Publicado en Familia, Maternidad, Personal

El Cristal Con Que Se Mira: Semana 35

El Cristal Con Que Se Mira. 😦

Me despierta un dolor tremendo en la cintura y en la parte baja de mi vientre. MiNene ya tiene hambre y es su modo de avisarme. Son las 6:00 a.m., estoy despierta desde hace una hora, pero no me he querido levantar. Las noches transcurren lentamente, en lapsos de dos horas, que es el tiempo que pasa entre una levantada y otra. ¿A qué me levanto? Al sanitario y a tomar agua.

Mis manos están tan hinchadas, que pareciera que en cualquier momento los huesos me van a traspasar la piel. No puedo cerrarlas sin dolor. Los pies se han desinflamado un poco. Anoche no se me veían los tobillos. Si me acuesto de lado, la barriga se me deforma. Si me tumbo boca arriba no alcanzo a respirar. Si es del lado izquierdo, creo que el corazón me va a estallar, por ahí leí que no lo hiciera, porque obstruía la circulación de la sangre.

Los calambres me atacan por la mañana. Quiero estirar mis piernas y lo único que consigo, son más nervios hechos nudo. Me ayudo con las manos para poder levantar el resto de mi cuerpo. Si doy un mal paso, el tormento se recrudece. Tengo que asirme de la pared, para poder avanzar. Doy pasitos de viejita, arrastrando los pies, con miedo a caerme y con la lentitud del último mes. Me veo en el espejo y parezco la Chimoltrufia, pero con panza.

Hago los ejercicios de gateo, y creo que me romperé los nudillos. No me puede tanto las rodillas, ni las caderas, sino mis muñecas y mis dedos.

A bañarse para poder despertar. La barriga no me deja acercarme a las llaves de la regadera. Tengo que alzarme en puntas para alcanzar la ventana y cerrarla, con tal de que no me dé una corriente de aire. No hay toalla que me alcance a cubrir entera. Salgo, con medio cuerpo sin tapar. Las chanclas de baño, definitivamente ya no me entran, así que uso aquellas sandalias de playa con velcro, que tengo desde hace años. Lo malo, es que ya no tienen suela ni agarre y he estado a punto de caerme en más de tres ocasiones. Peligro.

Siento que la noche se fue demasiado rápido. O demasiado lento. O ya no sé, pero se me fue. Me cambio con lo que puedo, la mayoría de mi ropa ya no me queda. Mi ropa de embarazada ya no me queda. Así que no salgo de tres vestidos de embarazo que tengo desde hace 11 años. Uno de ellos ya está hecho garritas. Si voy a salir me pongo la faja, que me ayude a sostener el peso de mi panza. Plancho una camisa para mi esposo, hago el licuado para las niñas, me hago el desayuno.

Si me doy prisa alcanzo a almorzar con MiEsposo. Si no, pues sola. Que sinceramente es mejor, porque desayuno tranquila sin tener que levantarme 20 veces de la mesa. Él se va al trabajo, yo me quedo en casa. Eso si no tengo cita con el médico del IMSS, o el dentista de Mija, o el Pediatra, o el ginecólogo… o si no hay que hacer algún pago de servicios (agua, luz, teléfono) o arreglar algún trámite, o hacerle algún mandado a mi suegra o a mi cuñada, o ir al mandado. Si nada de eso acontece, me quedo en casa, escribo un rato en el blog, checo correos, leo el Google +, el Twitter… mientras la lavadora se llena, lava y enjuaga. Ahí voy a barrer el patio, tender ropa, lavar el patio, regreso y lavo los trastes, doy de desayunar, lavo más trastes, tiendo más ropa, vuelvo a dar órdenes: Tú lávate los dientes, tú recoge los juguetes, tú alza la cama, tú llévate esto a su lugar, tú las servilletas, tú….

No ha transcurrido media mañana y ya estoy cansada. Respiro con dificultad, camino como tortuga con artritis y tengo que empujarme para poder levantarme de la silla. Me duele todo. Mis manos, mis pies, la cintura, la espalda, las caderas, la entrepierna, la parte baja de mi vientre… siento que toda mi piel se va a romper en mil pedacitos.

Las niñas, están de vacaciones, se pelean, se gritan, se jalan, las separo y les llamo la atención, se buscan, se abrazan, se besan, se toman de la mano y se van de nuevo a jugar, o a ver la TV, o a la PC…

A veces me dan ganas de llorar, cuando ellas se pelean. Otras las quiero agarrar a nalgadas, pero nunca lo hago. En ocasiones, quiero salir corriendo de la casa, gritar, dejarme caer.

Cuando me toca salir, regreso muerta. Entre camiones, taxis, escaleras, correteadas, subir, bajar, cargar… no sé si logre llegar a la semana 40.

Después de la comida, la pila me baja de sopetón. Me entra un sueño que parecen dos. Si puedo, tomo una siesta. Si no puedo… ando zombie el resto de la tarde.

Me he quedado dormida frente al teclado, con todo y clientes en el ciber. De pronto, no sé si es MiNene que se coloca de tal modo, que me dan unos mareos bárbaros y como que no me llega el oxígeno al cerebro.

Tengo tanto calor que lo que más quisiera es andar desnuda en mi casa. Pero creo, que eso provocaría pesadillas en los clientes.

Por la tarde, lo único que anhelo es que no vengan clientes, que llegue mi marido a aplacar a estas chamacas, que las bañe y ya poder irme a dormir.

Por la noche, mis pies están tan hinchados, que es mejor andar descalza, ya los tenis me sacaron ampollas. El otro día fuimos al centro a comprarme unos zapatos. Nada me quedó, nada me entró.

Tengo la piel tan estirada, que bañándome con un cepillo, me lastimé la pierna y me hice una pequeña herida.

Cuando MiNene se mueve, me duele. Arriba, abajo, a un lado y al otro. Porque no solo se mueve… se estira, se contrae, hace olas, echa maromas y no sé que tanto más.

La otra noche no pude dormir casi. Me entró el pánico. ¿Y si no me puedo aliviar por parto? ¿Y si no llego a la semana 40? ¿Y si no puedo con los tres chiquitos? ¿No que muy muy? ¿Y si me toca el personal tan… tan del IMSS? ¿Y si algo sale mal? ¿Y si me sube/baja la presión? ¿Y si me desangro? ¿Y si me ligan sin avisarme? ¿Y si me ponen el DIU sin mi consentimiento? ¿Y si me vuelve a pasar lo que con MiBeba que casi se muere por no haberle limpiado las mucosas?

Me calmo, respiro y vuelvo a llorar. Yo que ando activa todo el día, no puedo ni agacharme a recoger la envoltura del dulce que se le cayó a mis hijas. La panza se me pone dura como piedra, se encaja en la base de la cadera, la cintura siento que se me parte en dos… es como si MiNene se abriera paso de par en par con sus manos o como si alguien me hubiera atacado a patadas por la espalda. Quiero limpiar y cualquier movimiento enérgico hace que me retuerza y pida ayuda o ponga cara de ¡Quiero cesárea!

MiBeba quiere que la cargue y la arrulle. No puedo, no tengo espacio para ella. Me lastima. Mija quiere que la lleve a cursos de verano (como cada año). No puedo, quiero estar sentada todo el día, camino con dificultad, respiro agitada, mi panza… me va a explotar.

La noche ha llegado de nuevo, no terminé de limpiar la casa, ni el negocio. No le avancé a la planchada, tengo la casa tirada. Mis pies súper hinchados, tengo tanta comezón en la barriga, hace meses que no me veo el ombligo, me aparecen granos en el rostro, quiero llorar, pero estoy tan exhausta que sólo atino a darme un regaderazo y tirarme en la cama.

“¡Qué gorda estás!” “¡Apenas puedes!” me dice la gente.  “Ya no puedes” me dice MiEsposo. ¿Ya no puedo? ¿En verdad? 😦

El Cristal Con Que Se Mira. 🙂

Ya no necesito reloj despertador, MiNene se mueve puntualmente a las 6:00 a.m. ¡A desayunarrrrrr! Revisé el radio hace una hora, pero decidí seguir en cama otro ratito. Me levanto cada dos horas para ir al baño y tomar agüita, así me mantengo hidratada y no me hago en la cama ¡HAHAHA! Igual me sirve para ir a revisar a mis hijas, que no se aplasten entre sí y que estén fresquecitas.

Mis manos están tan hinchadas… pero doy gracias a Dios porque tengo ambas manos y las puedo mover, ¡Todas las cosas que con ellas puedo hacer! Además sé muy bien que, cuando me alivie, la hinchazón de mi cuerpo desaparecerá. Igual mis pies, volverán a la normalidad, y todavía sirven para caminar, luego serán para bailar y correr tras el chamaco.

Los calambres me atacan por la mañana. Buen pretexto para comer más tomate con sal y plátano. ¡Yommi! Estiro las piernas y me gusta sentirlas firmes y rellenitas. A pesar de que dormí poquito me gusta eso de tener un montón de almohadas: una debajo de la panza, otra en la cintura, otras 2 entre las piernas y mi cabeza sobre un descansacama. Aunque luego tenga que pelearme con el marido, porque si se va a dormir antes que yo, me gana el almohaderío. Agarro vuelo, a la 1, a las 2 y a las 3, me bajo de la cama. Me veo en el espejo y me digo: ¡Que bonita pancita amaneció hoy! De perfil todavía se me ve la cintura 😛

Hago los ejercicios de gateo… a mis 40 años todavía puedo gatear. A pesar que me duelen las manos no siento malestar en las piernas ni en las caderas, es más ¡ni en las rodillas! Creo que me lastimaba más hace 11 años, cuando me embaracé la primera vez.

A bañarse para poder despertar. Todavía tengo elasticidad para alcanzar la ventana y cerrarla. Le digo a MiNene que eso que se oye y siente es el agua. Le gusta y se mueve al ritmo de las gotas. No hay toalla que me alcance a cubrir entera, hay que ingeniárselas para salir del baño. O igual salgo así a la onda sepsi. Sepsi-panzona ¿Y qué?

Siento que la noche se fue demasiado rápido. O demasiado lento. O ya no sé, pero se me fue. Y veo que Dios me da otra oportunidad de cambiar, de crecer, de aprender, de amar. Cada día me acerca más a mi bebé. Semana 35, faltan 5 semanitititas para conocer su cara, oler su aroma y arrullar su cuerpecito.

La mayoría de mi ropa ya no me queda, tengo que asaltar el clóset de mi marido. Los tres vestidos de embarazo que tengo desde hace 11 años todavía me sirven. Así ando más fresca y sin tanto apriete. Y me ahorro la pregunta ¿Qué me voy a poner? 😛 Comienzo mis quehaceres, a Dios gracias que puedo hacerlos, poco a poco y no con tanta rapidez como antes, pero aún puedo lavar, planchar, limpiar, cocinar.

Hago lo posible por acompañar a MiEsposo, podemos platicar un poco y al menos, darle la Bendición. Si no lo alcanzo almuerzo sola. Puedo leer mientras tanto o simplemente disfrutar sentada de un rico desayuno. Lo padre es que me da mucha hambre y todo lo está aprovechando mi pequeño. Él se va al trabajo, yo trabajo en casa. Si tengo cita con algún doctor o pago de servicios, trámites o mandado, procuro salir temprano de casa. Ahorita, con las niñas de vacaciones, siempre que puedo las llevo. No me gusta encargarlas tanto con mi suegra, que está grande y enferma, y quiero que se acostumbren a andar en camiones y a caminar, a hacer lo necesario dentro y fuera de casa, que convivan con otras personas y que vayan aprendiendo, hasta lo más simple, como escoger la verdura o saber esperar con paciencia un turno en el banco.

Si me quedo en casa, enciendo la PC y escribo un rato en el blog, checo correos, leo el Google +, el Twitter… mientras la lavadora se llena, lava y enjuaga. ¡Dios bendiga al que inventó la lavadora! Esa agua, no la desperdicio, la uso para regar el patio, el jardín-selva, la banqueta, la cochera y hasta para los sanitarios.

A veces las niñas están de humor y se ponen a limpiar sus juguetes en el cuarto, o “me ayudan” a tender, a lavar, a regar las plantas, a trapear. Luego terminan empapadas y juegan a tirarse agua. El otro día terminaron trepadas en el lavadero, mojándose con la manguera, yo divertida oyendo sus carcajadas y tomándoles fotos.

No ha transcurrido media mañana y ya estoy cansada. Me siento un rato, con los pies en alto, si tengo oportunidad, si no, pues lo dejo para más tarde. Mija le dice a MiBeba que me deje descansar y se la lleva a jugar. ¡Es un amor!

Ahora que siento que toda mi piel se va a romper en mil pedacitos, me he puesto más crema, aceite e hidratantes que en toda mi vida. Ya sé que las estrías no desaparecerán, pero serán mis marcas de guerra.

Las niñas, están de vacaciones, así que conviven mucho, aprenden mucho, se pelean mucho, se quieren mucho.

A veces me dan ganas de abrazarlas y de tirarme al suelo con ellas. Las abrazo de lado, les doy un beso y ellas, sin ningún motivo me dicen: ¡te quiero mamá! Si me ven dormida me dan besos en la frente, si me ven despierta llegan y me abrazan. Me sonríen e iluminan el día. Cuentan chistes, inventan canciones, me ayudan con la casa, me hacen reír a carcajadas.

Cuando me toca salir, regreso muerta. Bastan unos 20 minutos de siesta y ya recargué batería. Si no llego al a semana 40, será porque MiNene quiere dar fé de los hechos y prefiere ver todo desde afuera. (¡Ya subió de peso! :D)

Me he quedado dormida frente al teclado, con todo y clientes en el ciber. Entonces me levanto, vació la hielera, me siento de nuevo y a morder hielos como si no hubiera mañana. ¡Ay que rico! Voy por unos.

Tengo tanto calor que lo que más quisiera es andar desnuda en mi casa. Pero creo, que eso provocaría más niños en esta casa.

Por la tarde, lo único que anhelo es que llegue mi marido para poder platicar con él y que las niñas jueguen con su papá y le hagan olvidar por un momento las broncas del trabajo.

Por la noche, mis pies están tan hinchados, que es mejor andar descalza, ¡Con lo que disfruto caminar descalza! Me siento niña de nuevo, no, no, adolescente, como sea. El otro día fuimos al centro a comprarme unos zapatos. Nada me quedó, nada me entró. Me dió risa porque me sentí Anastasia, ¿La heredera rusa? No, la hermanastra de Cenicienta. Bueh… sirvió para comprarles tenis a mis hijas.

Cuando MiNene se mueve, me alegra. Porque me confirma que está vivo, que tiene energía, que está contento (o a disgusto según). Ese movimiento es un canal de comunicación entre nosotros. Con sus pataditas, sus estiramientos, me dice si está feliz, triste, cansado, aburrido, con hipo o con sorpresa. Lo que más me cautiva es como se queda quieto cuando no quiere que le toquen y como brinca de gusto con quien sí le agrada que le acaricie.

La otra noche no pude dormir casi. Me entró el pánico. Lloré bastante. Me desahogué. Tampoco es bueno hacerse la fuerte. Sé que las cosas saldrán bien, porque tengo mi fe puesta en Dios y tengo la certeza de que así será.

Me calmo, respiro y vuelvo a orar. Yo que ando activa todo el día, no puedo ni agacharme a recoger nada. Así que tengo que doblar la cintura y subir un pie, hacer balanza o attitude 😀 Considero que es un tiempo, para que me tome todo con más calma y aprenda a disfrutar de esos pequeños logros, momentos y detalles que normalmente dejo pasar.

MiBeba quiere que la cargue y la arrulle. No puedo, así que le acaricio a un lado mío. Ella comprende y le hace cariños a mi panza. Bueno, no a mi panza, a MiNene. Mija quiere que la lleve a cursos de verano (como cada año). No puedo, pero sacamos libros de la biblioteca, está viendo películas en Internet, hacemos otras cosas. Hoy por ejemplo las puse a pintar con acrílicas unos envases de yogurth para hacer un boliche. Ellas encantadas.

La noche ha llegado de nuevo, no terminé de limpiar la casa, ni el negocio. Pero escribí, me desahogué, platiqué en persona, por PC y por teléfono. Hice algo de mandado, fui a hacerme un ultrasonido al IMSS, hice comida, platiqué con mis hijas y ya voy a cenar con MiEsposo.

“¡Qué gorda estás!” “¡Apenas puedes!” me dice la gente.“Ya no puedes” me dice MiEsposo. ¿Ya no puedo? No, ya no puedo. Yo no puedo, Él sí puede.

Todo lo puedo en Cristo que me fortalece (Filipenses 4:13)

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

18 comentarios sobre “El Cristal Con Que Se Mira: Semana 35

  1. Eres la mejor muje del mundo… Tengo tanto q aprender de ti… Toda tu fe tu fuerza… Las ganas d ver la vida hermosa siempre ante todo… No sabes como agradezco a Dios el haberte conocido(cibernética mente) espero algún día podamos hacerlo en persona… Te kiero Olí… Ü

    1. ¡Ale! No lo soy, soy una mujer común y corriente (posiblemente más corriente que común)… y bueno mi niña, tenemos que aprender a ver la vida con un cristal rosa o azul o del color que quieras, menos negro, porque sólo una vez estaremos por acá. Además la actitud que tengamos frente a la vida es lo que les heredamos a nuestros hijos, así pues ¡a disfrutar!
      Igual te quiero linda, besotes a los bebos.

  2. Si, depende siempre del cristal con que se lo mire.
    El embarazo te deja agotada en todo sentido y mas aun en el ultimo mes, pero si no olvidamos el milagro que esta dentro de nosotras entonces podremos valorar y “apaciguar” todos los dolores y las cosas negativas que nos pasan.
    Te falta super poquito para tenerlo en tus brazos!!!
    A mi tambien me paso no poder subir a mi niñagrande en upa, porque tenia una panza gemelar enorme..de todos modos el padre la subia a mi cama (pase cuatro largos meses en cama, reposo absoluto) y alli disfrutabamos juntas.
    Lloraba cuando veia que no podia hacer nada, inclusive hacer pis casi no podia… pero bueno, CUANDO EL BEBE NACE TODO PASA… y volvemos a la normalidad.
    Disfruta las ultimas semanas, las ultimas pataditas y estirones, despues extrañamos muchisimo todo eso. Besos

    1. Por sentir de nuevo ese ser creciendo en mi vientre, por tener la dicha de arrullar a otro bebé, por conocer una nueva personita parte de él y parte mía, por necesitar su presencia, por eso fue que nos embarazamos. Sé que extrañaré de nuevo todo esto.
      Gracias por escucharme.

      1. Gracias… esas palabras que me has dicho fue justo en el momento indicado. Gracias.
        Justo ahora cuando estoy planteando con mi esposo volver a tener un embarazo mas dentro de un año, y que todo el mundo me ha dicho que es una LOCURA, esas palabras definieron justo el porque deseo volver a tener un nuevo embarazo, y si es gemelar mejor, es mi deseo.

        1. Deja que el mundo ruede y escucha a tu corazón, responde a tu cuerpo. Si ese es tu deseo y el de tu esposo, adelante, el Señor proveerá. ;D Bendiciones para tí, tu esposo y tus tres lindas hijas.

  3. Me encanta tu post. Cuando estaba embarazadísima de Iván me sentía como la primera parte o la segunda según el día. Me he sentido muy identificada. Y la foto de las niñas… Es simplemente preciosa.

  4. aaaaaaaaaaaaay te adoro Oli, siempre me dejas el ojo remy y hasta ganas de un bb para el siguiente año… te quiero muchooo y a ese bb lo queremos mucho!!! enoooormes abrazos para ti y tooooda tu familia… TQM

  5. Oli, tranquila! ya falta menos y es mas dificil… pero no va a pasar nada de todo eso terrible que temes: tendras un buen parto, una llegada maravillosa de TUBebe, y volveras a sonreir. El cuerpo se acomodará y pasará pronto…
    Sí es cierto que ya no puedes ocuparte de muchas cosas y es bueno que lo entiendas, tu bebe te esta avisando que quiere salir, asi que espera hasta la semana 36 (que se cumplen los 8 meses completos, y sus pulmones ya se formaron adentro) y vas a estar mas tranquila con él afuera.

    Descansa, duerme, y levanta las piernas contra una pared (si todavía puedes, o una silla) no te debe faltar mucho ya… y es la manera de avisarte. Disfruta a las niñas (que por cierto estan preciosas!!!) ya que cuando nazca el niño, tendras menos tiempo para ellas, al menos al principio….
    ya pasa cariño… ya pasa…
    un beso grande!

    Carla

    1. ¡Gracias gracias gracias Carla! ¡Cuánto bien me hace leerte! A veces desespero, a veces me rindo, a veces lloro a mares y me tiro a la mala vida y al acohoooool…. ¡bueno, no tanto, pero casi! 😉
      Gracias por el piropo, esas chiquillas son mi vida. Sí, todavía puedo y me pongo a descansar con los pies en alto. Gracias de nuevo, querida Carla. 😀

  6. Oli, no sabes cómo me acordé de las últimas semanas embarazada… en un rato me sentía de maravilla, y luego aparecía el ogro, jaja. Ya falta muy poquito para conocer al nene, y sí vas a poder! ya verás.
    Qué afortunada eres por tener una familia tan linda, un esposo que te ayuda, que coopera en la casa, dos niñas que también te ayudan, te hacen reír, y ellos son afortunados por tenerte como amiga, mamá, compañera… eres un amor!

    1. Tengo que poder! Mi mamá está enfermita, no sé si pueda venir, mi suegra está muy mayor y enferma, mi cuñada trabaja y está lesionada de su columna, no tengo hermanas, mis amigas, primas y vecinas están todas ocupadas… Así que ¡TENGO QUE PODER!
      Mis hijas y mi esposo, son muy lindos -cuando quieren- espero contar con su respaldo…
      Yo soy un amor sólo cuando duermo y no ronco y no aviento patadas karatecas 😛

  7. uy oli ya falta pokito no desanimeis yo tmb por las noches tenia esos pensamientos a veces positivos y a veces negativos … con las cosas de la casa uff lo bueno es ke tuve apoyo una chica hacia la limpieza y mi mama me lavaba la ropa, pero a veces me aventaba la casa yo sola y terminaba exhausta!… la hinchazon, claro nomas te alivias y vuelves a la normalidad, bueno algunas por ke a mi mis pies se hicieron mas shikitos jaja ahora mis zapatos me kedan volando 😦

    No pueden ni ponerte el DIU ni hacerte el salpingo sin tu autorizacion asi que relax 😀

    necesitas descansar mas … olvidate del trabajo de la casa por estas semanas, tienes que estar entera para la llegada de tu nene, se que es dificil por que a uno no le gusta ver la casa tirada ni el montonal de ropa acumulada, pero es por tu bien ^^

    son las 3 am y yo aun con mi beba despierta, ahora le pongo musica pero no muestra indicios de querer volver a dormir… yo decidi entrar tu blog para distraerme y no quedarme dormida jaja

    cuidate ^^

    1. Yola! que gusto leerte de nuevo! Tienes razón, el quehacer en casa nunca termina, y a veces me demando yo sola. El otro día me dijo el mariado que disfrutara mis últimos días de embarazo, que no me apurara por la casa, el chiste es que estemos bien, las niñas y nosotros 2, así que me pidió que me calmara y me relajara…
      Precisamente vengo llagando del mandado, toda cargada y me dispongo a doblar ropa y a planchar… nomás hasta donde pueda (2 camisas y párale de contar ¡HAHAHA!)
      ¿Y porqué no quería dormir la nena? ¿Quería seguir jugando?
      ¡Saludos con cariño!

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