Publicado en Maternidad

Día de la Candelaria

Nos reunimos por la tarde para la procesión de niños por el Día de la Candelaria. Recordando cuando el Niño Jesús fue presentado en el templo, la comunidad asiste llevando sus niños Dios vestidos de gala para tal ocasión, iluminando el camino con las velas (antes candelas), orando y cantando durante el recorrido. Los pequeños en especial se emocionan mucho al ver tanta figura de diferentes tamaños y colores, hay niños morenos, rubios, trigueños, enormes, miniaturas, etc. Los ropones van desde el inmaculado blanco hasta un azul pitufo que pa que te cuento. Las señoras se desviven por adornar cada quien a su(s) niñito(s) lo mejor que pueden. Algo que me llama poderosamente la atención es que les pongan ropa de santos (San Judas, San Francisco o el Papa), digo, si es Dios ¿Porqué se le viste de Santo? Minoentender. Punto aparte es el medio de transporte del niño Jesús, he visto canastas, envases de Tupperware, platones, fruteros, una tapa de olla tamalera, cajas, bolsas y las propias manos. ¡Como una de las señoras mayores que llevababa en una mano 5 niñitos y en la otra mano, dos velas!.

A mis hijas les agrada andar en el mitote, Mija este año en particular como integrante del coro de niños ha andado de lo más activa. Mi vecino V -quien prácticamente le salvó la vida a mibeba- prestó su camioneta para que la adornaran, prestó a su niña para que fuera la Vírgen María y un primito de ella fue San José. Las catequistas y mija -la participativa- estaban arreglando la camioneta con manteles blancos, una silla para la Sagrada Familia y una larga hilera de globos.

En eso ¡Plop! un globo se reventó, ya sabes tú como son escandalosos los globos al reventar, asustando a más de 3 señoras y a varios niños. Algunos concurrentes -incluída mua- pegamos sendo alarido, expandiendo la zona de asustamiento. Una de mis niñas (alumnas) que llamaré “Mary” se impresionó tanto, que soltó la caja de zapatos donde llevaba al Niño Dios, estrellándose contra el suelo y desprendiéndose de inmediato su cabeza y creo, uno de sus brazos. Mary lloraba desconsolada, temblaba de pies a cabeza, sollozaba como si estuviera perdida en el desierto. Instintivamente me acerqué a ella para consolarla, mientras le decía con voz suave:

– “Ya no llores, Mary, se puede pegar, cálmate chiquita”.

Pues nada, a su lado una mujer que no era su mamá, la había estrujado contra su cuerpo, cubriéndola casi por completo con su brazo derecho, mientras con el izquierdo aventó mi brazo con total desprecio, mientras vociferaba:

-“Ya déjela, déjela. Es una chillona, una chipilota”

-“Es por tu culpa” – La mamá agregaba – “Tú estabas de terca que te querías subir a la camioneta, ¿de qué te asustas? ¡Son unos #$$% globos! A ver si te toca una balacera de las fuertes, vas a estar llorando igual, eres una chipil, ¡¡¡Ya deja de llorar, yaaaaaa!!!”

De momento no reaccioné, me quedé parada ahí sin moverme. Luego, volví a abrazar a Mary (lo que podía, la señora seguía tapándola) y a decirle de nuevo, que yo tenía pegamento, que yo le podía pegar la cabeza al Niñito Dios. Una señora mayor, que presenció todo, también le hablaba de dulce modo:

-“Ya chiquita, cálmate nena. Eso que dijo tu mamá no lo va a hacer, no lo va a hacer”

¿Qué era lo que su mamá le había dicho? ¡No me dí cuenta! Entre la gritería y Mary temblando, no escuché la amenaza. Lo que alcancé a escuchar es que la mamá le seguía reclamando un montonal de cosas que no tenían absolutamente nada que ver con el accidente que acababa de pasar. A ella -la mamá- le apuraba más la figura de resina que se la había encargado otra señora y ahora, tendría que devolverla completamente destrozada. Seguía y seguía culpando a la niña.

Eso no fue lo peor, sino que yo todavía rodeando a Mary sentí como se balanceaba hacia adelante de manera muy brusca. Ella vestía un chaleco de tejido de donde SU MAMÁ la jaloneaba para acercársela y … pegarle? pellizcarle? coscorronearle? no sé… bastaba ver su mirada furiosa y sus ojos hinchados. Así con más fuerza a la niña, y creo que, finalmente la señora se dió cuenta de lo que estaba a punto de hacer y desistió, no por ello dejando de lado las recriminaciones y los insultos hacia su propia hija.

No sé si a tí te ha pasado esto, pero a mí me sucede muy seguido. Cuando una persona está muy, muy enojada irradia ese enojo a su alrededor. Igual, he sentido cuando alguien pasa y va dejando tras de sí una estela de coraje. Pues bien, en ese momento yo sentí y no sólo eso, sino que absorbí todo el ¿odio? ¿rabia? ¿frustración? que emanaba de la señora. Me sentí fatal. Muy, muy mal. ¿Y mi bebé? ¿Qué pasa con él? ¿También sintió todo esa carga negativa? ¡Oh Dios! Espero no haberle dañado.

Me dió tanta tristeza, no atinar a decirle nada a la señora, ya en otras ocasiones he querido hablar con ella, porque me doy cuenta que tienen problemas en casa (¿Quién no?) que están afectando a mi niña Mary. Pero la señora, tiene la mirada perdida, no me escucha. A veces creo que está afectada de los nervios, no sé. Igual son ideas mías y simplemente no se nos da la comunicación.

Lo peor de todo, fue reconocerme muy en el fondo de esos ojos. Asomarme y ver mi reflejo, el reflejo de mi monstruo, ese al que me cuesta tanto domar. Pensar y recordar, cuántas veces he sido yo quien le ha gritado a mija, quien la ha acusado, quien la ha jaloneado… creo que no podré continuar este relato.

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

4 comentarios sobre “Día de la Candelaria

  1. A mí me pasa que pierdo los estribos por cosas que luego de un rato me doy cuenta que soy muy insignificantes (claro que en el momento no me parece así). Me pasó hace unos días que Gabriel tiró un yogur en el suelo, y yo pensé “ash, otra cosa que recoger, no!”, y me enojé también. Después (un buen rato después) me dí cuenta que no era tan relevante, no lo hizo a propósito, y no era el fin del mundo. Trato de tener en perspectiva esos detalles, recordar que las cosas no son tan grandes como las veo en el momento, pero supongo que a todos nos pasa como a la mamá de Mary, que se nos olvida que son niños y que no hacen las cosas por molestarnos, que muchas veces son cosas fáciles de resolver, y que no pasa de pegar las cosas, recoger el desastre, o pedir una disculpa…

    También entiendo que hablar con otra persona sobre como tratar a sus hijos es bastante complicado. A menos que sea una persona de mucha confianza, y aun así, no sabemos cómo van a reaccionar. Quizá lo más prudente sea hablar con ella, no señalando el problema que tú ves, sino preguntándole ella como ve a Mary, decirle que te preocupa como ves a Mary, y que ella como la ve en casa, si no hay algún problema, etc. En la guardería eso hacen cuando ven que a los niños les pasa algo. Mandan llamar a los papás, y aunque a veces no pasa nada en casa, creo que nos sirve reflexionar cómo ven las otras personas a nuestros hijos.

    Saludos!!

    1. Te agradezco sinceramente tu consejo Bere, de repente sí no sé como tratar a las mamás de mis niños, me ha pasado en otras ocasiones q doy una queja del comportamiento del niño y el pobre sale nalgueado y gritoneado peor el remedio que la enfermedad
      Trataré de buscar un momento para hablar con ella, ya lo he intentado en anteriores ocasiones pero no sé… algo pasa con su mirada…

      1. Sí, te entiendo. Las personas no siempre estamos abiertas a escuchar, o solo escuchamos lo que queremos. Mi mamá me platicó algo similar, aunque en su caso era un niño, muy revoltoso, que ya ninguna otra maestra lo quería, porque no dejaba a los demás niños concentrarse. Mi mamá lo que hace es tenerlo ocupado, y ponerle límites (bueno, no lo dice con esas palabras, pero así interpreto lo que me platicó). Resulta que en su casa también hay muchos problemas, mi mamá hasta sospecha que su papá le pega. Así que creo que tampoco se había atrevido a hablar con la mamá. Yo le decía que en el caso de este niño, me parece que lo que quería era llamar la atención, cuando lo consiguió con mi mamá, entonces se empezó a portar mejor, pero no es suficiente, porque no es de ella de quien requiere atención, y además la ve solo hora y media por semana. La verdad es que es difícil aceptar que a veces no podemos hacer nada o hacemos muy poco por otras personas 😦
        Yo considero que tengo un carácter muy feo, y que me enojo con facilidad y además no siempre me porto como debería con Gabriel, pero tengo claro que una queja de las maestras (incluso si pegó, mordió, peleó con otro niño), no es para que me ponga a gritarle o pegarle. Primero porque es sobre un comportamiento que ya pasó, así que mi pequeño ni va a entender por qué su mamá se pone como loca, y segundo, porque yo no estuve ahí, no se por qué se portó así, y por mucho que escuche la versión de la maestra, es solo eso, la versión de la maestra.
        Pero a ver, cómo le hacemos entender eso a las mamás? especialmente cuando tienen otros problemas que no conocemos? cuando no sabemos como tratan a sus hijos, y es su costumbre comportarse así, y por un comentario nuestro no van a cambiar (o al menos, no será fácil que cambien).

        PD. a la próxima escribo un post, porque ya te ocupé media página, jajaja 😉

        1. He tenido algunas discusiones con mi esposo por ese motivo, que me entero de ciertas cosas q les pasan a mis niños y quiero intervenir, pero no me corresponde o sí lo hago, los resultados son más desastrosos que de haberme quedado callada, a veces les pegan, los castigan, otras veces de plano, ya no me los llevan a clase -pa q deje de meterme en lo que no me importa-
          Lo malo, es que sí me importa. Son míos sólo 2 horas los sábados. Pero un a parte de ellos se queda conmigo el resto de mis días.
          He optado por hacer como tu mamá, a los niños más inquietos o tremendones, los mantengo ocupados, ayudándome o repartiendo material, tratándolos como “grandes” y sí da resultado -la mayoría de las veces-, pero bien dices, es sólo un rato. Llegan a casa y todo sigue igual.
          Todas tenemos esos ratos de desesperación, nadie nos enseñó a ser padres, antes de pedirle al niño que se comporte o no haga berrinches, somos nosotros los primeros en hacerlos. Es tarea ardua, domarnos primero y educarles después. Habrá muchos tropezones, habrá el doble de caídas, pero tenemos q avanzar y levantarnos. El amor que le tenemos a ese pequeño ser nos obliga a continuar.
          Y no te apures Bere, este espacio es tan tuyo como mío, que para eso se llama COMENTARIOS. Usted escríbale que aquí y allá la leemos.
          BESOTE!

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