Domingo de Ramos
Los niños llegan temprano al lugar de la cita, vestidos de pueblo y con las ramitas adornadas que sus papás les compraron. La ilusión se refleja en sus caras, aunque muchos no saben a bien de que se trata la caminata. Jesús, hace su entrada triunfal en Jerusalén, montado en un burrito. El pueblo (los niños, nosotros) cantando Aleluya y levantando las palmas en señal de alabanza. Vamos coreando alegremente, el Señor está aquí y le recibimos.
El Sacerdote nos espera a la entrada de la parroquia, bendice aquellos ramilletes, da lectura a la parte del Evangelio donde se describe la llegada de Jesús, ingresamos al templo.
Ya dentro, la misa es un poco diferente, esta vez hay otros 2 hombres a ambos lados del Sacerdote, haciendo las veces de narrador y otras voces respectivamente, mientras el Padre lee los fragmentos correspondientes a Jesús. Se relata la Pasión de Cristo. Mientras tanto, algunos niños comienzan a cansarse, quieren irse a jugar al patio. La iglesia se llena de un aroma a manzanilla y ramas frescas. Comienza así la Semana Santa: para algunos diversión, descanso y pachanga. Para otros reflexión, silencio y penitencia.
Jueves Santo
En catedral el Obispo celebra la Misa Crismal consagrando el Santo Crisma (usado en las ordenaciones sacerdotales, confirmaciones y bautizos) y bendiciendo los óleos (los aceites que se usan en la unción de los enfermos), en una ceremonia mas bien extensa, pero muy emotiva. De manera particular, me emociona mucho todo el misticismo y el ver reunidos a tantos sacerdotes, a un par de ellos puedo llamarles amigos.
Luego, en la parroquia, se hace una representación de los apóstoles en el momento en que Jesús les lava los pies en señal de humildad. Este día conmemoramos la institución del Sacerdocio y del Sacramento de la Eucaristía.
Al salir, se hace la procesión al monumento. De regreso se reparte el pan bendito entre los asistentes “para que nunca falte el pan en la mesa”. En cierta ocasión me tocó ver como la gente empujaba a un par de ancianitos, con tal de llevarse ellos el mentado pan. Y un chiquillo casi es arrollado por la multitud. Otras personas se forman 2 o más veces para cargar con más panes. Lo peor del caso, es que ni siquiera se lo comen. Lo guardan y voalá tienen un montón de panes duros. No vuelvo, gracias.
Por la noche, en la capillita nos reencontramos para velar, por espacio de una hora, cada grupo de la Iglesia: desde las Catequistas hasta los Coros, pasando por los Sectores, Liturgia, Crecimiento, Renovación, Grupos Juveniles, etc. Entre oraciones, cantos y reflexiones, imagino lo triste que debió estar Jesús rezando en el huerto, sudando sangre y viendo como sus mejores amigos se dejaban vencer por el cansancio. Uno de ellos le traicionaría, Él lo sabía y en vez de detenerlo le apuro para que terminase su misión. ¡Qué infelicidad! Traicionado por su mejor amigo. También Pedro, quien decía quererlo tanto, lo negó 3 veces en esa tormentosa noche. Lo mismo hago yo, digo que le conozco y cuando se requiere finjo demencia, en vez de reconocerle. Lo mismo hago yo, traicionando su amor, su amistad, con mi mal proceder, mis envidias y mis venenos. Y Jesús amándome tanto, que entrega su vida en la cruz para el perdón de mis pecados…
Me quedo observando el cirio pascual. La última vez que encendí uno fue cuando recé por mi mamá Gelo. Cierro los ojos. Canto, oro, lloro… me voy… me voy lejos… allá arriba alguien me extiende su mano, al tomarla la Paz me invade. Hay mucha luz, siento cada vez más lejos el suelo. Mi mamá Gelo toca mi cabeza con su mano, se sonríe, es feliz. “Todo está bien, yo estoy bien” me repite una y otra vez. Es feliz, es feliz, es feliz. A su lado está Mamá María, no le veo el rostro, reconozco su silueta. ¡Mamá! ¡Mamita! ¡Quiero estar con usted! Los tres mueven la cabeza diciendo que no. Él me suelta la mano, caigo al vacío, oscuridad, frío. La ví feliz, yo debería estar contenta por ella. Soy muy egoísta, mucho muy egoísta.
Viernes Santo
Viacrucis viviente. El año pasado mi esposo fue Barrabás y mija la esclava de Herodes. Este año, sólo somos pueblo. Como hace bastante sol, les añadí unas gafas oscuras a ambas “palestinas”. Muy modernas ellas, ahí vamos a caminar. Herodes, Pilatos, Barrabás y los soldados, todos están muy en su papel. En cada estación se hace una reflexión, se reza el Padre Nuestro, el Ave María, el Gloria. Hay mucho alboroto, los niños preguntan si esto es de la vida real o sólo están actuando, pues Jesús cae en 3 ocasiones al suelo, mientras los romanos le pegan de azotes, tanto a él como a los otros ladrones. Uno de ellos intenta escapar, le dan más recio. El Cirineo se resiste, no quiere ayudar a cargar la cruz. Más azotes, al cabo, ahí está el hombre ayudando a aquel desconocido a llevar el madero.
Hay demasiados soldados, son tan sólo 2 ladrones y el Rey de los Judios. Me gusta ver detenidamente los trajes de los soldados. Papel periódico, engrudo, un poco de pintura dorada y las cerdas de un cepillo, hacen la magia. La gente platica, maldice el sol, se ríe. Otros, parados fuera de sus casas o negocios se limitan a mirar al contingente. Me pregunto que sentiría Jesús, sabiéndose inocente, al escuchar la sentencia de muerte. ¿Qué pensamientos vendrían a su mente? Las mismas personas que el domingo lo vitorearon y le clamaban rey, ahora gritaban: ¡Crucíficalo! y se burlaban de él. Buscaría con la mirada a sus apóstoles, les descubriría ocultándose entre la muchedumbre. Su agonía comenzó desde el jueves, esperando aquel beso traidor. Le han golpeado, escupido, humillado, condenado. Está muriendo lentamente.
En el trayecto, venden nieve, mangonadas, jicaletas, raspados, agua… los niños corren, quieren ver. Algunos lloran. Los ancianos en silla de ruedas son empujados por sus familiares, los celulares no dejan de sonar, esto es un relajo. Supongo, que igual en ese entonces, era todo confusión y curiosidad. Seguidores y detractores, en el mismo espacio, queriendo saber, deseando estar presentes en el momento final.
Hace un par de años, la muchacha que hizo de María, la madre de Jesús, se involucró tanto en su papel, que estuvo llorando como Magdalena literalmente, desde la segunda estación hasta que tendieron el cuerpo en el altar. Todavía se acabó todo, y no lograban consolarla. Ella lloraba y sollozaba… y nosotros junto con ella. Mucho influyó el actor que interpretó a Jesús, porque lo vivía profundamente y transmitía el dolor y sufrimiento con su voz y con su cuerpo. La sangre que le escurría de la frente era real, por un error, le dejaron las espinas hacia dentro. Igual que los azotes en el torso y los raspones en las rodillas.
Cuando todo estuvo culminado, bajaron el cuerpo inerte del Maestro, ¡Ándale! que se le cayó la peluca. Risitas. Ya descubrieron su identidad secreta, dijo un niño. Risotas. En fín, en fín.
Entramos al templo, no hay misa hoy. Se adora la cruz, se comulga y se visita el cuerpo tendido del Mesías.
Decía mi papá que Dios ayudaba en la representación del Via Crucis, pues siempre se nublaba a la hora de la muerte del Señor. Eso era antes. Ahora hizo un calor insufrible. Mi beba se insoló. Yo y mis grandes ideas.
Es de noche. La procesión del silencio: acompañamos a la Vírgen María en su dolor. Vestida de negro, encabeza las 3 filas de personas portando velas. Su único hijo ha muerto. Ella le vió padecer el rechazo del pueblo, sus amigos le dieron la espalda, le han dejado solo. Aquel bebé, su bebé, que arrulló en un pesebre, ahora yace en un frío y oscuro sepulcro. Dicen que no hay peor dolor que el de perder un hijo. María lo experimenta en carne propia. Jesús nos la entrega como madre. Lo menos que podemos hacer, es estar a su lado.
Sábado Santo
La noche cae de nuevo. Llevamos cirios y velas al punto de encuentro. Han encendido una fogata con las palmas del Domingo de Ramos del año pasado. El Sacerdote da una explicación y bendice este fuego nuevo. Cristo, la luz del mundo, rompe la oscuridad del pecado y nos trae la salvación. Caminamos de nuevo hacia la parroquia. Sinceramente somos demasiadas personas, dudo mucho que quepamos todas en el edificio. La iglesia está en tinieblas. Es impresionante, ver entrar ordenadamente a todo mundo, en silencio, con profundo respeto y fervor. Después de algunas palabras, se prenden las luces, la figura de Jesús resucitado parece flotar entre los feligreses. ¡Es Él! ¡El Señor resucitó! ¡Está vivo!
Se celebra la misa con 3 liturgias, lo que para muchos es un evento largo y tedioso. Lo que me encanta es volver a entonar el Gloria y el Aleluya, que dejan de cantarse durante la Cuaresma. Hay que poner atención en las lecturas: el amor de Dios por su pueblo es concentrado en un sólo nombre, que al ser pronunciado, toda rodilla se dobla. Ésta es la fiesta principal, el centro de nuestra fe. Jesús murió. Jesús resucitó. Jesús me ama.
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