Publicado en Familia, Personal

Tres Rosarios: Muerte y Vida

Sábado por la mañana:

Cada sábado me es más difícil levantarme para la clase de catecismo. De normal me canso mucho con los niños: grito, bailo, corro, voy, vengo, subo, bajo, camino, juego, tiro, barro, recojo, me enojo, me entristezco, me alegro. Termino agotada y regreso a casa a dormir. Estoy ya en el 5° mes de embarazo, aunque mi barriga parece de 7, varias actividades ya no logro terminarlas, el cansancio se duplica y la paciencia se me agota. Mi grupo son los peques de 6 años, a falta de maestra también me hago cargo de los de 7. Definitivamente, hoy debo hablar con mi coordinadora, terminaré el mes de Mayo, Dios por delante, porque no creo reunir fuerzas para llegar a Junio. Sólo serían 4 sábados más en que otra persona cubra la clase.

Llego al salón, hay cinco niños con sus mamis esperando (encima de que vivo a media cuadra llego tarde, no tengo vergüenza). Al ver a mis niños se me olvida la fatiga, los saludo, les agradezco a las mamis, acomodan sus sillas (porque la maestra trae un bebé y lo aplasta), sacan sus útiles, pasamos lista, colocamos estrellitas en la frente, oramos por el día, damos el tema.

Más niños siguen llegando, todos platican de sus mascotas, de sus caricaturas, de sus hermanitos traviesos. Me río con ellos, me enamoro de ellos. Veo a mi coordinadora, no puedo hablar con ella, me indica que pasaremos a la iglesia a rezar el rosario para la Virgen por el mes de Mayo. Los niños obedecen (má o meno), algunos se aburren, otros rezan, yo comienzo a marearme y no puedo estar mucho de rodillas. Definitivamente tengo que hablar con ella.

Salimos al receso, muy breve en esta ocasión, regresamos a terminar el trabajo para las mamás. Luego a ensayar un baile para el festival del Padre. No me regañe, no bailo, sólo les marco el paso. 😉 Niñas bailando, niños corriendo, jugando, luchando, gritando. -A ver fulanito siéntese, perenganito y sutanito vayan y pongan las sillas en su lugar, chanito ya no le pegues, chonito bájate de las escaleras, niñas cuenten catorce, ¡con fuerza!. *¡Uf, agh, puf! Ella termina afónica y desforzada*

Entrego a los chiquitines, me dispongo a limpiar el aula que quedó como calle principal después del desfile de primavera. Otra compañera termina de barrer por mí, mientras que 2 de mis niños y Mibeba recojen los restos de papel y botana regados. ¡Ya me quiero ir a descansar!

Llega mi coordinadora: Tendremos un momento de oración y reflexión en la capilla. Mi esposo se lleva a mis hijas, pasamos al encuentro. Estamos reunidas varias catequistas, de los diferentes centros que conforman nuestra parroquia. Una de ellas hoy cumple años y tiene a su padre de 93 años muy enfermo, hospitalizado, además de atender su casa, negocio, esposo y nietos. Otra compañera vive muy retirado y no falta a sus clases, tiene muchos problemas con sus hijos y sus nietos se andan desvalagando. Otra es soltera, atiende el negocio familiar, a su padre enfermo y cuida de sus muchos sobrinos. Y así podría seguir enumerando a mis compañeras, todas con problemas, todas con una actitud muy grande de servicio, todas con años, añísimos enseñando la palabra de Dios. ¡Y yo me quejo! ¡Quiero tirar la toalla!

Precisamente la reflexión era esa: que nos sentimos cansadas y agobiadas, todo mundo nos critica y ve lo malo, lo que no hacemos, lo que nos falta. Nos vamos alejando de Dios y en vez de buscar a Jesús, decidimos abandonar el apostolado. *Ella se limpia la sangre en la frente por la pedrada tan fuerte* Está bien, continuaré hasta donde tenga fuerzas. (Eso no me quita que muera de ganas por ir a recostarme un rato).

Al fin vuelvo a mi casita, mis niñas viendo la TV, mi esposo haciendo un trabajo en la PC.

-¿Habló mi mamá?– Pregunto.
-Sí, que falleció tu tío Ado- Contesta.
-¡Ay no! ¿En serio?- Reacciono.
-¿Bromearía con algo así?- 😦

Sábado por la tarde:

Espero la llamada de mi madre avisándome a que hora y donde sería el funeral. Mi tío Ado tenía tiempo sintiéndose muy mal, le habían aplicado radioterapia, tenía inmovilizadas sus extremidades, parecía tener una leve mejoría. Necesitaba estar sedado para soportar los fuertes dolores. De hecho, estaba por marcarle a mi prima para ver como seguía. No me esperaba este desenlace tan repentino. Mi tía y mi prima, estaban destrozadas. Al menos, dejó de sufrir.

Hubo bazar en el asilo de ancianos, como queda cerca de mi casa fuí de carrera, le encontré apenas un vestido a Mija y quiso un peluchito que yo no le quería comprar. Al final me convenció diciéndome: Llévalo mamá, se lo voy a prestar al hermanite cuando nazca. ¡Chicles! *Ella solicita un trapeador para limpiar el charco de mamá*. Ahí venimos rápidamente, Mija a su ensayo del coro, yo a las flores.

A las 6:00 p.m. nos tocó ofrecer flores a la virgen, de todos mis niños de catecismo, solo una pequeñita asistió con su abuelita. La virgen ha estado muy solita, los papás no traen a sus pequeños, no tienen interés en preservar esa devoción. Rezamos otro rosario, yo cayéndome de cansancio. A todo esto, al fin pude hablar con mi coordinadora, me dijo que estaba bien, que terminara Mayo y que ella veía a quién consignaba mi grupo. Me sentí aliviada, más sé que voy a extrañar a mis niñitos. :´( Afuera del templo una fuerte lluvia caía copiosamente, el ciclo de la vida continúa.

Sábado por la noche:

Mi madre y yo tomamos un taxi hasta los funerales. Parientes de mi tío,  familiares nuestros, amigos de mis primos y de sus nietos. Mi prima parece una muñequita de papel, pálida, frágil, a punto de romperse en pedacitos. Hemos crecido juntas, compartiendo juegos y bailes, travesuras y aventuras. Hace exactamente un año, un mes, una semana, un día ella me estaba consolando por la muerte de mi mamá Gelo, hoy yo la abrazaba tratando de confortar un poco su alma afligida. En momentos como este sobran las palabras.

Mi tía, perdió al compañero de su vida, me abrazaba, lloraba, me decía ¡Ay Mija! ¡Ay Mija!. Todavía no se repone de la pérdida de su hermana (Mamá Gelo), ahora despide a su esposo. Ella quería salir corriendo, no estar ahí, no ser ella. Lloraba, se calmaba, lo veía. Ha visto partir a su abuela, a sus padres y a 6 de sus hermanos. No sé si yo podría soportar algo así.

La mamá de mi tío, de 96 años, en silla de ruedas, sollozaba a ratos, dormitaba en otros. Tuvo diez hijos, este es el segundo que ella entrega al Señor. ¡Que fortaleza! ¡Que mujer! No puedo menos que admirarla, sentirme hasta avergonzada por la carga mínima que yo llevo en mis hombros y que en ocasiones me pesa tanto.

La consuegra de mi tía dirige un rosario por el alma de mi tío. No había caído en la cuenta, es el tercero que rezo en este sábado.

Lo malo de los funerales, es que uno va siempre repasando los anteriores. Y los revive.

Lo bueno de los funerales, es que se encuentra uno con familiares y amigos a los que hace tiempo no veía. Inclusive, con aquellos a quienes se topa solamente en estas ocasiones.

Una tía se acercó conmigo, estuvimos charlando un buen rato. Me contó que hace 2 semanas algunos amigos de su hijo tuvieron un accidente en la presa. Tres de ellos fallecieron, dos quedaron gravemente heridos. Chicos de entre 22 y 24 años. Que la semana pasada, un amigo de mi tío se levantó con dolor de cabeza, entró al baño a ducharse, se cayó al suelo. Derrame cerebral y muerte en menos de 4 horas. Que el fin de semana secuestraron a un amigo de ella. Un hombre trabajador, padre de familia, excelente amigo. No era rico, pero estaba bien acomodado. Pidieron el rescate, no completaron la cantidad requerida. Apareció muerto al tercer día. Mi alma se apretujaba cada vez más con tanta muerte alrededor.

Al mismo tiempo, quien me saludaba me daba la bendición, un “cuídate mucho”, “no sabía que estabas embarazada”, me felicitaban, “que bueno que es niño”. Una señora que no conozco me bendijo abundantemente, me tocó el vientre y me transmitió mucha paz y bondad, su mirada era limpia como pocas, su voz clara y fuerte, su sonrisa sincera. Sentí como si fuera un ángel quien me tocaba.

Fuera de mí: tristeza, desolación, muerte. Dentro de mí: alegría, esperanza, vida.

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

11 comentarios sobre “Tres Rosarios: Muerte y Vida

  1. La vida es vida y muerte. Se nace y se muere. Es ley de vida: Hay que vivir las alegrías intensamente e intentar pasar por las tristezas de puntillas. Ahora mismo lo más importante es que dentro de ti hay una vida nueva. Cuídate

  2. Amiguita, la muerte será parte del proceso de la vida pero siempre es difícil comprender cuando llega, ya sea con familiares, amigos o conocidos, por mas que le traten de dar a uno palabras de consuelo siempre será difícil superar un situación de esa magnitud.
    Qué hermosa labor tienes! Catecismo los sábados, te felicito… Pero qué bien que hablaste con la coordinadora, tener a tu cargo niños, aunque sea por una mañana es pesado, con mayor razón si estas embarazada… Cuídate! TQ

  3. Oli, me da la impresión que te exiges mucho a ti misma, cada uno lleva su carga, no se cómo se puede medir cuál es más liviana o más pesada, yo te podría decir que tu carga es más pesada que la mía, pero aun así, es con la mía con la que debo lidiar. Se que eres una persona muy generosa, y quizá por eso sientes que debes dar más, pero a veces uno debe ser un poco egoísta y cuidarse, sobre todo porque ahora debes cuidar a otro pequeñito que está creciendo.
    Lamento mucho tantas muertes, sobre todo las que son por causa de un crimen, es terrible vivir con esas noticias cada día 😦
    Abrazos y besos!

    1. Tienes mucha razón Bere, es una manía que tengo, exigirme demasiado. He tenido épocas en que dejo de hacerlo y siento que todo mi entorno se cae a pedazos, me hago responsable de cosas que ni siquiera me competen y yo solita voy cargando más piedritas en mi lomo.
      Me has hecho reflexionar de nuevo en esto, te agradezco profundamente.
      Cariños recibidos y reenviados!

  4. Definitivamente, adentro está todo mas bonito. Y no dudes en que esa señora que no conocias, era un ángel con la misión de alejar tu mente de tantas cosas desagradables y para recordarte que dentro de ti habita la esperanza, el amor, la fe. Que hermoso momento, a pesar de todo. Un abrazo!

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