Día de Muertos I

Mire, cuando era niña (no hace mucho tiempo por cierto) en mi colegio montaban altares de muertos, hecho por el cual, nos pedían (más bien a nuestros papás) que cooperáramos con cañas (¡mmmh, deliciosas!), naranjas, guayabas, dulces, papel y más papel de china (picado y sin picar), y un larguísimo étc. No me gustaba que mi papá tenía que ir todo apurado al mercado de la ciudad (nosotros vivíamos en una granja a las afueras de Gómez Palacio, el colegio estaba en Lerdo) a conseguir frutas, dulces y papel, pagar hasta el doble (¿no debería estar más barata la fruta de temporada? Pero todas las escuelas pedían, así que ¡A encarecer!) y lo peor: jamás podía probar aquellas delicias, porque una vez que terminaba el evento, los niños de otros salones se robaban las ofrendas de los altares. (Me retiro momentáneamente a llorar todas las cañas que no consumí).

En fín, la otra práctica: visitar panteones. No, a mí no se me da, siempre he sido muy temerosa de las lápidas, así que iban mis papás (y no recuerdo si mi hermano) a visitar las tumbas de la familia, mientras que a mí me dejaban con alguna tía, leyendo revistas o enciclopedias. ¡Sí, que tiempos aquellos!

Lo curioso del asunto, es que, por más esfuerzo que hago, no logro recordar explicación alguna acerca de los altares. Recuerdo el sentimiento de tristeza al ver la foto de algún muerto, y el miedo que me provocaba el verme rodeada de cruces de cemento, ya se me figuraba que salía algún vampiro, momia o bruja a llevarme (por ahí tengo pendiente una cita con el psiquiatra o psicólogo, para que destelarañe cierta parte de mi subconsciente).

Cuando ya crecí (no mucho, el que me conoce lo sabe) y me casé, nos fuimos a vivir a Fresnillo, Zac. Terminaba el mes de Octubre, y timbraron a la puerta del departamento. Bajé las escaleras y me dice un niño: -¿Coopera pa’l muertito? -¡Sí como no! Permítame.- Y ahí voy encarrerada por unas monedas para ayudar.

Al día siguiente, salíamos del cine, cuando vimos un montonal de niños, algunos con vendas en la cabeza, otros con manchas de sangre, varios de ellos con cajas negras en las manos “¿Coopera pa’l muertito?” ¡Ay Dios! Ora sí me asusté ¿Pues que pasó? ¿Chocaría un camión de pasajeros? ¿Porqué tanto muerto?  O.o

Ahí se acostumbra pedir “p’al muertito” y los niños elaboran cajas de muertos, ataúdes o similares y van recorriendo las calles pidiendo su cooperación, que bien puede ser dinero o algo de dulces, galletas o lo que uno les quiera dar. Y los que más piden son los niños de la calle, o los de las colonias de la periferia. También se visitan los panteones, pero si no lo hice en mi casa, menos acá donde no tenía muerto alguno en el panteón municipal.

Años después, hicimos un viaje a Oaxaca capital, precisamente en estas fechas. Estábamos descansando en el hotel, cuando le digo a mi marido:

-Oye, vamos al panteón, a ver como celebran a los muertos.
-¿Qué? ¿Estás loca? ¡Hace un frío de los mil demonios! La niña está dormida ¿Quieres enfriarla?
-¡Anda! ¿Cuándo volvemos a estar aquí? ¡Total, la arropamos bien, la llevamos en la cangurera y listo!

Después de rumiar un rato, salimos del hotel, rumbo al camposanto. Y al llegar, no podíamos creer lo que nuestros ojos veían: había juegos mecánicos, venta de dulces, comida, calaveritas de azúcar, muñecos, flores, aguas frescas… ¡Era una fiesta!

Luces por aquí, velas por allá, colores, cantos, barullo, gritos, llanto, risas.

¿No nos habríamos equivocado de camión? ¡Esto parece la Alameda un domingo por la noche! Tuve que regresarme a la entrada: Panteón Municipal dice el letrero. Sí, no hay error.

Pues mire usted, había velas encendidas en la mayoría de las tumbas, olor a incienso y el infaltable Cempasuchil aromatizaba el ambiente. Las familias se congregan llevando comida típica, mole y taquitos al por mayor, unos bebían cerveza, otros tequila, los más pues refresco. Alrededor de la tumba compartiendo comida y bebida, al son de mariachis o de perdido una grabadora, una pareja bailaba entre tumba y tumba, los niños corrían y reían de aquí para allá. Otros rezaban el rosario, mientras limpiaban las lápidas. Y pa acabarla, me quedé sin rollo en la cámara. 😦 Hacía mucho frío, de verdad, pero no se sentía. La gente volteaba y nos sonreía. Nunca he visto nada igual.

Por ahí me queda pendiente, espero en un futuro no muy lejano, volver a la isla de Janitzio, Michoacán, donde estas celebraciones toman otro sentido. Un viaje al pasado, de esos, que tanto me gusta hacer.

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5 thoughts on “Día de Muertos I

  1. Es una fiesta! Es como si en lugar de lamentar la partida de los seres queridos, se celebrara que hanpasado al otro plano, al mas allá, a una vida mejor, o como se e le quiera llamar….

    Y hasta es lógico, quienes se van, se libran de tantos males que abundan en la tierra, claro, dejan a sus familiares llorando por su ausencia, y segura estoy que ellos al irse también piensan en la gente que dejaran… Pero es admirable esta forma de recordar a los seres queridos difuntos. Enseña que no hay que temerle a la muerte, que quienes ya no están, están mejor.

    Me recuerda una tradición creo que de algún país árabe o asiático, que lloran cuando nace alguien y celebran cuando muere (no me preguntes de donde saque esto, no recuerdo si lo leí ni donde, O si lo vi en tv, a lo mejor ni siquiera es un país sino solo una zona de un país….)

    Me gusto mucho el altar que hiciste, pero eso ya te lo comente en twitter. Gracias por escribir sobre esto, ya sabes como me llaman la atención las tradiciones de otra tierras, y Mexico tiene muchas de ellas.

    1. Yo también hace tiempo que leí eso, me parece que es en Japón, pero no estoy muy segura de ello.
      Gracias por tus comentarios Fati, como te dije, te dediqué estos 2 posts sobre el día de muertos, porque sé que te llama la atención.
      Gracias por estar mi linda Fati!

  2. Amo las tradiciones mexicanas!! Yo sí recuerdo alguna que otra explicación de lo que significaba el altar (pero ya sabes como es el alz heimer, no recuerdo el contenido). El año pasado llevé a Gabriel a ver los altares en la casa de la cultura, que me encantan… pero este año se quedó dormido!! jajaja, espero que el sábado todavía estén para que los vea, le encantaron el año pasado, y más que había niños leyendo historias, gente representando rituales prehispánicos, etc.

    PD: muero de risa con “chocaría un camión de pasajeros?” jajajaja

    1. Es que acá en el Norte no acostumbrábamos a hacer eso, algo comentaron de que por disposición de la SEP había que promover estas raíces culturales y pues de un tiempo a la fecha, es que se impulsa la creación de los altares en escuelas y espacios culturales.
      Yo también acostumbro llevar cada año a mija a ver los altares y tomarle foto con cada uno de ellos, hacemos tour entre las oficinas de gobierno, escuelas, museos y teatros, unos son verdaderas obras de arte, como los que hacen en Oaxaca, donde usan tapetes de aserrín pintado de colores, te quedas con la boca abierta de ver lo que pueden lograr.

      -JAJA soy muy simple verdad? (Por lo del camión de pasajeros)

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