Publicado en Personal

Primer Amor

l era un niño algo rebelde, un poco adelantado a su edad. Solía jugar fútbol como pocos y era muy bueno en el “chinchilahua“. A veces peleaba con los compañeros. No era el más listo del grupo, ni el más borlotero, ni el más guapo. Tenía “algo” que lo diferenciaba de los demás. Un algo que captó mi atención.

En ocasiones me hablaba en el salón, me preguntaba sobre matemáticas o español. Le explicaba el tema y notaba que se ruborizaba. Pensaba que le daba pena pedirme ayuda. Lo gracioso era, que no la necesitaba.

Un día, al salir de  clases, un amigo de él me dio una carta en secreto: era una petición formal para ser su novia. ¿Su novia? ¡Dios mío! ¡Mi corazón iba a estallar! No puedo recordar si le contesté de inmediato o todavía me dí el lujo de pensarlo, la cuestión es, que había que escribir  la respuesta en el papel y así lo hice. Aquella misiva no volvió jamás a mis manos, estaba sellada con un .

El colegio no contaba con un árbol hueco para usarlo como buzón. Su amigo me entregaba las cartas, las mías las recibía por una amiga. Palabras de amor escritas por un par de chiquillos, que no tenían idea de lo que estaban diciendo. Corazones cruzados con una flecha, renglones llenos de “Te quiero”, sueños que nunca se realizaron.

Los viernes nos llevaban al parque de en frente. Él dejó a sus amigos jugando futbolito, yo dejé a mis amigas jugando a las barbies. Sentados los 2 en una banca, uno a cada extremo de la banca… no nos atrevimos a mirarnos. Los compañeritos se asomaban “discretamente” hacían como que la pelota se les iba en esa dirección o pasaban caminando y nos veían de reojo. No creo haber sentido tantos nervios como en aquella ocasión.

Al siguiente viernes, nos sentamos de nuevo en aquella banca. Con un plumón negro pintamos un corazón con nuestras iniciales. Nos vimos a los ojos. Los suyos eran color miel. Sonrió y se fue corriendo.

Otro viernes llegó, la misma banca, nuestra banca, nos esperaba. Sacó de su bolsillo un águila de madera con un pequeño crucifijo al centro. Me pidió que la guardara como se guarda un tesoro. Besó el amuleto y lo colocó en mi mano. Y así estuvimos una eternidad. Con nuestras manos entrelazadas… cada quien desviando la mirada, buscando estrellas en pleno día.

Hubo una función de matiné para colectar fondos pro-algo. Todo el salón debía asistir. Él me estaba esperando dentro del cine, apartó un lugar para mí. Mi mano en su mano, los latidos de mi corazón no me dejaban oír.

El curso escolar terminó al llegar el verano, aquel dulce amor también. Jamás hubo un beso, ni un abrazo, ni siquiera un adiós. Sólo 2 pequeños corazones latiendo emocionados por primera vez.

P.D. Años después me enteré, que algunas epístolas eran tan bellas, que “los amigos” se quedaron con ellas. Yo conservo el resto.

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Autor:

Varias ideas rondan mi mente, muchas palabras quieren salir, pocas personas que quieran oir lo que en ocasiones me es dificil decir

4 comentarios sobre “Primer Amor

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