar “lo que pudo pasar” y ahí es cuando me pongo a llorar como Magdalena.
  • Pienso que, es tan solo un corte en su piel, y le duele y me duele tanto verle llorar. Si una herida pequeña es causante de semejante dolor, no puedo siquiera imaginarme a todos esos pequeños maltratados, mutilados, golpeados hasta morir, por quienes se suponen deberían velar por su integridad y bienestar, ¿Cómo es posible?
  • Bendita lactancia, basta con ver los ojitos de amor de mi pequeño para comprender, que el dolor no desaparece, pero se hace más tolerable, en los pechos y brazos de mamá.

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Semana 39

Bien, se llegó la semana 39 y MiNene está tan a gusto que no ha querido salir del nido. O llegar al nido. O volar al nido. Como sea.

Estos días han transcurrido entre mucho sueño, mucho cansancio, arranques repentinos de energía, ganas de llorar y sobre todo, preocupación, por lo del bajo nivel del líquido amniótico. Así, consejos por aquí, consejos por allá, he tomado muchísima agua, otros líquidos, le bajé a la sal en las comidas, caminé de nuevo, poco ejercicio (a gatas y otros).

Extrañamente he dormido más por las noches, aunque me levante seguido, el rato que duermo descanso bastante, cosa que no pude hacer en mis embarazos anteriores. Y si me pega el sueño a las 12:00 p.m. o a las 3:00 p.m., pues voy y me recuesto, 20 minutos o más… y a seguirle.

Noté que hoy ha estado muy tranquilo, así que antes de ir al doctor le hablé, le dije que si ya estaba listo para nacer hoy, empezó a moverse de nuevo como diciendo que sí y lo sentí contento. ¡Mi ángel hermoso!

Llegué temprano con mi Ginecólogo, fui la segunda en pasar, me hace el ultrasonido y me dice que la placenta está madura en grado 3, que es normal por mis semanas. Que ya no tiene circular de cordón (el cordón umbilical enredado al cuello); está encajado y por eso es que he sentido menos movimientos. Sí se mueve, pero más suave y esporádicamente. El ritmo cardiaco está muy bien, la irrigación también. Yo sigo con mi presión normal, pese a que estoy súper inflamada por la retención de líquidos, gracias a Dios no he sufrido de Preclampsia, todo ha transcurrido tranquilamente (si así pudiera decirlo, a excepción de lo que usted ya ha leído por aquí).

Me dice también que ahora hay más líquido que la vez anterior, que estamos en el límite, pero que le da mucho gusto que se haya generado más de lo esperado. 😀 Todo sigue apuntando a parto, me hace tacto (¡ouch!) y… me encuentra con 3 de dilatación. Confirma, efectivamente, MiNene ya no tiene circular de cordón, el parto es inminente, de hoy al domingo.

¿Qué sigue? Esperar las contracciones, el desecho del tapón o el rompimiento de la fuente, lo que ocurra primero. De mientras sigo “partida en dos” con mis dolores lumbares.

Que repose, descanse, duerma, ponga los pies en alto y me cargue de energía para lo que viene :).

Aún así, si no me aliviase, me da otros 8 días, no quiso desprenderme las membranas, prefiere que la naturaleza siga su curso. Lo único malo, es que si nace este fin de semana, él no me atendería porque estará fuera de la ciudad. Sin embargo, el apoyo que me ha brindado todo este tiempo y sus palabras de aliento me conforman.

“Hermanita todo estará bien con usted, Dios le ha demostrado que está de su lado y así seguirá. Bendiciones para usted, sus hijas y su marido, verá como todo va a salir bien. En manos de Dios estamos”.

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Semana 38

Ayer me tocó consulta con mi Ginecólogo particular. Estamos en la semana 38 ya. MiNene aún no encaja, pero ya está abocado. Resulta que el líquido amniótico es cada vez menos, suficiente pero ya muy poco. La placenta muestra signos de maduración, dice que no le preocupa tanto (en mis embarazos anteriores se me calcificó) como el nivel de agua.

Mis síntomas: fuerte dolor lumbar (como si me partieran en dos), palpitaciones en el bajo vientre y dolor vaginal (MiNene abriéndose camino). Tengo contracciones de Braxton Hicks, de momento me paralizan y luego sigo como si nada. Hinchazón generalizada, sigo con la retención de líquidos. Mi presión está bien, no tengo cefalea, ni sangrado. Veo gente muerta… digo, no, no, veo manchitas oscuras. Me dice el doctor que esté atenta por si veo manchitas brillantes. Pues hace 8 días sí ví, una única ocasión. 😦

Espero el martes los resultados de los últimos análisis que me practiqué, ese mismo día toca revisión con el Ginecólogo del IMSS (el de las cáscaras de nuez).

Bien, volviendo a mi Gine particular, me dice que el corazón y ritmo cardíaco de MiNene están en perfectas condiciones, que tiene buena movilidad y buenos reflejos. Que si no me he aliviado durante la semana me verá el próximo viernes, para evaluar los niveles de líquido y maduración placentaria… (aquí me suena a que tal vez, me vuelvan a provocar el parto). Es decir que estoy en días de conocer el rostro de MiNene.

Que repose, que no haga esfuerzos, que traigo un poco de anemia -normal en las últimas semanas-. La panza, muy, muy abajo. De hecho, ando con faja estos días.

Una buena noticia fue que le renovaron el contrato y está laborando en la misma clínica del IMSS donde yo me atiendo, sería cuestión de “coincidir” y que me tocara aliviarme dentro de su turno, lo cual sería una bendición, aunque me dice también que, sólo son 2 ginecólogos atendiendo a más de 40 internadas, urgencias, partos, cesáreas y consulta.

A decir verdad, los doctores que me han tocado en mis partos han sido buenos, las pésimas son las enfermeras. 😦

Entonces en eso quedamos. Estoy en días. No sé si serán 14, 10 ó 3. Falta poco.

P.D. MiBeba le dice a MiNene: ¡Ya encájate hermanito, para que nazcas! 🙂

Acá más información:

Semana 38 ¿Qué está pasando?

Semana 38: El Milagro de 9 meses

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Entre Doctores Te Veas

El Pie

¿Recuerda que Mija se fracturó su pie izquierdo allá por Mayo? Le dieron 6 semanas de yeso. Pasado ese tiempo y unos 5 días más, le dieron la cita con el Traumatólogo del IMSS. Era viernes, llegamos a tiempo al hospital, la asistente estaba atendiendo una fila de 3 personas hasta donde yo estaba. De pronto se levantó y se ausentó cosa de 15 – 20 min. Cuando volví la vista atrás, había por lo menos unas 10 gentes en formación. Regresa, atiende rápidamente a los 2 delante de mí, me regaña por haber llegado tarde… le explico que Mija, la pobre apenas pudo avanzar con su yeso y su andadera, desde donde nos dejó el taxi, atravesando el mega frente del hospital, hasta el consultorio (Sudó la gota gorda). En fín, después de mi regañada, me dice que me siente que ellos me hablan. Lo único que me pidió es la tarjeta de citas y la vigencia de derechos.

Casi dos horas después nos hablan. Más bien, Mija desesperada, comenzó a tocar la puerta, hasta que nos abrieron y llamaron. Entramos al minúsculo consultorio, apenas con una silla para el paciente.

-¿Qué le pasa a la niña?- Pregunta. Le explico el rollo.
-¿Dónde está la radiografía y la hoja de envío?
-¡CHICLES! ¡No las traje! (Cuando saqué la cita, le pregunté a la asistente que debía llevar para la revisión, me dijo que sólo la vigencia y la tarjeta de citas, ¿la radiografía no? No, nada más lo que le estoy diciendo)
-¿Y cómo quiere que la atienda? ¡Tengo que ver los rayos! ¡Debo leer la hoja médica! ¿Dónde los tiene? (segundo regaño, este sí lo merecía)
-En la casa (También mi abuelita tenía). Déjeme ir por ellos, vivo cerca, me tardo 15 min.
-No, yo salgo en 20 min. Véngase el próximo Martes a las 9:00 a.m. con esos papeles, no saque cita, viene y me toca.

¡GRRR! ¡Que mala pata la mía! ¿Cómo se me olvidaron esos papeles? Tanto para nada. Salí fúrica del lugar, murmurando no sé que diantres, cuando Mija me dice tan fresca:

-Entonces, ¿Nos vamos al cine?-

¡Ay Diu! Yo echaba chispas, ella tan contenta…

Pues bueno… se llegó el Martes, estábamos media hora antes, para que no nos fueran a regañar otra vez. La asistente, de nuevo no estaba en su lugar. Tardó media hora en volver. Le explico la onda, me dice que vamos a ser las primeras en pasar, que en cuanto llegue el médico ¡sobres de él! Sale.

Cada una leyendo un libro. Y nos dieron las 9 y las 10. Y el doctor ni sus luces. Al fín llegó y el mismo cantar. El tic tac del reloj poniéndonos cada vez más ansiosas. Ahí va de nuevo Mija, a tocar la puerta. Luego yo, luego ella, luego yo. ¿Pues que tienen? Allá a las cansadas nos abrió. Entramos, Mija se sienta en la única silla disponible. Le explico al doctor que fuimos el viernes anterior y lo que había pasado. Me pide la hoja médica, la lee, me pide la radiografía, la examina.

-¿Ya ve? Aquí dice que se fracturó el pie, yo creí que era la pierna. ¿Cuánto tiempo le dieron para el yeso?
-6 (largaaaaaas) semanas. Ya se pasaron y ya va otra más.
-Por eso, ¿Cuánto tiempo es?
-¿? O.o Un mes y medio
-¿Desde cuando?- levantando cada vez más la voz
-(Pus ¿qué no ta leyendo la hoja médica?) Desde el 7 de Mayo
-Ya pasaron las 6 semanas, ya quítele el yeso (sin voltear a ver a Mija, sin preguntarle nada, sin revisarle nada, sin mandarle hacer más radiografías)
-Pásele al lado, dígales que digo YO que le retiren el yeso. Que se incorpore a sus actividades de a poco. Adiós, adiós adiós.
-¿No le va a mandar a hacer radiografía para confirmar?
-Adiós, adiós, adiós.

Y mmmh no, no le mandó hacer nada. Ahora a esperar a que el chamaco quita-yesos pone-inyecciones se desocupe. Otra media hora y más. Mija tenía mucho miedo que la lastimaran, afortunadamente el hombre lo hizo con cuidado. Me dió indicaciones para curar una pequeña herida en el empeine, la piel estaba “descarapelada” como decimos, y la pierna más flaca. Al fín ya le habían quitado el yeso, regresábamos a nuestra rutina.

Pero ella se seguía quejando de dolor en el pie. Me daba miedo que tuviera algún punto sin soldar. Fuimos las dos de nuevo al IMSS a sacar cita, ya sabe, hay que estar ahí mínimo a las 6:00 a.m., poner su carnet en el mostrador, esperar a que la srita. de las citas llegue después de las 8:00 a.m. para que la doctora comience a consultar entre 9:oo a.m. y 10:00 a.m.

Pasamos y la médico general nos atendió. Otra que, teniendo a la niña en frente, me pregunta a mí que le pasa. De muy mal modo aceptó mandarle hacer otras radiografías, las cuales le tomaron… 19 días después de haberle quitado el yeso. #Plop

Hubo que esperar otra semana para que el médico general me hiciera la caridad de leer la radiografía, “ya soldó” me dice, sólo si siguiera con dolor la vuelve a traer para revisarla. 😦

Los dientes

Desde mediados de Noviembre del año pasado Mija se encuentra en tratamiento con el ortodoncista. Le montaron un arco lingual y un arco extra-oral para corregirle la mandíbula superior. Cada mes la llevo a revisión.

Era un sábado, que empezó a quejarse que le dolía la encía. Luego el domingo, que le dolía la muela. La revisé y ví que tenía muy inflamada la encía. Recordé a mi prima a cuyo hijo también en tratamiento, se le encajó el arco y tuvieron que retirárselo. Entonces, la llevé el lunes, de urgencia. Su dentista estaba ocupado, así que la atendió la doctora de guardia. Le quitó el arco lingual, que porque se había desprendido una parte de la encía y ahí se le estaba acumulando la comida, por eso le dolía. En su opinión, el trabajo ya estaba hecho y no veía motivo por el cual seguir dejando el arco, pero que de todos modos, preguntáramos a su Dentista. Mija descansó.

Martes y Miércoles, MiBeba se estuvo lamentando, que le dolía la muela y que le dolía la muela. La verdad no hice mucho caso, porque lo decía con una sonrisa en la boca y luego se iba tan campante a jugar y no volvía a mencionar nada durante el transcurso del día.

El jueves tenía Mija su cita mensual con el dentista. Aproveché a llevar a MiBeba, también como urgencia, porque pensé: “si no la atiendo y tiene de verdad algo, empeorará.”

Revisa a Mija su dentista y sale y me dice, un poco molesto, que no debieron quitarle el arco, que trae inflamada la encía porque la muela le está terminando de brotar, que era cuestión de mantener limpia el área y que ahora no podrá ponérselo hasta que termine de desinflamar. Que la otra dentista no sabe ni el porqué del tratamiento, ni sabe cuánto tiempo llevamos con esto. Si le retiro por completo el arco, lo que hemos avanzado se perderá, los dientes se volverán a empalmar y no habrá servido de nada todos estos meses. 😦

¿Y MiBeba? La atendió otra dentista de guardia, que inmediatamente me dijo que lo más seguro, era que MiBeba estaba imitando a Mija (en lo que yo estaba de acuerdo) pero de todos modos la revisó muy bien, le sacó dos radiografías para corroborar que no hubiera caries, comida o algo molestando. Efectivamente, no encontró nada, al contrario, la felicitó por su buena higiene dental, todo bien, ni sarro siquiera, sólo una muelita que no ha acabado de brotar, pero que no representa mayor problema, porque ni inflamada, irritada o lastimada estaba. Para calmar sus ansias le dijo que había encontrado un gusanito y que se lo quitaría con el cepillito mágico. La otra feliz, porque al final le regalaron unos globos. 🙂

Y todo esto en un lapso de ¡2 horas y pico!

La cabeza

Estábamos en casa, puse a mis hijas a limpiar su cuarto. MiBeba limpiaba una cocinita de juguete y de rato fue conmigo, diciéndome que le dolía la cabeza y los brazos. Pensé que era un pretexto, siempre que la pongo a limpiar me sale con que está cansada, de todos modos lo hace. Ahora fue diferente, le dije que se fuera a acostar, pero que no podía ver ni TV ni PC hasta que terminara la limpieza. Se fue y no hacía ruido alguno. Después de mucho rato fuí a revisarla, yo me sentía realmente mal, mareada y con mucho sueño. Pues anda, que MiBeba yacía en mi cama inmóvil. Ardía en fiebre. ¡Oh Dios! Inmediatamente le puse pañitos en la cabeza, las axilas y la panza. Le dí paracetamol. Se le calmó. Ahora se quejaba de dolor en la panza. Pasó la tarde alicaída. Al día siguiente la llevé al pediatra. Ya sabe, la espera de 2 horas reglamentaria. El Pediatra (nuevo) la trató de maravilla. Que traía parásitos (¿todavía? Acababa de darle tratamiento), más medicamento. Que está en el promedio de peso y altura, que no me apure si no come, que está bien en su desarrollo. Bueno, no pasó del susto. A pagar consulta y medicinas.

El bebé

Cuando estaba embarazada de MiBeba, me atendía en el IMSS y en particular. En el servicio público me vió un par de veces la médico general y me envió a materno-infantil, a donde iba yo cada mes para que me midieran la panza, me tomaran la presión, me dieran vitaminas y ácido fólico, me checaran las vacunas (me pusieron la del tétanos), me dieran alguna platiquita leve de los cuidados durante el embarazo, trípticos y más trípticos y, a que me regañaran cada vez por no querer ponerme el aparato. 😦

Me fijé en otras pacientes, que les llamaban la atención por no acudir a materno, inclusive a varias se les ha negado el servicio a la hora del parto, porque no encuentran su expediente (ya que nunca fueron a consulta).

Con esos antecedentes, en cuanto le dieron el alta a MiEsposo, fui rauda y veloz a activar el servicio. La primera vez la doctora ni caso me hizo, me dió cita en un mes. La segunda vez le dije que me sentía bien, pero que quería ácido fólico, vitaminas y hierro. Me mandó hacer exámenes para poder justificar lo que yo le estaba pidiendo. Salí con un poco de anemia y entonces ya, la tercera vez sí me dió los complementos. La cuarta vez me mandó de nuevo a hacer análisis, aquella vez que me sacaron 5 frasquitos de sangre; al llevarle los resultados me dijo que la química de mis estudios estaba MUY ALTERADA (¡Realmente ando muy mal en su opinión!). Le pregunto si no me va a pasar a materno-infantil.

-¿Ya la está viendo el ginecólogo?
-¿Cuál? Usted no me ha enviado y ya me falta menos de 2 meses para aliviarme
-Hágase otros análisis y un ultrasonido y con esos se va para allá

Omitiré una discusión que tuvimos por el trámite que hay que hacer para poder ir con el especialista (que la vigencia, que la autorización, que venga, que vaya, que la cita con la asistente, que aquí no, que allá sí), la verdad no quiero recordar el coraje. Lo único, que hasta este punto se le ocurrió revisarme, para medirme me apachurró el vientre, me tomó la presión de muy mal modo. Me estaba acompañando Mija, a quien había llevado por lo de la radiografía que expliqué párrafos arriba. Poco le faltó a la doctora para darle un manazo y sacarla del consultorio. Es que Mija pregunta: ¿Esto para qué es? ¿Cómo se toma la presión? ¿Me puedo pesar en la báscula? ¿Para que son estos frasquitos? Por lo regular, la mayoría de los doctores contesta sus dudas y hasta la felicitan por ser curiosa. Más, esta doctora no, la callaba y le hablaba de muy mala gana. 😦

¿Sabe cuánto tiempo había pasado, desde que llegamos hasta que salimos? La friolera de casi 4 horas. ¡Cuatro horas en el IMSS, con una niña de 10 años, los sanitarios descompuestos y un hambre de los mil dem…!

Extrañamente, me citaron a la semana con el Ginecólogo del IMSS. Igual, llegué temprano, me reporté, discutí con una señora muy embarazada que me quiso robar mi lugar en la fila (¡Mah! ¿Pos esta?), me senté a esperar y a esperar y a esperar, me acabé varios capítulos de la novela que estaba leyendo. Ya me estaba quedando dormida y comenzaba a perder la esperanza que me atendieran ese día, cuando escuché mi nombre. Llevaba esperando desde las 8:20 a.m. y ya eran las 10:40 a.m.

Entro y el Doctor y la enfermera en pleno chismesazo: “Y luego, salió todo agitado y sudoroso del cuarto de máquinas. ¿Pues que no tendrán para el hotel? ¡Todo mundo se enteró! Y hace como si nada pasara”

-¡Cof, cof, cof! Buenos días doctor.
-¡Ah! Sí, siéntese.

El Ginecólogo pela y pela nueces, con toda enjundia, seguía platicando las aventuras erótico-amorosas de no-sé-quien con no-sé-cual. El escritorio, lleno de cáscaras. Mientras la enfermera le seguía el cuento, me toma la presión, me jalonea el brazo, dije: ¡ésta me lo va a dislocarrrrsh!, me lo avienta, me pesa.

-¿Cuántos años tiene? ¿Cuál es la fecha de su última menstruación? ¿Cuántos partos ha tenido? ¿Se mueve el bebé? ¡Súbase para revisarla!

Respondo a sus preguntas, volteo hacia la camilla… estaba repleta de cáscaras de nuez. Miro con reproche a la enfermera, aquella se sonroja un poco, sacude con su mano la camilla y dice: -¡Listo!

¿WTF? Al menos en materno-infantil tenían la decencia de cambiar la telita que cubre la camilla con cada paciente. En fin, me subo, nadie me ayuda ni a subir, ni a acostarme. Viene el médico, otra medición de panza, me furgonea buscando el fondo uterino y la cabeza de MiNene. Dice que ya está encajado, que todo está muy bien, que voy para parto. Me auxilia para poder reincorporarme, me da fecha de parto: 28 de Agosto. Así de seguro está. Guarda silencio unos momentos.

-Bueno, véngase en un mes y entonces le digo si será parto o cesárea- O.o
-¿Ya se va a operar señora?- Cuestiona la enfermera
-No- Contesto categórica
-¿Porquéeeeeeeeeee? ¿Qué no ve que es de alto riesgo? ¡Por la edad! ¿Qué tal si vuelve a quedar embarazada? ¡Opérese señora!
-No, no me voy a operar.

¿Qué si vuelvo a quedar embarazada? ¡Pues Bendición del Señor será! ¿Opérese por vieja? ¡Oh, pérese usted señorita! (otra más a la lista de las cosas que quise contestar y no contesté). Pues si el Ginécologo no me dijo nada, no sé porque las enfermeras siempre insisten e insisten. De hecho, en el embarazo anterior tuve que firmar un papel para que NO me colocaran el DIU, ni me operaran, ni nada.

No me manda hacer análisis, ni ultrasonido. Nos vemos en un mes. Duración de la consulta: cinco minutos. Ta’ bien, seis minutos.

Y exactamente, a la semana, de nuevo con la médico general, quien para mi sorpresa, se jubiló. ¡A ver quien me toca ahora! ¡PUF! Un doctor, jovenazo, que se la pasó con el celular desde que entré, tratando de conseguirle unos medicamentos a algún amigo(a). Después de 10-15 minutos de conversación cuelga. Y yo ahí de adorno.

-¿Viene a consulta por el embarazo?
(No, vengo porque en mi casa me aburro y tengo mucho tiempo para perder…) Sí, vengo por lo del embarazo :S
-¿Cuántos años tiene?
-40 (¡Tsssss! Anticipo un regaño de esos)
-¡Es de alto riesgo! ¿Sí sabe verdad? ¡Es de alto riesgo por la edad!

Así, a ojo de buen cubero. Sin verificar mi historial (porque hace más de un mes que no tienen sistema en el IMSS, no pueden ver historiales, no pueden imprimir recetas, no pueden dar cita para análisis, ni citas generales, ni nada), sin preguntarme si he sangrado, si he tenido abortos, si he estado enferma, presión alta, diabetes, problemas pélvicos, ETS, si fumo, si bebo, si me drogo, si escucho reggaetón…

Me toma la presión. Infla tanto el aparato, que siento que el brazo me va a explotar. ¿Seré muy exagerada? El velcro comenzó a desprenderse, se estaba abriendo ¿Cómo ve? No me dice si estoy bien, si estoy mal, si ya me morí. Me ordena subirme a la camilla, aquí vamos de nuevo.

Me mide el vientre. Me entierra literalmente las puntas de los dedos, por arriba y por la parte de abajo. ¡Ouch! Ya me dejó chato a MiNene.

-¿Molesta un poco?
-No, no molesta. Duele mucho.

Por una le entra y por la otra le sale. Quiere escuchar el latido de MiNene con tan sólo el estestoscopio, así que me lo coloca en la panza y casi  me lo entierra arriba del ombligo. Empuja tres veces y yo siento que me va a romper la piel. Igual, no me dice nada, si lo oyó, si está bien, si está mal, si lleva ritmo cumbianchero o de balada pop. De nueva cuenta, no me ayuda a levantarme, me lastimo en el proceso. Ahora sí me duele todo mi redondo y embarazado cuerpo. Se limita a mandarme hacer más análisis, un ultrasonido y nos vemos en un mes.

-Ya sabe que tiene que venir a URGENCIAS si le duele la cabeza, si siente mareo, si sangra como de regla. Y más porque usted es de alto riesgo.

Mire, salí toda apachurrada, de todos los doctores y ginecólogos que me han visto en este embarazo, es el primero que me dice que soy de alto riesgo. Pues sí me preocupó, pero deje usted eso, la furgoneada ¿Quién me la quita? Bueno, hasta la cabeza me dolió. Tanto así, que tenía cita por la tarde con mi Ginecólogo particular y ya no fui. Me sentí fatal, pasé la tarde en cama. No sé porque tenía que clavarme los dedos. Creo que hasta al niño le dolió, se sentía triste.

Me dieron cita para el ultrasonido el siguiente jueves. Debía estar a las 8:00 a.m., llegué cinco minutos después y ya había bastantes personas en espera. Resulta que a todo(a)s nos citaron a la misma hora, así que, los que ya sabían la movida, llegaron por ahí de las 6:00 a.m. y otros a las 7:00 a.m. ¡Uh! Estuve aproximadamente hora y media de pie, mientras que otras señoritas jóvenes, hombres y hasta una bebé ocupaban los asientos. Pero no me queda quejarme, había ancianos con andadera sin asiento. 😦

Me pasan, me acuestan. Me bañan en gel (tuve que usar 5 servilletas de papel para limpiarme posteriormente), me sangolotean el bajo vientre, MiNene se niega a moverse. Que traigo infección, dice la señorita. Otra que me lastima. Eso sí, el aparato es de lo más moderno, la atención es de cavernícolas. Me tengo que esperar para los resultados, en tanto, entablo conversación con una señora. El niño se mueve todo contento. Me dice: “Hay que armarse de paciencia, señora. Fíjese en cuánto nos saldría por fuera un estudio de estos. Todo sea por ahorrarnos unos cuantos pesos.” Pues sí, tiene razón. ¿De qué me quejo? Tantas personas que no tienen acceso a los servicios médicos, y, simplemente, no cuento con el dinero para estarme haciendo tanto análisis y estudios. De cualquier modo, no por eso, dejan de ser groseros y actuar como si le hicieran el favor a uno. Tampoco es gratis, digo yo, bien que le descuentan a uno de su trabajo. 😦 Me entregan el resultado, dice que MiNene trae circular de cordón.

Al siguiente día, me fuí con el particular (no me fuí con él, fuí a verlo pues), le llevé el resultado y me dice: no se preocupe, así como al rato se desenreda, se vuelve a enredar. Mientras no se encaje, no hay problema. Y su niño no se ha encajado aún. Se me hace que no llegamos a Septiembre. Su bebé está muy bien (haciéndome el ultrasonido), la placenta, el líquido amniótico, todo en orden. Tampoco trae infección, ni es de alto riesgo. Todo apunta a parto, no se apure, el de arriba está con nosotros. Nos vemos en dos semanas. 😀

Así he andado desde hace un más de un mes:

  • Jueves 11:00 a.m. Odontología Mija
  • Lunes 7:00 a.m. Análisis YoMera
  • Martes 6:00 a.m. Medicina Gral. YoMera, recoger medicamento suegra
  • Viernes 11:00 a.m. Ortopedia Mija
  • 5:00 p.m. Ginecología YoMera
  • Martes 9:00 a.m. Ortopedia Mija
  • Viernes 6:00 a.m. Medicina Gral. YoMera y Mija
  • Jueves 11:00 a.m. Odontología Mija (le cancelan la cita)
  • Viernes 9:00 a.m. Ginecología YoMera
  • Domingo 10:00 a.m. Radiología Mija
  • Lunes 9:00 a.m. Odontología Mija
  • Miércoles 9:00 a.m. Pediatría MiBeba
  • Jueves 11:00 a.m. Odontología Mija y MiBeba
  • Viernes 11:00 a.m. Medicina Gral. YoMera
  • Jueves 8:00 a.m. Ultrasonido YoMera
  • Viernes 5:00 p.m. Ginecología YoMera

¡Esquina bajaaaaaaaan!

P.D. Dicen por ahí que estamos de vacaciones. Estoy dudando de ello. 😉

Publicado en Personal

¿Qué Tanto es Tantito?

12:00 a.m. No me acordaba que tenía análisis de sangre y orina dentro de 7 horas. Apenas estoy leyendo que debía estar en ayuno desde las 6:00 p.m. y yo que me cené sendas quesadillas por ahí de las 10:00 p.m. Ni modo, saldré alta en los trigliceridos. A hervir el frasco para la muestra.

5:00 a.m. Toma de muestra… de una vez me baño, no vaya a ser que me duerma otra vez.

6:00 a.m. Debo salir rumbo al IMSS, si quiero alcanzar buen lugar para la sacada de sangre. ¡Tengo tanta hambre! A esta hora ya debía estar desayunando. La calle está despoblada, ni un alma alrededor. 😦

7:50 a.m. Se supone me tenían que tomar la muestra a las 7:15 a.m., pero ya sabemos como son las cosas en los hospitales públicos. Veo con sorpresa, que la enfermera carga cuatro ¡ouch! tubitos de ensaye para la sangre. Hago bizcos para el tercero.

-¿Qué señora, le parece mucha sangre?
-No, es sólo que ya estoy muy mareada.
-Es poquita sangre (¿qué tanto es tantito?). Vaya, almuerce y cuando termine, cuente dos horas y vuelva, le voy a extraer este otro frasco (me lo da en la mano).
-¿Qué vuelva? 😦

8:15 a.m. Llego a casa, MiBeba con su uniforme lista para el jardín, me dice muy preocupada que ni ella, ni su papá, encuentran el short-falda guinda, que por eso trae puesto el short blanco de deportes.

-¡Andale mamá! ¡Se nos hace tarde, me van a cerrar la reja, no me van a dejar entrar!
Hija, déjame desayunar, sino me voy a desmayar.- Le suplico, mientras revuelvo toda la casa buscando el dichoso short. Al fin lo encuentro, en el cesto de la ropa sucia 😦 Que no sé porque demontres está ahí, si lavé el viernes, y ese día ni siquiera fue al kinder.

8:40 a.m. Termino de desayunar, me lavo los dientes, agarro mi monedero, mis llaves, corremos a la calle, no saco la basura.

8:53 a.m. Definitivamente, no alcanzo a llegar a pie, ni en camión, tendré que tomar un taxi.

9:00 a.m. Tratamos de ingresar por la puerta lateral del jardín. Que no señora, que los niños no entran por aquí, vaya a la puerta principal. Ahí vamos. Hay un letrero que dice así: “A partir de hoy se cerrará la reja a las 9 y no se abrirá a nadie, sin excepción”. ¡ouch! me duele mi piquete en el brazo. Se juntan varios papás y mamás. Adentro, ya comenzaron los honores a la bandera, como todos los lunes. Quiero alcanzar a la maestra de MiBeba, nomás pa’ aclararle que me acaban de sacar sangre y que por eso llegué tarde (algo tendría que ver la búsqueda del short, también, lo sé). No, la miss no me ve, anda allá ocupada con las criaturas. Que ya nos va abrir la directora, pero por la lateral. Allá vamos la comitiva de padres impuntuales, con sus respectivos chamacos desesperados por entrar a la escuela. Sale la Directora, con la cara más larga, que hoy es el ÚLTIMO día, que nos quede bien claro, que nos hace el favor de abrir la puerta, aunque su reloj marque las 9:03 a.m. (¿Qué tanto es tantito?) Pero como ya están en el acto cívico, nos tendremos que esperar a que terminen. ¡Plop! Ta’ bien, tiene razón, pero hay modos digo yo.

Arriban los chiquitos de la combi, que siempre, siempre llega tarde. No ps… tampoco a ellos los dejó pasar. Ahí siguen los inocentes trepados en la combi, con tanto calor que hace. Y nosotros afuera, con bastante sol, poca o nula sombra, sin tener un lugar donde sentarnos. 😦 😦 😦

9:15 a.m. Que sí nos van a permitir entrar. Que vayamos (¿Otra vezzzzzzz?) a la puerta principal, que por la lateral no entran niños. Ya estoy tranquila. MiBeba y otros 2 pequeños entran a su salón a dejar su “lonche”. La Miss les llama la atención. Los 2 niños se van a formar, MiBeba sale disparada rumbo a la reja, llora como Magdalena. Ya estoy intranquila, la panza dura. No quiere estar en el kinder, no quiere volver a la escuela, no le gusta que la regañen, quiere estar conmigo SIEMPDE. Le explico que debe quedarse para aprender muchas cosas, que yo debo irme a que me extraigan más líquido rojo. Nada, llora y llora y mueve sus manitas, las saca por entre las rejas, me abraza la panza, sigue llorando. Luego de estar un buen rato intentando consolarla, su maestra se dió cuenta y fue por ella: “venga mi niña, vamos a hacer los ejercicios, su mamá ya se va” en el tono cariñoso y tierno que siempre usa con MiBeba. Me quedo otro ratito, viendo como de a poco su rostro cambia de tristeza a alegría. Ya estoy tranquila, la panza sigue dura. 😦

9:45 a.m.  Hago unas compras en un centro comercial, para “hacer tiempo” y me de la hora de volver al hospital.

10:25 a.m. De nueva cuenta en el laboratorio, no está el encargado, no hay quien me atienda.

10:40 a.m. Viene un hombre de bata blanca, ve su reloj, se dispone a pincharme. Le pregunto que sí será en el mismo brazo, me dice que sí. ¡Ouch! Encima de que este segundo piquete me dolió más que el primero, el muy…. remueve la jeringa, como si buscara algo dentro de mi vena. La aguja es más gruesa que la anterior. ¿Qué tanto es tantito, que te piquen el mismo bracito? Sale otro frasquito lleno de sangre. Que los resultados me los entregan el martes ¿Será?

10:50 a.m. Me llama MiMamá, que si quiero me acompaña, por si me siento mal o por si me mareo. Ya me sacaron la sangre ma’, estoy reposando, ahorita voy por algo dulce, gracias. Busco un puesto de jugos naturales, sin éxito. Me conformo con un agua celis de la alameda.

11:20 a.m. Llevo comida al trabajo de mi esposo, quien por no perder cinco minutitos (¿Qué tanto es tantito?) se fue en la mañana sin lonche. Hay que subir escaleras, ¡puf puf!. No está el hombre, le dejo encargada la vianda a la recepcionista. A bajar escaleras. ¡Puf, PUF!

12:00 p.m. Regreso al kinder a recoger a MiBeba. Nos vamos en camión, me doy un golpe en la mano al bajar, me tuerzo el pie por tercera ocasión en el día, ya lo que quiero es llegar a casa, aunque me entretengo preguntando por los tapones para la andadera de Mija, que ya se los echó, voy al a panadería y a la tiendita de la esquina…

12:45 p.m. Ya en casita, a ver que hace falta para la comida, sinceramente me siento muy, muy mal… MiMama me dice que me recueste, que ella me ayuda. Esta ocasión sí obedeceré, a la cama, que no puedo con mi alma.

2:oo p.m. MiMamá me despierta para avisarme que mi hermano pasa por ella, que ya se va a su casa… yo me vuelvo  a desmayar.

3:00 p.m. Mira nomás ¿Que horas son estas? ¡A comerrrrrrrrrrrrrrrrrr! Llega una sobrina de MiEsposo, a encargarme un trabajo…

3:30 p.m. Apenas se sientan mis hijas a la mesa.

4:00 p.m. A lavar los trastes acumulados.

5:00 p.m. Ya bañé a MiBeba, ya bañé a Mija, estoy por darme yo misma otro baño, regresa la sobrina a seguir con el trabajo…

8:00 p.m. Vuelve MiEsposo del trabajo, ya puedo meterme a bañar. ¡Ah! Le ha entrado virus a la máquina principal, esa donde yo estaba trabajando.

10:45 p.m. Entre “idas y venidas” terminamos el trabajo de la sobrina. Apenas voy a cenar.

Y todavía hay quien me dice, ¡Es que tú no trabajas! ¡Qué a gusto estás en tu casa!

P.D. Aquí la respuesta:
Cinco minutitos.
Cuatro frasquitos.
Tres minutitos.
Dos piquetitos.
Un frasquito.

Publicado en Familia, Maternidad

Breve Historia de Parto

Mayo 29, 1972

“Casi tres días en trabajo de parto, creo que ya no puedo más” era la frase que rondaba su mente. Por más que lo intentase, los dolores no cedían. Le habían administrado unos analgésicos, pero no eran suficientes. Cada minuto transcurrido le hacía sentir como sus caderas se abrían lentamente, mientras un ardor en la columna le invitaba a gritar. No lo hacía, no exclamaba ni un ¡ay! ni derramaba lágrima alguna. No es que no quisiera, es que el mismo desconsuelo se lo impedía.

Apenas unos momentos antes se encontraba en su habitación. Ahí tenía una compañera, su bebé murió a los pocos minutos de nacer. Aquella mujer veía constantemente hacia la ventana. La vista no podía ser más deprimente: un panteón frente al hospital. El mismo donde habían enterrado a su criatura.

Ahora se encontraba en el quirófano y no podía evitar el recordar a las otras mamás parturientas que vociferaban descontroladas y como los médicos y enfermeras las callaban de mala gana. Bastante tenía con soportar los múltiples tactos que le hicieron y lo mucho que le lastimaron. Se encomendó a Dios. Pensó en su mamá, en su papá, en su esposo. Imaginó como sería aquel bebé que en su vientre llevaba. Quería conocerle, pero las fuerzas se le agotaban. Las contracciones la doblaban, era demasiado cansancio, demasiada tensión. No había médico, le atendió un practicante. Él decidió que era necesario aplicarle anestesia local, para disminuir la agonía. Nada pasó, ella sentía tanto o más que antes. momentos más tarde, otra anestesia. La aflicción no cedía. Le pusieron la famosa raquea. Un frío recorrió su columna, dejó de sentir las extremidades.

La sala era fría. Estaba sola. Había varias personas, entre el practicante, el anestesista, la enfermera. Pero ella estaba sola, adolorida, cansada, angustiada, agotada y muy, muy sedada. Su bebé no bajaba. Le aplastaron en repetidas ocasiones su vientre, empujando hacia abajo. “Tendremos que usar los fórceps” escuchó decir a aquel joven. “¿Fórceps? ¿Y si le hacen daño en su cabecita? ¿Y si se la desprenden del cuerpo? ¿Si le lastiman?” Ella era paciente, era una parturienta más sin derecho a opinar, ni preguntar. Apenas si podía pensar.

Sintió como el bisturí le rasgaba la carne. Episotomía porque sí, para “ayudar al bebé a que nazca”. ¿Porqué? No era tan grande que no pudiera pasar por el tracto vaginal, no había razón aparente para hacerlo. Aún después de tres anestesias, sintió dolor.

Los fórceps fueron usados, tirando de la cabecita de aquel pequeño ser. Un llanto inundó la sala. El próximo galeno le tomó en sus brazos y se lo mostró:

-“Es una niña”- dijo sonriente.
-¿Una niña? ¡Yo veo dos!- murmuró al punto del desmayo.

Sólo era una niña. Era yo.

P.D. Lo bueno que con los fórceps y las anestesias no me pasó nada, no me pasó nada, no me pasó nada, nada me pasó no, pasó no nada me… 😛

Publicado en Familia

Su Pie Izquierdo

Lunes 7 Mayo ’12

10:00 a.m. Mija ensaya el baile folcklórico para el día de las Madres. Hay un salto a mitad de la canción, su pie izquierdo se tuerce hacia dentro, todo su peso cae sobre él, termina en el suelo cuan larga es. Evita llorar porque no quiere que sus compañeros de salón se burlen de ella, a pesar que el dolor es intenso, se aguanta. La maestra la revisa, le quitan el zapato y la calceta. Dice que le duele cuando le tocan o cuando intenta apoyar el pie. No le dan nada, no le untan nada, ni pastilla para el dolor. No pueden volver a colocarle el zapato de lo inflamado que quedó su pie.

1:30 p.m. El servicio de transporte escolar me trae a Mija a casa, el chofer le ayuda a bajarse y le carga la mochila. Veo a mi niña brincando en un pie, con su uniforme blanco todo lleno de tierra y los cabellos fuera de su lugar. Le preguntó espantada qué fue lo que pasó. “Se torció el pie mientras ensayaba, yo creo traía muy flojo el zapato” me contesta el profesor. Mi esposo le ayuda a entrar a la casa y le pedimos nos explique lo sucedido.

¿Porqué nadie nos llamó a casa? Ni la maestra, ni el Director, ni siquiera ella. Dice que no le duele tanto, que sólo si le tocan la zona afectada. Que la lleve al Seguro Social me pide mi marido. Recién el viernes nos reactivaron el servicio, apenas mañana martes pensaba ir a verificar la vigencia. ¿Y si voy y todavía no estamos activos? ¿Se habrá fracturado? No creo, estaría en un grito. Pero… ¿Si es un esguince? ¿O fisura? ¿Y si me dicen de nuevo, exagerada? La tendré que llevar a urgencias ¿Si me salen con que un pie torcido no es una emergencia, como alguien desangrándose o con ataque epiléptico? ¿Y si no es para tanto y sólo necesita reposo y una pomada para desinflamar?

3:00 p.m. Ya les dí de comer, lave trastes y esperé a ver como reaccionaba. Apenas completamos con “feriecita” entre papá y yo el coste de un taxi, y si se va de prisa posiblemente logre pagar el taxi de regreso ¿si no? Veré que hago. No definitivamente, no me puedo quedar aquí, pensando en ponerle una bolsa con hielo y untarle pomada. Llevo a Mibeba con mi suegra, llamo a un sitio, nos vamos y que Dios nos ayude.

3:20 p.m. Ingresamos por la puerta de urgencias, siento a Mija. Hay pocas personas antes que nosotros espero pasemos rápido. Voy a recepción, que les de la cartilla y la tarjeta ADIMSS, la de ella y la mía. Me siento y me hablan de nuevo. Doy los datos de la niña, me siento de nuevo. De rato le hablan  para revisarla. Pasamos ambas con el Doctor en turno, le manda hacer una radiografía, me tengo que ir a Rayos X, dejando a Mija solita sentada en una silla de ruedas que me ordenaron conseguir. Por suerte esta vez sí había disponibles. Dos señoras a punto de parir me miran con condescendencia. Pienso para mis adentros, que pronto estaré yo en su lugar.

El encargado de la papelería andará loncheando o en el baño o checando, que sé yo, pero tarda un buen. Cuando llega, velozmente atiende a la señora formada delante de mí y toma mi orden. “Tres puertas más allá al rato le hablan” me indica. Voy corriendo por Mija que estaba al principio del laberinto, ella insiste en darle sola a la silla de ruedas, está bien, porque la niña ya pesa mucho y yo con mi panza, no puedo esforzarme mucho. Me vuelvo a sentar a esperar. Y esperar. Y esperar.

Al fín le hablan a mi pequeña, debe pasar únicamente ella, yo no puedo estar en la sala de rayos X, le afecta al bebé. Al tiempo, sale Mija con la placa entre las manos, córrele de nuevo con el Doctor. Otro que salió al pipisroom, o al cigarrito o que sé yo. Se van acumulando los pacientes. Y esperar, esperar, esperar.

Según yo, todo estaba normal con la radiografía, tendría inflamada la zona y ya. Según el Doc, parecía una pequeña fisura. ¡oh, oh y recontra oh! Me da otros 2 papeles, que vaya al archivo para que me den vigencia y de ahí a Dirección, pase a la clínica de especialidades, a urgencias ¡De inmediato!

Vamos corriendo (es un decir, con la panza  y Mija en silla de ruedas no hay mucho que hacer) al mentado archivo. Me sellan, nos vamos a coordinación. Toco la puerta, varias veces nadie contesta. Y esperar, esperar, esperar.

Le pregunto a una de las asistentes si habrá persona alguna dentro del cubículo, me informa que ya se fueron, pero que puedo ir a Dirección (¡Chicles! Error mío, hice lo que la vez anterior, cuando se trataba de la posible operación del pie de Mija, me confundí de oficina).

De regreso al laberinto que son los apartados del IMSS, a buscar la Dirección, al otro lado del edificio. Pronto que me atendieron, me firmaron y sellaron. Ahora… ¿Cómo diantres me voy a la otra clínica con tan sólo $10.00 en el monedero? 😦

Le llamo a mi esposo, anda al otro extremo de la ciudad, apenas trae para los camiones.
Le marco a mi hermano, se encuentra trabajando en ciudad vecina.
¡diantres, diantres, diantres!
Le llamo a mi mejor amigo, quien además vive cerca de la clínica, no me contesta, insisto, no está en casa.
Le marco a otra amiga que vive por el rumbo, nada. No recibo respuesta.
¿A quién le llamaré? ¿Al Chapulín Colorado? O.o
Pienso en algunos tíos y primos, todos trabajan, no se localizan fácilmente, y me imagino que un tío sí pudiera, pero creo que se va a molestar.
Le timbro a mi mejor amiga, me contesta que está trabajando, pero que viene por mí, que la espere.
La panza, la tengo dura, dura como balón de futbol. En el área donde estábamos no había sillas, así que me estoy un buen ratote de pie, con las piernas súper inflamadas y cansada. Tanto que me dice Mija que sea yo quien se siente en la silla de ruedas y ella se recarga en el portabrazos. No, ¿qué tal si se le rompe más?
Me llama mi amiga, que tiene una junta, que saliendo pasa por mí. No me queda más que esperar, esperar, esperar.

Cerca había unas sillas medio escondidas, vamos para allá, yo otra vez, con dolor de cabeza, me siento y me empiezo a quedar dormida. Suena el celular, mi esposo me dice que ya va para la casa, que verá con quien consigue el dinero y que nos alcanza en el hospital. Y esperar, esperar, esperar.

Lo que son las cosas, se encuentra “por casualidad” con un cliente que le debe, éste trae dinero y le abona. “Ya voy para allá” escucho su voz en el teléfono. Mija cansada, aburrida y un poco adolorida, pero mu emocionada porque le iban a poner su “primer yeso”. 🙂

Le aviso a mi amiga que ya viene mi príncipe en camino, cabalgando en su fiel corcel a salvarnos de las fauces del Dragón. 😀

6:30 p.m. Ya estamos en la otra clínica, mi marido lleva a la niña cargada en brazos, lo pasan inmediatamente a urgencias en pediatría, mientras yo me formo en una fila de como 20 gentes. Acá parece que regalan algo, hay demasiadas personas ¿o algo pasó? dicen que balacera por la mañana y que muchos heridos. :S

Cinco minutos después y sin haber avanzado nada en la fila, aparece mi esposo, se lleva los papeles, me voy detrás de él. ¡De volada revisaron a Mija! Sí efectivamente, es una fractura ¿Fractura? ¿No era fisura? No, es fractura y necesita férula. Me toman los datos de la niña, que van a venir los “enyesadores” en cuanto se desocupen. Y esperar, esperar, esperar.

En esa espera, observo alrededor, bebés de meses con suero, una niña dormida en una camilla, su mami a sus pies, un pequeñito que casi se rebana el dedo con un ventilador, trae chorreado el pañal de sangre, su madre le trae en brazos, sumamente angustiada. Otra chiquita, con ataque de asma desde la mañana, apenas será nebulizada, es alérgica al Salbutamol, les indica su mamá… no pos Mija ta en la gloria, no ha necesitado medicamento, inyecciones, ni sedación. Platica con los doctores y con las enfermeras, lamenta no participar en el festival maternal y se preocupa porque mañana martes tiene su Concurso de Lectura.

Sin darme cuenta me quedo dormida cabeza con cabeza con Mija. Me dice papá que me vaya a casa a descansar, le digo que no voy a estar tranquila, pero tengo otra pequeña que atender y Minene reclama alimento, mi cabeza va a estallar, me duele todo el cuerpo…

8:00 p.m. Vuelvo a casa de mi suegra por Mibeba, ya había cenado y me voy a casa a bañarla y a tomarme algún analgésico. Me dice mi cuñada que le van a lastimar su pie, que la van a hacer llorar, que que bueno que yo no me quedé a ver eso. Logra angustiarme más de lo que ya estaba. Llamo a mi mamá que está muy intranquila, le explico todo lo que aquí escribí.

9:30 p.m. Mis dos amores regresan del hospital, Mija trae su férula, que no la lastimaron nadita me dice, a cenar y a dormir. La tendrá puesta las próximas 6 semanas, debe guardar reposo, no mojar el yeso y tomar medicamento si el dolor es muy fuerte. Las niñas se duermen, mi esposo también.

11:00 p.m. Lavo el uniforme blanco que había quedado negro con la caída y todo el paseo entre los hospitales. Lo usará mañana en el Concurso.

12:58 p.m. Termino de editar esta entrada, me despido dando gracias a Dios por todas sus bendiciones y por tantas Dioscidencias.