Día 1: Jueves
6:45 a.m. Llevo a mi beba al IMSS para que la doctora la revise. Como no tenía cita tuve que llegar “temprano” para solicitar una. En realidad iba tarde, hay pacientes que están formados desde las 5:30 a.m.
9:30 a.m. Me informa la asistente que hay demasiados pacientes, le explico el motivo de mi visita, dice que hará lo posible por acomodarme el día de hoy.
10:00 a.m. Salimos por un jugo y un par de gorditas, yo no había desayunado aún.
10:20 a.m. Que la asistente me andaba buscando “por todas partes” (estaba sentada frente a ella) para decirme que venga mañana, que hoy ya no alcanzo cita.
Día 2: Viernes
9:45 a.m. Hora exacta de la cita, debí presentarme 15 min. antes para confirmar, no lo hice. No me llaman la atención, en cuánto salga el paciente en turno me pasan.
10:20 a.m. Entramos, le explico, la revisa, teclea algo en la computadora, me da las siguientes instrucciones:
“Vaya a vigencia con estas hojas, solicite que se la sellen, luego pasa a dirección para que le firmen. Se regresa y por la primer puerta a la vuelta pide el pase a pediatría. De aquí se regresa a Laboratorio donde le darán cita para los análisis. Depende de lo que le diga el Pediatra puede ser que vuelva conmigo o que él mismo le dé tratamiento.”
Ok. Sí ‘ta bien. Entendí. Ya voy. Y sin anotar en mi libretita.
10:30 a.m. Diez minutos le tomó a la doctora revisar a mi beba. Me formo en Archivo. Malas caras. Me piden las hojas, las perforan, hacen su búsqueda en el sistema, me sellan (a mí no, a las hojas), me entregan el expediente con el número de mi beba y su nombre. Siguiente parada: La dirección.
10:40 a.m. Una señora pasó caminando velozmente a mi lado y llegó primero que yo con la Directora. ¡Ouch! Arregla su trámite, se va. Le entrego las hojas, las revisa, las saca del broche Baco, las firma, las GRAPA, las vuelve a meter -menos 2- y me regaña:
-Esas hojas son las órdenes de laboratorio ¡No deje que se las archiven, va a perder la cita y luego ya no se las van a querer dar!
Me dice en un tono de voz alto y viéndome por encima de sus anteojos. Ajá, sale ¿y luego? No tengo ganas de discutir. Que tenga usted buenos días, me retiro.
10:50 a.m. La primer puerta a la derecha dice Pediatría. No hay nadie ahí. Acá con la asistente están formadas unas 7 personas.
-¿Aquí se sacan las citas para pediatría?
-Yo creo que sí
-Me queo id a mi casita
-Yo también hija, yo también.
11:20 a.m. La señorita asistente andaba almorzando *Suena de fondo aquella pieza musical en voz de Chayanne que dice más o menos así: ¿Y qué culpa tengo yo? No, no, no, no… Dí ¿qué culpa tengo yo?* Tengo media hora de pie, y no me quejo nomás porque detrás de mí sigue una señora muy muy embarazada, a la cual nadie absolutamente nadie le ha cedido el asiento. Algunas personas están desde las 6 esperando sacar cita en especialidad, así que yo estoy en la gloria. Le doy las hojas, le doy el carnet de citas, me las devuelve de mal modo. Ahora hay unas 10 gentes formadas detrás de la señora muy embarazada.
11:35 a.m. Ya me dieron cita para el miércoles ¡Qué pronto! A laboratorio. A formarse.
-¿Porqué le dan la cita tan pronto? ¿Qué le dijo la doctora? ¿Usted se la pidió tan cerca? ¡No tengo lugar! ¡No tengo! ¿Es urgente? ¿Es ordinario? ¡Hay mucha gente! ¡Se la voy a dar para el lunes! Pero no van a estar los resultados, desde ahorita le digo que no van a estar ¿Qué se piensan esos de especialidades? ¿Qué tengo todo el tiempo del mundo? ¡Tardan 3 días!
Me siento un rato en la silla, meditando si no van a estar los resultados a tiempo ¿Me querrá ver a la niña de todos modos? ¿Y si los saco por fuera? ¡Pero no tengo el dinero! Si para eso era, no venía al IMSS, me hubiera ido directo al pediatra particular. De pronto me fijo en la hoja de cita que me dio: Fulana de tal 42 años ¡Achís! y me regreso…
-Oiga señorita, me dió una cita equivocada, por favor corríjala, fíjese bien en el número de afiliación.
-¿En serio me equivoqué? (No, yo con mis poderes mágicos la cambié, es que me fascina charlar con usted )
-Si vengo el lunes ¿Para cuándo estarán los resultados?
-El miércoles, yo creo el jueves
-¿Usted cree?
-A lo mejor (tal vez, puede ser, quién sabe -Capulina-)
11:50 a.m. Regreso con la asistente de Pediatría. Le explico lo que me dijo la de laboratorio.
-¡Pues entonces dígale a la del Laboratorio que ella le diga para cuándo quiere la cita! ¡Que ella le diga! ¿Yo como voy a saber? ¡Ella es la que debe de decirrrrr!
-Por eso, señorita, ya me dió la cita para el lunes, dice que los resultados están el miércoles a más tardar el jueves.
-¡¡¡Es que yo no le voy a estar cambiando la cita cuando ella quiera, aquí hay mucho trabajo!!!
-Entonces ¿Me la podría cambiar para el viernes?
-¿Sí me permite? ¡Estoy muy ocupada! ¿Qué no ve? (Sí, sí veo, como también ví los más de 20 minutos que estuve esperándola mientras usted almorzaba)
-Señorita:*ella aprieta los puños, se muerde la lengua y continúa* ¿Sería tan amable de cambiarme la cita para el viernes?
-Permítame, tengo mucho trabajo.
Me entrega rayoneada la libretita con la cita modificada, casi me la avienta en la cara, para colmo, el ordenador la sacó del sistema de citas.
-¡Muchas gracias!
No contesta. Esta mentando mentas a la computadora.
Con lo cual nuestro diagrama burocrático queda así:

12:00 p.m. Todo en orden menos mis niveles de líquido biliar, vámonos a casa.
Día 3: Lunes
6:00 a.m. Levantamos a la bebé ¡A la nica!
-Ándale hija haz popó
-¡No, no queo! Hice pipí. Puda pipí.
6:30 a.m. El reloj avanza
-¡Siéntate a hacer, por favor! ¡Necesito esa popó!
-¿Pada que la quiees?
-¡Para que la estudie el doctor!
-¡No, poque la van a tidad al escusado!
6:45 a.m. Ya daba por perdida la cita
-¡Mamá! ¡Ya teminé! ¡Hice popó
-¡Gracias hija!
7:15 a.m. En la fila de laboratorio, donde tengo que entregar las hojas, para que me den unas calcomanías que debo pegar en el frasco.
7:30 a.m. En la fila de las muestras, entregando el mentado frasco.
8:00 a.m. En casa.
P.D. Y todavía no la ha visto el pediatra.