Archivos

La misma canción

-¡¡¡Vamos al pollo de colores!!!

A este grito y con la emoción de quien hace un nuevo viaje, nos alistamos las niñas y yo para ir a los jueguitos de colores, con sombra y resbaladillas. Sí, también venden pollo.

Llegamos y que no aceptan tarjetas, puro efectivo. ¡Chicles! y con el hambre apetito que me cargo. Comienzo a ponerme de malas. ¿y las niñas apá? Aquellas criaturas ya se olvidaron que tienen madre. Están trepadas en los juegos y ni adiós dijeron. Y si lo dijeron mis tripas no me dejaron escucharlas.

Hace mucho que estuvimos aquí y en aquella ocasión nos tocó un mago, que presentaba su show al frente y después pasaba mesa por mesa haciendo sus actos. Nos divertimos mucho. Así que hoy venía con la expectativa de quien daría el espectáculo.

Esta vez es un trío de señores que cantan en vivo, acompañados por un teclado y una guitarra. Pero yo, con mi panza vacía, no tengo ánimo para apreciar sus canciones. Mi esposo no llega. Yo tengo hambre. Digo apetito. Mas bien apetote. Creo que me devoraré el paquete familiar y a mi marido le dejaré la ensalada. O un par de papas.

Aquel señor de por allá, se ve buena gente. Me dan ganas de pedirle una pieza de pollo. ¿Qué estoy pensando? ¡Ay no sé! Siento que mis tripas se devoran las unas a las otras como a si mismas. ¿Y si me llaman la atención porque no estoy consumiendo nada? No creo que la paciencia la tengan en el menú.

Después de cierta eternidad llegó mi amado. Ordena y se tardan otro montón en servirnos. La empleada debió ver la furia en mis ojos, pues me trajo unos totopos con salsa, que desaparecieron en un instante. Al fin nos llevan la orden, yo casi me tiro al suelo y hago home run. Silencio en mi mesa, música en restaurante, risas en el área de juegos.

-¿Ya mejor?- Pregunta tímida y cautelosamente mi esposo.

Me conoce muy bien. Sabe que me convierto en un ogro si no he comido. Ahora sí ¿qué cantan los muchachos?. Pues nada, acaban de tomarse un descanso. Y suena la música de un CD. Algo mas o menos así:

I gotta feeling that tonight's gonna be a good night
that tonight's gonna be a good night
that tonight's gonna be a good good night

¡Ah, pero yo la conozco! ¿Porque suena tan diferente? ¡Está tocada a ritmo de Bossa Nova! Mis sentidos atentos (mientras engullo completa la pieza de pollito) a la siguiente rola:

Can't read my,
Can't read my
No he can't read my poker face
(she’s got to love nobody)

-¿qué no es esa la canción de Lady Gaga?- Pregunta mi niña.

¡Oh oh oh! Que sí, que estoy en ambiente. Que rica música. La misma canción tocada en un ritmo diferente. 100% disfrutable. Muy apropiada para la hora de la comida. Y es que, te acostumbras tanto a oír (hacer) las canciones (cosas) de un mismo modo, que terminas perdiendo el asombro.

Me acordé de que había escuchado también a los Beatles con la cadencia de la salsa y a los mismos Beatles con un toque andino. Refrescante.

Las niñas juegan. Nosotros comemos. La música suena. Y mis oídos se llenan de nuevas sensaciones auditivas.

P.D. Acá dejo algunos enlaces de las mismas canciones. Favor de añadir una buena comida, una mejor bebida y una excelente compañía.

Marcela Mangabeira – Poker Face

Sarah Menescal – Don’t Speak

Barbara Mendes – Billy Jean

Sweet Dreams