Con eso de que me faltan días para dar a luz, me dí a la tarea de enumerar aquellas cosas por las que no quiero pasar de nuevo (en el hospital).
Lo que deseo fervientemente evitar:
- Desprendimiento de Membranas. Se me indujo el parto con las 2 niñas, por la calcificación de la placenta. Con la primera me preguntaron y estuve de acuerdo. con la segunda ni agua va me dijeron, sólo me metieron mano. Quisiera tener un parto donde todo transcurra natural, que rompa fuentes y salga el tapón rosa y toda la onda ¿Es mucho pedir?
- Exceso de tactos. Ya sé que es el procedimiento y que es necesario. La primera vez, sólo me practicaron uno y estaba tan dilatada que ni sentí. La segunda vez dejé de contar después del tacto no. 10, ¡oiga! ya déjela mejor adentro ¡Chihuahua! D: Que nomás me faltó que el señor de la limpieza también diera su opinión.
- Maniobra de Kristeller. Sí, esa donde una o dos personas te presionan con el antebrazo la parte alta del abdomen “para ayudar a bajar al niño”. Es agresiva, dolorosa y peligrosa en ciertos casos.
- Episotomía. En ambos partos me la practicaron. El dolor de la cicatrización sinceramente no me deja a veces ni ir al baño, ni sentarme, ni nada. El parto pasa y el sufrimiento acaba. La episotomía tarda, tal vez unos días, pero en el cuerpo se sienten meses. Se supone que lo hacen con el fin de evitar un desgarre, pero si éste fuera el caso, la recuperación es muchísimo más rápida que el de un corte.
- Raquia. Me inyectaron en el 1° parto, era innecesárea. Yo llegué con 7 de dilatación al hospital y dilaté muy rápido, no me dejaban pujar porque estaban esperando a que llegara el anestesiólogo… sólo para cobrar dicho procedimiento. Eso, y el miedo a que me dañaran la espina dorsal y quedar paralítica y, y, y…
- Suero. Posiblemente de este no me salve. En el 1° parto ni eso alcanzaron a ponerme, pero en el 2° me lastimaron mucho la vena, la enfermera me andaba poniendo el tubito enredado con la camilla, me retorcían la aguja, me lo tuvieron que cambiar, me dejaron amoratado el brazo con varios piquetes. ¿Para qué?
- Susto. Ya por acá le conté que no le limpiaron los conductos nasales a MiBeba y que tuvimos que llevarla la noche siguiente de su nacimiento de urgencia al pediatra, que atravesamos la ciudad para que la atendieran y le volvieran a la vida. Todo por aplicar una política del IMSS sin discernir si era el caso o no.
- Malas compañías. No quiero tener la compañía de la vez pasada, una chamaquita que se esforzó en hacerme sentir vieja, irresponsable por embarazarme a los 35 y seca por no dar leche desde el primer momento. Con esas compañías, mejor estar sola. ¡Bah!
- Regaños. No quiero nada ¿eh?. Es prácticamente IMPOSIBLE que no le regañen a uno por todo. En el particular me tocó una enfermera muy regañona, desde “desvístase que se le viene el bebé” pasando por “no respire así ¿qué no sabe respirar? ¡SE VA A CANSAR!” y finalizando con “¿Porqué se hizo en la cama?” ¡LA ACABO DE CAMBIAR!” ¡Qué pésima atención de esta mujer! Con la anestesia esa de la raquia, no sentía las piernas y no controlaba esfínteres. Se me salió la orina sin querer, le avisé a la enfermera, se tardó un buen en llegar, me regañó, me dejó otro rato empapada, luego vino y de muy mal modo cambió las sábanas. Esa misma enfermera, cuando apenas me estaba durmiendo (me alivié en la madrugada y eran como las 8:00 a.m.), llega me despierta y me jalonea, que me meta a bañar. Voy, me levanto de la cama como puedo, no me pone una silla en el baño, yo tambaleándome y ella se limita a pararse en la puerta a verme, sin ayudarme EN NADA. Al terminar me sermonea con que me puse mal la toalla sanitaria. Yo aún creo que se molestó porque mientras estábamos en quirófano mi ginecóloga le llamó varias veces la atención, porque se distraía y no le pasaba el material correcto. ¡Ah! Encima de todo me jaloneó y me puso a Mija en el pecho mientras me llamaba la atención por no colocarla correctamente “¿Pues que usted no sabe amamantar?” Pues no, no sabía, era la primera.
- Inconsciencia. Y ¿qué le cuento del hospital público? No, no, que finura de niñas. Primero: cuando ingresé ni una sola de las enfermeras se acercó para decirme como estaba la onda. MiEsposo tuvo que andar navegando para conseguir una silla de ruedas. Cuando ya me tenían en el cuarto de doctores se la pasaban echando relajo, con la música del mp3 a todo lo que daba, brincando en la cama donde yo estaba, contándose los chismes del día. La niña que me puso el suero, como le comento, andaba medio nerviosa y primero lo enredo en las rejillas de la camilla, le tuve que explicar como lo desenredara y que me lo volviera a colocar. Me tronaron las venas, me lastimaron las manos y el antebrazo. Todo eso es nada, la mmmhqueladez mayor fue que estando yo en trabajo de parto, tendida en la camilla esperando pasar a quirófano, mientras me hacían el cuestionario de rutina… nombre completo, edad, fecha última regla, a que se dedica… salió al tema que atendemos un ciber ¿qué cree que me dice esta niña?:
-¡Ah señora! ¿tiene usted un ciber? Fíjese que tengo una computadora que me está fallando mucho, ya es viejita pero funciona. De repente ya no quiere conectarse a internet y luego el Word no abre y me pierde archivos ¿qué será? ¿tendrá virus? ¿estará muy llena la memoria? ¿le puedo cambiar el disco duro? ¿En que horario atiende? ¿Trabaja los sábados y domingos? ¿Dónde dijo que vivía? ¿Ahí mismo tiene su local? ¿En cuánto me saldría?
-Sí permítame busco una tarjeta de presentación y se la doy, este es el número de MiEsposo para que le llame y le haga un presupuesto, ahora discúlpeme que viene una contracción fuerte y necesito mentarle la madre a alguien.
¿Acaso ahí quedó el asunto? No. Las contracciones cada vez más fuertes, el dolor en aumento, la presión, las ganas de pujar y de gritar, sudoración, palpitación. Y que comienzan 3 de ellas:
-¡Ay que padre estar embarazada! ¿verdad?
-¡Anda sí mensa! Pero tú estás bien joven y ni novio tienes.
-¿Y qué?¿No puedo tener mi bebé así sin novio?
-¡Claro que puedes buey! Con un amigo que te haga el favor.
-¡Pero son bien bonitos los bebés! ¿A poco no señora? ¿Cuántos tiene? ¿Es su primer parto?
-Sí, una, no, ¡puj, puj, puj! *¡ARGHHHH!*
-Ande señora pero también se siente bien feo las contracciones ¿ya la viste como está?
(O sea, estan casi encima de mí las tres fulanas platicando y hablan como si yo no estuviera presente)
-Sí pobrecita buey, ya déjala, mírala que apenas puede.
-Pues sí, son lindos los bebés. Pero más rico hacerlos. Ande señora, yo tenía un amigo… con derechos ¿Si me entiende?
-Sí, si entiendo, no estoy tarada, estoy pujando.
-Bueno, pues ese amigo y yo, cada que teníamos ganas estábamos ¡Y viera que rico lo hacía!
-¡OMFG! ¡A mí qué #”$#%”$&#%& me interesa si se lo hacía rico o no! ¡Estoy pariendo! ¡Llévense a estas jijas de aquí!
Mientras tanto, Gloria Trevi sonaba a todo lo alto en el reproductor de una de ellas y una cumbia en los altavoces del hospital, gritos a lo lejos, risas y barullos del personal. El de la limpieza pasaba, veía, sonreía sarcásticamente, seguía limpiando y yo pujando.
-Lo hacía bien rico- *ella, la enfermera pone los ojos en blanco* -pero al final lo tuve que dejar, porque me cayó gordo. Y porque no quería salir embarazada. ¿A poco no señora? ¿No es bien rico hacer bebés?
Ya no contesté, me limité a mirarla con aquellos ojos de Reagan a punto de expulsar el líquido verde de su boca.




Si me ve en la calle ¿Aún dudaría de mi evidente embarazo? y si no estuviera embarazada ¿No le parecería muy indiscreto-impertinente-molesto preguntarme si lo estoy? A mí sí.
