Publicado en Familia

Apego

Llegó el día que tanto temía, que tanto evadía. Tenía que ser ahora, si no ya no lo haría. Respiro hondo, cierro los ojos, me arremango, abro mis ojos, manos a la obra:

-¿Esto lo va a querer?- Pregunté.
-¡Eso se lo regalé en navidad!- Contestó mi mamá.

Las pertenencias de mi mamá Gelo, pasaron una a una por mis manos. Ciento veintiocho días transcurrieron desde su partida. Mi mamá no había tenido el… ¿valor? de regsitrar su clóset, sus cajones, sus cajas, su vida. Pudimos haber dejado todo tal y como está. Ese es su espacio y nada estorba. Sin embargo… la ropa y los zapatos pueden servirle a alguien. Pensando en esto, separamos una porción para el asilo de ancianos, otra para amistades que sean de talla similar, algunas prendas se quedaron en el armario para que las use mi mamá y unas pocas blusas me las traje a casa, las vestiremos mi hija (Sí, ya le quedan blusas de su bisi) y yo.

Sentimientos encontrados se hicieron de nuevo presentes en esta tarde. Por una parte, quería dejar sus posesiones en estado criogénico, nada se mueva de su lugar. Por otra, creo que me da más tristeza ver sus cosas y saber que ella ya no las necesitará. Mi mamá me preguntaba constantemente: -¿Es que no quieres nada de ella? – debido a mi negativa a hacerme con su ropa, tan sólo me limité a tomar un par de blusas, un trío de suéteres y sus medias de compresión. No es que no quiera quedarme con algo, por el contrario, me quedaría con TODO. Más no se trata de eso… se supone que debíamos liberar… liberar espacio en el armario y liberar el dolor en nuestros corazones. Tampoco es que por quitar su ropa deje de recordarla, o mucho menos. Yo la recuerdo a cada instante de mi vida, aunque no tenga una sola de sus fotografías, ni una sola de sus prendas.

De entre las blusas que seleccioné, está una color café (a ella le gustaba mucho ese color, por lo que la mayoría de su ropa luce en ese tono) que fué con la que la ví entrar al cielo y bailar con mi papá. Todavía permanece su aroma en la tela. Un olor cálido y suave, tierno y fuerte, así como ella es. No pienso ponerme esa prenda, la guardé para sentirla aún más cerca de mi corazón.

El resto de sus efectos, fue revisado y vuelto a colocar en su lugar. Guarda su vestido de novia completo, el cual por cierto, me quedaba cuando yo tenía 11 años, pues ella era muy menudita. La cauda está amarillenta, el satín arrugado, el encaje parece papel a punto de romperse, pero ahí está, lo único que falta es el velo. También nos topamos con la factura original del famoso tren metálico que en la Navidad del ’54 le regalaron a mi tío Roge.

Recortes de periódico de los nacimientos, bautizos, piñatas, bodas y defunciones de cada miembro de la familia, cuidadosamente ordenados en una cajita de madera. Cartas de sus papás, hermanas, hijos que fueron recibidas en cada separación, en cada nueva aventura.  Por ahí guarda una carta que le escribí cuando tenía 6 ó 7 años, le decía lo mucho que la quería y que ella era dos veces mi mamá.

Fotografías, cientos de ellas, de cuando era una bebé, de cuando estaba adolescente, cuando se casó, sus hijos, sus hermanos, sus nietos, sus bisnietos, sus compadres, viajes, fiestas, en blanco y negro, a color, amarillentas, sepias, magentas, veladas…

Sus collares de fantasía, sus aretes, un par de relojes, radiografías, vestidos de fiesta, mascadas, adornos, perfumes, cremas, talcos, películas mudas de 35 mm con la sonrisa de mi madre cuando tenía 2 años o aquella navidad que bailaban al calor de la cena… Estas películas me gustaba ponerlas en el proyector (que todavía funciona) después de hacerle sus respectivas palomitas y pasarlas cuando teníamos visitas, acercándole como siempre, su caja de klennex a mi mamá, pues obligadamente terminaba llorando al revivir los tiempos idos.

Y eso que ya no me pasé a la cocina, donde tiene cajas y libros, cuadernos repletos de recetas, que siempre decía que iba a preparar después cuando consiguiera x ingrediente. Muchas de ellas sí las disfrutamos, pues cocinaba como pocas y todo le salía bien, hasta aquellos platillos que ella misma decía le habían quedado desabridos, a mí me sabían a gloria.

Mi hermano le dice a mi mamá que se deshaga de todos esos papeles, que aparte de hacer “pachonero” no le permiten fluir. Que tire todo lo que le impida soltar el pasado. Si mi mamá Gelo tenía apego por los recuerdos, mi mamá guarda el doble de todo y más, inclusive de los malos recuerdos. Yo que soy tercera generación, tengo muchísimo más apego por los recuerdos. Y Mija nos dice: “Quiténse que ahí les voy.”

Lo sé, no es sano, estar aferrada al pasado. Y creo que lo voy soltando poco a poco. Pero tampoco puedo deshacerme de todo de un momento a otro. Así como mi mamá fue guardando cariñosamente cada trocito de su existencia, igual yo he ido acumulando mis boletitos de viaje al pasado. Total, basta con subirme al De Lorean para volver.

P.D. ¡Te extraño Mamá Gelo! ¡Más de lo que imaginé!

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

4 comentarios sobre “Apego

  1. Gracias por abrir tu corazón, como siempre! Es un proceso que todos debemos vivir tarde o temprano o que otros vivirán con nosotros. Lo cierto es que mis abuelos paternos y maternos murieron y no los conocí. Pero tuve la oportunidad de vivir esa experiencia con mi vecina, ella fue como mi segunda madre, ella me regaló un perro en cerámica que tuve en la sala de mi casa hasta hace poco y ahora no sé donde lo guardé. Vi a sus hijas tratar de salir de todo, pues ellas vivían en los Estados Unidos y se les hacía imposible cargar con muchas de las cosas. Mi mamá vive ahora en su casa y se quedó con muchas de sus pertenencias, sé que es un proceso doloroso. Le he pedido a mi madre que vaya organizando los closets que tiene lleno de cajas porque no quisiera tener que experimentar ese momento, pero sé que ya me tocará. Gracias por compartir tu experiencia, nos ayuda a todos.

  2. Oli, con esto de las vacaciones apenas me voy actualizando con los blogs, jeje.

    Eres una gran mujer, me recuerdas mucho a mi mamá, ella también es muy sensible y amorosa, así como tú, y le gusta también guardar los recuerdos. El día que tuvo que hacer el mismo proceso de revisar las pertenencias de mi abuela, fue muy doloroso para ella, y creo que ha sido aun más doloroso ver la casa de mi abuela, la casa donde ella vivió su adolescencia, donde su papá les preparaba tacos de salsa, donde mi papá fue a llevarle serenata y decirle que se la quería robar (no lo hizo porque no lo dejaron, jeje)… en fin, la casa de sus recuerdos, tan descuidada, y además en pleito entre sus hermanos.

    Pero creo que lo mejor de las personas que conocimos y que nos tocaron el corazón, como tu mamá Gelo y como mi abuela, no son sus pertenencias (y con esto no digo que no sea bueno guardarlas, a mí también me gusta conservar algunas cosas, como la primera ropita que usó Gabriel), sino todo eso que nos inculcaron. Muchas veces veo actitudes de mi abuela en mi mamá, o sus gestos, la comida que prepara, últimamente hasta en pláticas con mis primas ha salido el tema de mi abuela, y la verdad que hasta me emocionó ver que ellas la recuerdan con tanto cariño y dicen sus dichos, cantan sus canciones, etc. Estoy segura que a ella eso la hubiera hecho feliz. Al igual que se que tu mamá Gelo te ve desde el cielo, y en ti ve alguno de sus gestos y seguro ríe 🙂

    1. Oh Bere! Hiciste que se me nublaran los ojos!!! Que triste que la casa esté en pleito entre los hermanos, eso es lo más doloroso que resta al partir los fundadores de la familia…
      Gracias, de verdad, por tus nobles sentimientos… 😀 Me siento reconfortada con tus palabras.

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