Publicado en Personal

Mamicienta

Había una vez una Mamicienta, que vivía en casa con su Mijastra, MiBeba y MiNene. Ella lavaba la ropa, preparaba comida, fregaba trastes, limpiaba la casa -menos veces de las que quisiera-,  cambiaba y lavaba pañales -más veces de las que quisiera-, bañaba niños, estiraba greñas (los nudos en la cabeza, al peinar, no vaya usted a creer que por escarmiento… aunque no sería mala idea… o tal vez sí…), hacía de secretaria, doctora, abogada, decoradora, costurera…ya sabe usted, lo usual.

Un día, llegó una invitación de palacio, en dónde se le invitaba a asistir al baile, en donde el Rey Ricardo Mucha Plata (primo segundo de su madre, venía a ser algo así como su tío primo segundo lejano que tiene harto money) contraería matrimonio con su actual pareja.

Mamicienta se emocionó muchísimo ¡Un baile real! *Real: Dónde la gente adulta baile al ritmo de la música de su generación y de anteriores, no al ritmo de ♫D-d-d-d-d-ora, B-b-b-b-bubble guppies, Umi zumi, equipo Umi zumi♪

¿En qué andábamos? ¡Ah, sí, sí! ¡Un vestido! Tendría que conseguir un vestido para tal ocasión… ¡Oh! Mamicienta corrió presurosa al armario, para darse cuenta de que sólo tenía 3 vestidos de fiesta en él:

  1. El que usó en su graduación de la universidad, hace mil años y que ya no le cierra.
  2. El que vistió en su boda, hace quinientos años y que ya no le entra.
  3. El que usó en sus dos últimos embarazos, hace unos cuantitos meses, que le queda perfecto, pero podría generar suspicacias, el tamaño de la barriga le quedó en estado permanente de buenaesperanza.

Estaba desesperada, no sabía que hacer, no tenía dinero suficiente para comprar un buen vestido, y si llegaba a obtenerlo no querría gastarlo en una prenda de una sola noche, mejor para pañales y comida para las criaturas salvajes del bosque… erh… quise decir… sus mijos salvajes de la casa.

De pronto, llamó su Hada Amiguina, aquella amiga de la infancia quien siempre se aparecía en los momentos más oportunos:

¿Y si te presto un vestido mío? Sólo necesitas cerrar la boca.

¡Chicles! Nunca le hubieran dicho eso, porque a partir de ese momento, Mamicienta en vez de cerrar la boca la abrió como las fauces de un hambriento león… TODO se le antojaba y TODO tragaba, pasaron los días, los kilos aumentaban.

Faltando una noche para el baile real (♫Folo de lida lida, folo de lida♪ ¿Era la nueva no?) el Hada Amiguina llévole en un bidibi badidi bum el elegante atuendo a Mamicienta, quien temerosa no se atrevió ni a mirar hasta el mero día del evento. Efectivamente, el vestido era espectacular: Negro, con escotazo al frente, largo hasta el suelo, con pedrería arriba de la cintura… ¡Qué belleza!

Extasiada, se lo probó y llamó a sus tres muy antonios (retoños) a que le dieran su opinión…

😦 Mijastra le dijo:
-¿No te vas a depilar las axilas? ¡Te queda muy largo! ¡Te arrastra! ¡Mete la panza! ¡Ay tu pancita mamá! ¡Está muy escotado! ¿En serio vas a usar eso? ¿Qué son esos gorditos de la espalda? Mmmmmhhh…. te ves… rara… Esa parte de la cintura ¿Porqué te queda tan arriba? ¡Se te arruga toda la telaaaaa! ¿No puedes sumir más la panza? ¡Mamá! ¡La panzaaaaa! ¿Me dejas que me lo pruebe?

🙂 MiNene agregó (Con la mano llena de Gerber y tratando de tocar el vestido):
-¿Qué esh esho mamá?
-Un vestido
-¿Un petito?¡Ah!

😀 MiBeba exclamó:
-¡Qué hermosa te ves!

¿Con cuál de los comentarios cree usted que se quedó? ¡Exacto! Con el de la Mijastra, con ese cuerpo post-parto, las hormonas al vuelo, la falta de costumbre de usar tacones y de ir a bailes…

Mamicienta sentía que le habían desgarrado el vestido a punta de críticas, triste, deprimida, flaca, ojerosa, cansada y sin ilusioooonessss… fue, guardó la shenshual indumentaria (total, no tenía la suficiente pechonalidad para rellenar la repisa superior, hacía mucho no calzaba tacón, podía pisarse la tela y caer estrepitosamente, era el 31 de Diciembre y hacía frío… ), se fue con su príncipEspo y los Mijos a comer al restaurante.

Pero su príncipEspo, como todo caballero, la conminó a buscar una prenda con la que pudiera bailar sin preocupación alguna, por lo que Mamicienta, luego de una larga jornada de trabajo (ella lava Sábados y Miércoles, llueva, truene o relampaguee… y era Miércoles…. ¡Miér…coles! ¡Chicles!), con el vestido desecho y la moral por los suelos, anduvo de tienda en tienda por todo el centro comercial, buscando, viendo, probando todo aquello que pareciera podría entrar en aquel cuerpecillo de reata anudada.

Años fuera de práctica y horas de tormento terminaron en una prenda que le quedó bien, pero el precio le parecía demasiado. Encima de todo, se veía algo sucio, le faltaba un botón y se le estaba yendo una costura… ¡Momento! ¡Parecía un vestido usado! ¡Pero… era una boutique! De hecho, era el único modelo de ese estilo, no más colores, no más tallas… raro ¿No? Preguntó a la señorita de caja si le harían algún descuento por sendos detalles, a lo que recibió como respuesta un rotundo NO, se lo llevaría bajo su propio riesgo (¿Y si se le descose en plena cena?). 😦

No señor, Mamicienta descontenta y más frustrada todavía, volvió a casa dispuesta a ponerse mejor un pantalón y alguna blusilla invernal que no estuviera descosida del hombro (su sello personal). Tomó una ducha y al salir… recordó lo que le había dicho MiBeba, que se veía hermosa, porque la veía con ojos de amor, ella no se fijaba en largos, adornos, ni escotes. Entonces, pensó en que también ella debía verse con esos ojos de amor, ese era su cuerpo y así le gustaba, no iba a cambiarlo de un día para otro, a ella le encantaba danzar y lo podía hacer esta noche… así que se enderezó, ajustó los tirantes del vestido (el escote le quedó en la garganta), ajustó los tirantes del vestido (rogando que lo poco que había no se saliera de su lugar) y el exceso de tela fue sujetado por su mano izquierda el resto de la velada, cual bailarina folclórica.

La madre de Mamicienta llegó, al verla se rió y le repitió lo que ella ya sabía:
-¡Ah jijo! Esta muy escotado ¿Así te vas a ir? ¿Qué no había otro? ¡Me hubieras dicho y te presto el mío! ¡Está muy largo! ¿No tienes tacones más altos?

Mamicienta seguía viéndose con ojos de amor y sólo contestó:
-Sí, así me voy a ir.

Pronto, el carruaje conducido por su MiHno les llevaría al Palacio, donde los recibió el Rey Mucha Plata, saludaron a familiares, cenaron, botanearon y bailaron toda la noche como si no hubiera mañana.

Al sonar las doce campanadas del reloj el encanto no terminó, por el contrario, todos se dieron un amoroso gran abrazo de Año Nuevo, deséandose sólo lo mejor para éste nuevo ciclo que recién empezaba. Y que siga la fiesta. Y siguió y siguió hasta bien entrada la madrugada.

Y Colorín Colorado, este cuento ya se ha acabado.

¡Adiós amigos, tomen su chocolatote!

P.D. ¡Ah, sí! El príncipEspo al ver a Mamicienta enfundada de esa manera le dijo: ¡Te ves hermosa! y comenzó a cantar esa cancioncilla de Frozen.

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

11 comentarios sobre “Mamicienta

  1. Me recordaste una vez que siendo yo niña mi madre se probó un bañador en el salón. Le quedaba muy ajustado, mi madre siempre ha sido voluptuosa y fue un shock verla así. Yo tendría 8 años y recuerdo que le dije que no me gustaba, que le quedaba horrible, pero no porque realmente le sentase mal, sino porque no me gustaba ver a mi madre así… sexy… qué escalofrío…

    La cosa es que nunca hay que preguntarle a las hijas si te queda bien algo, es su ocasión para vengarse por todas las regañinas.

    Me alegro de que lo pasases bien 🙂

  2. Mamicienta, la belleza de la mujer no está en las curvas, sino en la seguridad que demuestra 😉 así que sobreponerse a las críticas y salir orgullosa de su casa, seguro que te veías guapísima. Muacks! feliz año!!

  3. Mamicienta: que dificil es no mirarnos con los ojos demijastra!!!! Me alegra que hayas ido que bailaras con tu principe y no hayas perdido ningun zapatito!!😄 porque nos sera tan dificil mirarnos con amor????? Beso!!!

  4. Ay mamicienta, seguro que estaba reguapa! pero mire que preguntarle a una adolescente por el aspecto… si no se entienden ni ellos! hay muchas inseguridades en esas edades, no es una mijastra malvada, es una mijita en transición, ya verá que en unos años hasta le pide prestado el vestido! se lleva lo vintage! xD

    1. ¡JAJAJA! ♫y ese fue mi error, ese fue mi error♪
      Sólo a mí se me ocurre…
      Ya sé que no es malvada, nomás parece ¡jijiji!
      No, no… bueh… fue una noche inolvidable a final de cuentas, la misma dueña del vestido me dijo que me veía espectacular (es que me quiere mucho, la verdá).
      No creo que pueda la Mija usar ese vestido, no le gustan los escotes (me veía con cierto aire recriminatorio por no usar bra); pero, la muchachilla es mucho más alta y curvilínea que yo, ni siquiera le entraría el vestido 😛

  5. Reina seguro que eso fue lo que fuiste 🙂 La reina del baile en donde lo que menos importa es el vestido pero de vez en cuando sienta tan bien volver a quitarse el saco de madre y sacar la Diosa que llevamos dentro. Así que APLAUSOS por llevar escotazo, vestidazo y ser la reina del cotarro que si no lo somos ahora con esta edad ¿entonces cuándo? Un besote desmadroso

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