Archive | enero 7, 2012

Mariposas en el Vientre

 

Hicimos nuestra cartita con destino a París, esperando pronta respuesta. Los días comenzaron a transcurrir rápidamente, el agotador mes de Diciembre no daba mucho tiempo para pensar, ni sacar cuentas. Cuando vine a sentarme en mi sillón favorito, me dí cuenta de la fecha: estaba por terminarse la semana, el mes, el año… y aquella visita de cada mes no hizo  su aparición.

Comencé a preguntarme si sí o si no. Algo dentro de mí, me decía que sí. Un rotundo SÍ. ¿Porqué? Porque el aletear de una mariposita levantaba enormes olas en mi vientre. ¿Cómo es posible? Sí lo es. Posible, probable y probado. Sé que soy una exagerada, pero en cada embarazo he sentido como una revolución se gesta dentro de mí. Inicia precisamente así, un suave aleteo. Un calor que me viene del vientre y va subiendo. Un gozo interno que no tiene razón aparente. Sensible siempre he sido, llorona y enojona. También esto se acentúa en este estado. Hay otro cambio muy visible: mis ojos. Se aclaran y brillan de un modo inusual.

Me siento ansiosa, quiero comer todo el santo día. A causa de esto es que aumenté 20 kg. en cada embarazo. Luego los bajé al cuarto mes de aliviada, pero no por eso debo tirarme a los excesos. Cólicos, secreción, extra sensibilidad  y una serie de intimidades me decían que sí. Con todo y esto, no terminaba de convencerme. Alguna vez he tenido retraso de varios días ¿Qué tal si todo era producto de mi imaginación y enorme deseo de ser madre por tercera ocasión? Mi esposo aseguraba que sí, sí. Sus razones: sus contínuos antojos, una sensación muy especial de la noche  en que hicimos la petición, y sobre todo: “tus caderas se redondean de inmediato. Y el brillo en tu mirada” me dice.

Tampoco quería que fuera una falsa alarma y él, mi marido, fuera a desilusionarse. Digo él, porque si no había nada, yo estaría conforme. “No era su tiempo, lo volveríamos a intentar más adelante”, me repetía para mis adentros, como tratando de lavarme el cerebro. De repente punzadas muy fuertes en la cintura “ya me va a bajar” decía.

El aleteo seguía… el crecimiento en mi vientre… el desbordamiento de mi corazón…

Hace varios meses (yo creo casi el año) que mi esposo llegó de la escuela, con una prueba de embarazo en la mano. “Me la encontré en un teléfono”, me comenta. Mi loca cabecita inventó una historia acerca de esa prueba. Venía en su cajita original, cerrada. Imaginé que alguna chica la había comprado para confirmar sus sospechas y que le habría hablado a su pareja para informarle que estaba a punto de hacerse la prueba, tal vez por su nerviosismo o tal vez porque discutieron, partió dejando en la cabina el instrumento que acabaría con sus dudas. Y ahora estaba en mi poder. ¿Qué pasaría con ellos?

En fin, que hemos andado algo gastados, ya habían pasado 4 días de retraso (sé que no es nada, pero para mí que soy muy regular… pues sí pesan) y recordé el susodicho test. ¡Pues me lo voy a hacer! Que voy, que la agarro, que le leo: Caducidad al Oct 11. No importa, yo me la voy a hacer. Que la abro y que ¡Chicles y Chocolates! ¡Estaba abiertaaaaaa! ¡Ayyyy! Y no sólo eso, estaba usada. Y tenía resultado negativo. ¡Por dios! He guardado una prueba de emabarazo usada USADA por no sé cuantos meses en un cajón de mi clóset ¡YEOWWW!

Pasada la sorpresa, me reí a carcajadas.

Bueno, ¿Y ahora qué? Esperamos un par de días. Actualmente no tengo servicio del IMSS, andamos viendo los trámites para darnos de alta. Las niñas regresaron a la escuela y aproveché para ir a la clínica donde me estuve tratando el anterior embarazo. Yo iba mentalmente preparada para que me hicieran la prueba en sangre. No es que me guste mucho recibir piquetes, pero ya me había hecho a la idea. Planeaba decirle a la laboratorista que me guardase la bandita (Seguramente, atienden a cientos de personas diariamente y me iba a hacer mucho caso ¿no?).

Pues que llego, pago mi consulta, me llama el ginecólogo.

-Hice todo lo que tenía que hacer, seguí sus consejos y aquí estoy. Creo -FIRMEMENTE- que estoy embarazada.Vengo a que me haga los exámenes necesarios.
El Doctor abrió sus enormes ojos. Sonrió levemente.
-¿Fecha de su última menstruación?- Esa fecha que debe quedar grabada en piedra, porque me la estarán preguntando los próximos 8 meses.
-¿Cólicos, ascos, manchaditos de sangre? – Y todo lo demás que preguntan en estos casos.
-Yo creo que sí señora, para saberlo sólo hay de dos: una prueba de sangre, porque la de orina no es muy confiable, y un ultrasonido. Pero por la edad, estará muy pequeño y es probable que no se vea nada. Y, ¿para qué mortificarla con un piquete? Mire mejor esperemos al viernes y la veo en mi consultorio particular.
-Ok- le digo.

Más y más días de espera.

Hoy fue el día. Llegamos al consultorio, mi esposo, mis hijas y yo. Tardo algo en llegar el doctor, porque venía de una operación. El equipo, muy moderno, el edificio de lo más agradable. Me subo a la camilla, me preparo, me unta el gel y voalá. Ahí está. Una pequeñísima, diminuta, minúscula bolsita de líquido… con un apenas perceptible puntito blanco. :)

Ahí estás hijo mío. Como una lentejita. Diminuto en tamaño y gigantesco en amor.

-¿Todo bien doctor?
-Todo en regla. Está bien posicionado, está bien irrigado, la sangre fluye bien, un solo puntito, por lo tanto es un bebé. Muestra signos favorables, todo transcurre en perfectas condiciones. Ahora sí, confirmado: ¡Está usted embarazada! ¡FELICIDADES!

P.D. Mibeba preguntó si así nos iban a dar el bebé. Así de chiquitito. Le digo que no, que hay que esperar a que crezca. ¡Ah bueno! contesta ella. :D